{"id":132982,"date":"2025-10-25T10:22:27","date_gmt":"2025-10-25T16:22:27","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=132982"},"modified":"2025-10-25T10:22:27","modified_gmt":"2025-10-25T16:22:27","slug":"a-50-anos-el-ciclon-oliviauna-noche-de-terror","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=132982","title":{"rendered":"A 50 A\u00d1OS EL CICL\u00d3N OLIVIA:una noche de terror"},"content":{"rendered":"<p>A 50 A\u00d1OS<br \/>\nEL CICL\u00d3N OLIVIA:<br \/>\nuna noche de terror<\/p>\n<p><strong>FRANCISCO CHIQUETE<\/strong><br \/>\nAfuera, las r\u00e1fagas de viento ululaban feroces. Por dentro, las paredes de madera de la casa se sacud\u00edan cada vez con m\u00e1s fuerza. Mi hermano y yo nos quedamos ingenuamente a cuidar, sin saber realmente qu\u00e9 resguard\u00e1bamos. En eso tron\u00f3 la viga, y al voltear hacia arriba, vimos que ya hab\u00edan desaparecido las l\u00e1minas enchapopotadas.<br \/>\n\u00a1V\u00e1monos! Salimos por la puerta de atr\u00e1s, esa por donde mi madre arranc\u00f3 con sus ocho hijas, y mi padre con el radio, \u00fanico electrodom\u00e9stico del menaje familiar. A quince metros, entre lavaderos y callejones estaba la casa de Mario, reci\u00e9n construida, s\u00f3lida y amplia, que generosamente puso a disposici\u00f3n de los vecinos para que la usaran como refugio.<br \/>\nNo fue dif\u00edcil saber en cu\u00e1l de los cuartos estaba mi familia. Nos gui\u00f3 el aparatoso ronquido de mi padre, quien ajeno a las amenazas del Olivia, se acomod\u00f3 en un tabl\u00f3n encalado, guardado ah\u00ed por los alba\u00f1iles, y durmi\u00f3 a pierna suelta. Los chamacos iban y se asomaban curiosos de aquel sonido estruendoso.<br \/>\nLa seguridad daba m\u00e1s \u00e1nimos, pero cada vez que aumentaban las rachas del cicl\u00f3n, las mujeres elevaban el tono de sus plegarias y brincaban sobresaltadas cuando se estrellaban con la ventana, las ramas que el viento arrancaba de los \u00e1rboles cercanos o lejanos.<br \/>\nLos se\u00f1ores hac\u00edan c\u00e1lculos sobre la duraci\u00f3n del fen\u00f3meno. Dos horas, dijo el m\u00e1s acertado. Toda la noche, sentenci\u00f3 alguno. El Olivia rompi\u00f3 todas las predicciones basadas en el conocimiento popular. Al inicio de la tormenta, mi madre respir\u00f3 aliviada ante el retumbar de un trueno. Los ciclones no traen truenos ni rayos, dijo.<br \/>\nPero esta tormenta, que lleg\u00f3 la noche del 24 de octubre de 1975, trajo de todo. Extra\u00f1amente, el viento lleg\u00f3 primero que el agua, y no cedi\u00f3 un \u00e1pice. Por unas dos horas estuvo azotando a las casas, a los \u00e1rboles, parec\u00eda que al mundo entero; y el agua golpeaba con una fuerza que ninguno de los refugiados conoc\u00eda. Las gotas eran como piedras lanzadas contra paredes, puertas y ventanas.<br \/>\nDe pronto se hizo el silencio. Ni agua ni aire. Los adultos empezaron a salir precavidamente para tantear el terreno. Las se\u00f1oras levantaban a sus ni\u00f1os para regresar a las casas, pero hubo alguien que advirti\u00f3 sobre la imprudencia: qui\u00e9n sabe c\u00f3mo habr\u00e1n quedado las casas, y as\u00ed sin luz, no se pueden apreciar los riesgos.<br \/>\nEn espera de la aurora, se dispusieron a gastar la noche con pl\u00e1ticas, con cigarros, con experiencias de huracanes anteriores. Hab\u00edamos sobrevivido, eso era lo importante, pero no era del todo cierto. De pronto empez\u00f3 a llover de nuevo y otra vez los vientos zarandeaban las copas de los \u00e1rboles, y en cuesti\u00f3n de minutos, ten\u00edamos de nuevo encima al monstruo intangible.<br \/>\nA cerrar de vuelta, a trancar puertas y ventanas porque las rachas de viento y las r\u00e1fagas de agua eran poderosas e inclementes. \u00a1Se devolv\u00ed\u00f3 el hijo de la chingada! No pod\u00eda ser. Los ciclones no dan reversa. Debe haber chocado contra la sierra, y con la fuerza que tiene, nos est\u00e1 fregando de nuevo. Esa misma teor\u00eda se generaliz\u00f3 entre los mazatlecos. No pod\u00edamos saber que esa tregua que cre\u00edmos el fin de la tormenta, era el ojo del hurac\u00e1n, es espacio en cuyo derredor circulan los vientos y las aguas. Quiz\u00e1 ning\u00fan otro cicl\u00f3n hab\u00eda pasado tan directamente sobre Mazatl\u00e1n, o ninguno ten\u00eda tal amplitud como para que apreci\u00e1semos las dimensiones del ojo.