{"id":140739,"date":"2026-02-14T09:01:08","date_gmt":"2026-02-14T16:01:08","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=140739"},"modified":"2026-02-14T09:01:08","modified_gmt":"2026-02-14T16:01:08","slug":"el-dia-que-el-amor-aprendio-mi-apellido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=140739","title":{"rendered":"EL D\u00cdA QUE EL AMOR APRENDI\u00d3 MI APELLIDO"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil\u00a0<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El amor no se celebra: se hereda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay fechas que uno no marca en el calendario; hay fechas que lo fundan.<\/div>\n<div>El 14 de febrero, en mi casa, no lleg\u00f3 con las vitrinas ni con las campa\u00f1as comerciales: lleg\u00f3 con un acta de matrimonio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mis padres se casaron un 14 de febrero en Costa Rica, Sinaloa, cuando todav\u00eda el pueblo ol\u00eda m\u00e1s a ca\u00f1a, a pan reci\u00e9n horneado, que a perfumes importados, cuando el amor no se med\u00eda por el tama\u00f1o del regalo sino por la paciencia compartida. Desde esa fecha, ese d\u00eda dej\u00f3 de ser una efem\u00e9ride extranjera y se convirti\u00f3 en un aniversario \u00edntimo, dom\u00e9stico, fundacional. El amor entr\u00f3 a la familia con apellido propio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Yo crec\u00ed creyendo que San Valent\u00edn era, antes que nada, el cumplea\u00f1os del compromiso.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Dicen los historiadores que el origen del 14 de febrero se remonta al siglo III, cuando un sacerdote romano llamado Valent\u00edn desafi\u00f3 la orden imperial que prohib\u00eda matrimonios j\u00f3venes, convencido de que el amor merec\u00eda ceremonia. Hay leyenda en ese relato, pero tambi\u00e9n hay verdad simb\u00f3lica: el amor siempre ha sido un acto de resistencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En M\u00e9xico, seg\u00fan datos recientes del INEGI, m\u00e1s del 60% de la poblaci\u00f3n adulta vive en pareja o ha vivido en uni\u00f3n formal; sin embargo, los matrimonios han disminuido en las \u00faltimas d\u00e9cadas, mientras aumentan las uniones libres y los divorcios. Las cifras no condenan ni celebran: solo describen. Pero detr\u00e1s de cada estad\u00edstica hay una historia, y detr\u00e1s de cada historia, una apuesta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mis padres apostaron.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y su apuesta no fue f\u00e1cil. No hubo banquetes suntuosos ni luna de miel ex\u00f3tica. Hubo trabajo, hijos, cuentas pendientes, noches largas y madrugadas tempranas. Hubo desacuerdos y reconciliaciones. Hubo silencios que no eran abandono sino respeto. Hubo ese amor que no grita pero permanece.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mi primer arreglo floral lo regal\u00e9 muchos a\u00f1os despu\u00e9s a la abuela de mis nietas Mar\u00eda Jos\u00e9 y Mariana. Recuerdo el nerviosismo torpe, la sensaci\u00f3n de que un ramo de flores pod\u00eda decir lo que mi voz a\u00fan no sab\u00eda formular. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez escribi\u00f3 alguna vez que \u201cel amor se hace m\u00e1s grande y noble en la calamidad\u201d. Yo no sab\u00eda entonces de calamidades, pero intu\u00eda que el gesto era una promesa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y las promesas, cuando son sinceras, se parecen mucho a la fe.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>A mis hijas nunca les falt\u00f3, cada 14 de febrero, un abrazo y un chocolate. No era protocolo: era ritual. Un recordatorio de que el amor no es una teor\u00eda ni una fecha en el calendario escolar; es un acto repetido. Un gesto que se vuelve memoria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque el amor, si no se practica, se oxida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las tiendas podr\u00e1n llenar escaparates con corazones rojos, y las redes sociales podr\u00e1n convertir el afecto en tendencia. Pero el amor verdadero ocurre en otra parte: en la cocina donde alguien espera, en el mensaje que llega cuando el d\u00eda ha sido dif\u00edcil, en el perd\u00f3n que se concede sin humillar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En Am\u00e9rica Latina, donde las familias suelen ser el centro de la estructura social, el amor tiene una dimensi\u00f3n colectiva. No es solo pareja: es abuelos, nietos, t\u00edos, compadres. Es mesa larga. Es sobremesa que se prolonga hasta que la tarde se vuelve noche.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y sin embargo, vivimos tiempos en los que el amor compite con la prisa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las estad\u00edsticas muestran que pasamos m\u00e1s de seis horas diarias frente a pantallas, pero menos tiempo en conversaci\u00f3n profunda. Sabemos reaccionar con un emoji, pero nos cuesta sostener una mirada. Celebramos con publicaciones p\u00fablicas, pero olvidamos los silencios privados.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>San Valent\u00edn corre el riesgo de convertirse en espect\u00e1culo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso vuelvo a mis padres. A esa boda de febrero que no necesit\u00f3 hashtags. A esa generaci\u00f3n que entend\u00eda que el amor era, ante todo, responsabilidad. Que amar no era solo sentir: era quedarse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Octavio Paz escribi\u00f3 que \u201camar es combatir, si dos se besan el mundo cambia\u201d. Yo a\u00f1adir\u00eda: si dos permanecen, el mundo resiste.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hoy, cuando veo a Mar\u00eda Jos\u00e9 y a Mariana correr entre risas, pienso que el amor no termin\u00f3 en aquella ceremonia del 14 de febrero; se multiplic\u00f3. El abrazo que di a mis hijas viaja ahora, invisible, hacia mis nietas. El ramo que regal\u00e9 alguna vez sigue floreciendo en la memoria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El amor es una cadena de gestos que atraviesa generaciones.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>No niego que el 14 de febrero tenga su lado comercial. Ser\u00eda ingenuo ignorarlo. Pero tampoco lo condeno del todo. Incluso en la mercadotecnia hay una verdad involuntaria: la necesidad humana de celebrar el afecto. El problema no es el chocolate; es olvidar el abrazo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El amor no necesita lujo, pero s\u00ed presencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En un pa\u00eds como el nuestro, donde la violencia ha dejado cicatrices profundas, el amor es tambi\u00e9n un acto pol\u00edtico. Amar es negarse al odio. Amar es educar con ternura. Amar es ense\u00f1ar que la dignidad no se negocia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Quiz\u00e1 por eso este d\u00eda no es menor. No es trivial. Es una pausa para recordar que la historia \u00edntima sostiene a la historia p\u00fablica. Que antes de las grandes decisiones est\u00e1n las peque\u00f1as fidelidades.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Si algo he aprendido es que el amor no se improvisa el 14 de febrero: se construye los otros 364 d\u00edas. Con paciencia. Con humildad. Con esa obstinaci\u00f3n silenciosa que tuvieron mis padres cuando decidieron casarse en un mundo que ya era complejo, aunque no lo supi\u00e9ramos.<\/div>\n<div>Hoy, cuando entrego un abrazo, siento que contin\u00fao una tradici\u00f3n. No de flores ni de dulces, sino de permanencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque el amor \u2014el verdadero\u2014 no es una emoci\u00f3n pasajera: es una disciplina del coraz\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y mientras existan padres que se tomen de la mano un 14 de febrero, hijos que aprendan a regalar flores sin saber todav\u00eda qu\u00e9 es la eternidad, hijas que reciban chocolate como quien recibe una bendici\u00f3n, y nietas que crezcan sabiendo que alguien antes apost\u00f3 por el compromiso\u2026 el amor seguir\u00e1 teniendo futuro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Colof\u00f3n<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Celebrar San Valent\u00edn no es rendirse al mercado: es recordar que hubo un d\u00eda en que alguien dijo \u201cs\u00ed\u201d para siempre. Y ese s\u00ed \u2014si se cuida\u2014 puede atravesar generaciones como una llama que no se apaga.<\/div>\n<div>Nos vemos en la siguiente columna.<\/div>\n<div>.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil\u00a0 El amor no se celebra: se hereda. Hay fechas que uno no marca en el calendario; hay fechas que lo fundan. El 14 de febrero, en mi casa, no lleg\u00f3 con las vitrinas ni con las campa\u00f1as comerciales: lleg\u00f3 con un acta de matrimonio. Mis padres se casaron un 14 de febrero en Costa Rica, Sinaloa, cuando todav\u00eda el pueblo ol\u00eda m\u00e1s a ca\u00f1a, a pan reci\u00e9n horneado, que a perfumes importados, cuando el amor no se med\u00eda por el tama\u00f1o del regalo sino por la paciencia compartida. 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