<br \/>\nDos horas m\u00e1s tarde volvi\u00f3 la calma. Las calles se ve\u00edan s\u00f3rdidas, sin un m\u00ednimo resplandor cercano o lejano. Esta vez s\u00ed se acab\u00f3. El viento y la lluvia s\u00ed, pero faltaba la otra consecuencia. Las aguas chocolatoas del Arroyo de Jabalines se esparcieron por todo el Estero del Infiernillo y se agolparon en el puente Ju\u00e1rez, donde la marea alta imped\u00eda su salida. Entonces lleg\u00f3 la inundaci\u00f3n de la colonia y de todas las colonias por donde cruza el Jabalines y por las que cruzan arroyos pluviales como la L\u00f3pez Mateos, por ejemplo.<br \/>\nSin energ\u00eda el\u00e9ctrica, pocos negocios pod\u00edan funcionar. Los camiones estaban detenidos porque escaseaban la gasolina y el diesel. Las estaciones de servicio s\u00f3lo pod\u00edan operar con bombas manuales en las m\u00e1quinas despachadoras, y eso hac\u00eda que en un medio tanque se gastaran veinte, treinta minutos. Las colas eran irresolubles.<br \/>\nNo hab\u00edamos tenido un hurac\u00e1n m\u00e1s poderoso. Vientos de ciento ochenta kil\u00f3metros por hora y rachas de hasta doscientos treinta. Era de locos. Jam\u00e1s pensamos que llegar\u00edamos a saber de algo m\u00e1s intenso.<br \/>\nLuego vinieron las noticias: ocho muertos; doce muertos; diecis\u00e9is. Se habl\u00f3 hasta de 24, pero al parecer no lleg\u00f3 tan lejos. M\u00e1s de una semana sin servicios de agua potable y de energ\u00eda el\u00e9ctrica, pero sobre todo, la visi\u00f3n extraordinaria de barcos camaroneros montados sobre las calles de Ur\u00edas, a varias cuadras del estero, a donde los hab\u00edan llevado a resguardo.<br \/>\nEl tren que fue detenido para no correr riesgos se descarril\u00f3. El viento los sac\u00f3 de balance y quedaron semivolteados. Entre esos carros hallaron uno o dos cad\u00e1veres, seguramente personas en situaci\u00f3n de calle o vecinos que quisieron refugiarse en las paredes de hierro.<br \/>\nCon las tiendas vac\u00edas, ten\u00eda mucha suerte quien hallaba harina para hacer tortillas, o frijoles para garantizar la comida. La harina de ma\u00edz vol\u00f3 y s\u00f3lo estaban a la venta los frijoles negros, siempre despreciados por consumidores consuetudinarios del azufrado. Ya desde entonces y desde antes de eso, era una tradici\u00f3n hacer compras de p\u00e1nico ante el anuncio de posibles ciclones.<br \/>\nEl Sol del Pac\u00edfico imprimi\u00f3 sus ejemplares en Culiac\u00e1n. El Correo de la Tarde recurri\u00f3 a la tecnolog\u00eda antigua. Lencho y Venancio, tip\u00f3grafos de alto nivel, \u201cpararon\u201d las l\u00edneas letra por letra, mientras Jorge El Chato Osuna, armaba las p\u00e1ginas -ramas, se les llamaba-, las aseguraba y con la ayuda de todos, empujaba la rueda principal de la prensa plana, haciendo girar los tambores y el papel. Don Octavio Lango fue convencido para que usara su qu\u00edmica antediluviana que con menjurjes de huevo, vinagre y grasa, transmitiese las im\u00e1genes de las fotos a l\u00e1minas previamente sensibilizadas. Fue una proeza del anacronismo que el barbitas, tambi\u00e9n conocido como El Grit\u00f3n, y Lao, el vendedor invidente, salieron a vocear a media tarde.<br \/>\nLa recuperaci\u00f3n necesit\u00f3 de largos meses de esfuerzos. Algunos negocios no volvieron a abrir y muchos colonos empezaron a buscar otros sitios d\u00f3nde construir sus casas, pero las colonias inundables siguieron donde mismo. Siempre hay alguien necesitado que pague por irse a vivir en el peligro.<br \/>\nNo ha habido en cincuenta a\u00f1os otro impacto de esas proporciones, pero hoy los huracanes alcanzan niveles mayores de fuerza y peligrosidad. El 29 de septiembre de 1976, el hurac\u00e1n Liza ven\u00eda directo a Mazatl\u00e1n. La b\u00f3veda de nubes negras se hab\u00eda apoderado de nuestro cielo y la elevada presi\u00f3n barom\u00e9trica nos sentenciaba. Las autoridades se preparaban para enfrentar otra vez las consecuencias. De manera repentina e impensada, Liza vari\u00f3 su camino y el primero de octubre dio directo contra la capital sudcaliforniana, donde murieron 416 personas, y veinte mil quedaron sin hogar. Liza todav\u00eda cruz\u00f3 el Golfo de California e impact\u00f3 en Los Mochis.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 50 A\u00d1OS EL CICL\u00d3N OLIVIA: una noche de terror FRANCISCO CHIQUETE Afuera, las r\u00e1fagas de viento ululaban feroces. 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