{"id":141054,"date":"2026-02-18T12:09:18","date_gmt":"2026-02-18T19:09:18","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=141054"},"modified":"2026-02-18T12:09:18","modified_gmt":"2026-02-18T19:09:18","slug":"amistad-y-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=141054","title":{"rendered":"AMISTAD Y PODER"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA\u00a0<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil\u00a0<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El poder no rompe las amistades, las desnuda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cuando Julio Scherer Ibarra y Jorge Fern\u00e1ndez Mel\u00e9ndez decidieron escribir Ni venganza ni perd\u00f3n, no estaban redactando \u00fanicamente un testimonio personal: estaban colocando sobre la mesa una radiograf\u00eda \u00edntima del poder mexicano. Y el poder, en M\u00e9xico, siempre ha sido una casa con demasiados espejos y pocas ventanas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El libro \u2014publicado por Editorial Planeta\u2014 narra una amistad que atraves\u00f3 el sexenio m\u00e1s polarizado de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Pero en el fondo no es solo una cr\u00f3nica de cercan\u00eda y ruptura: es la historia de c\u00f3mo el poder transforma las lealtades, c\u00f3mo el discurso p\u00fablico devora lo privado y c\u00f3mo la pol\u00edtica mexicana sigue siendo una maquinaria donde el afecto es sospechoso y la confianza un lujo imprudente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>M\u00e9xico ha vivido en los \u00faltimos a\u00f1os una concentraci\u00f3n in\u00e9dita de poder pol\u00edtico. M\u00e1s del 60% del presupuesto federal se canaliza a programas sociales y megaproyectos estrat\u00e9gicos; la narrativa presidencial domin\u00f3 durante a\u00f1os la agenda medi\u00e1tica diaria; y las instituciones aut\u00f3nomas fueron sometidas a un escrutinio constante que, en algunos casos, se convirti\u00f3 en desmantelamiento. En ese escenario, la amistad entre un operador del poder y un periodista no pod\u00eda salir ilesa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque el poder no tolera zonas grises. O se est\u00e1 dentro o se est\u00e1 fuera. O se aplaude o se traiciona. Esa l\u00f3gica binaria \u2014tan eficaz para movilizar masas\u2014 es devastadora para las relaciones humanas. En ella no cabe la duda ni el matiz. Y sin matiz, la amistad se vuelve reh\u00e9n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La obra exhibe algo que en M\u00e9xico pocas veces se reconoce: el poder tambi\u00e9n es profundamente personal. No es una abstracci\u00f3n. Tiene nombres, rostros, rencores y silencios. Y cuando esos nombres coinciden con los de amigos, la pol\u00edtica deja de ser un tablero estrat\u00e9gico y se convierte en un campo minado emocional.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Durante d\u00e9cadas, el sistema pol\u00edtico mexicano funcion\u00f3 bajo reglas no escritas: disciplina, discreci\u00f3n y complicidad. El viejo r\u00e9gimen priista sobreviv\u00eda gracias a un pacto t\u00e1cito de lealtades. El nuevo r\u00e9gimen, aunque se presenta como ruptura moral, tambi\u00e9n ha generado su propio c\u00f3digo: fidelidad absoluta al proyecto. Cambian los discursos; persiste la l\u00f3gica tribal.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En ese contexto, Ni venganza ni perd\u00f3n revela algo m\u00e1s inquietante: el poder actual no solo exige lealtad pol\u00edtica, sino lealtad narrativa. Se castiga la disidencia medi\u00e1tica, se descalifica la cr\u00edtica como traici\u00f3n, se polariza el debate p\u00fablico hasta convertirlo en una arena de linchamientos digitales. M\u00e9xico registra, seg\u00fan datos de organizaciones internacionales, uno de los \u00edndices m\u00e1s altos de agresiones contra periodistas en el continente. No es un dato menor. Es el s\u00edntoma de una democracia que a\u00fan no aprende a convivir con la cr\u00edtica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero el libro no es \u00fanicamente un ajuste de cuentas ni una defensa personal. Es un espejo inc\u00f3modo. Nos obliga a preguntarnos si en M\u00e9xico sabemos distinguir entre amistad y complicidad. Entre cr\u00edtica y deslealtad. Entre justicia y revancha.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El t\u00edtulo es revelador: ni venganza ni perd\u00f3n. Es una f\u00f3rmula que parece aspirar a la neutralidad moral. Sin embargo, la historia mexicana demuestra que rara vez hemos logrado esa ecuaci\u00f3n. Oscilamos entre el olvido complaciente y el ajuste de cuentas feroz. No hemos construido una cultura institucional que procese conflictos sin convertirlos en guerras personales.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el fondo, la pregunta es m\u00e1s amplia: \u00bfpuede sobrevivir la amistad cuando uno de sus miembros se sienta al filo del poder? La respuesta no es sencilla. El poder modifica el tiempo, altera las prioridades y multiplica las sospechas. Quien gobierna vive rodeado de intereses; quien observa desde fuera vive rodeado de dudas. Entre ambos crece una distancia que no siempre es ideol\u00f3gica, sino estructural.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y ah\u00ed radica la lecci\u00f3n nacional.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>M\u00e9xico necesita reconstruir algo m\u00e1s que amistades rotas: necesita reconstruir la confianza p\u00fablica. La confianza en que la cr\u00edtica no ser\u00e1 castigada. En que el ejercicio del poder no implicar\u00e1 aislamiento moral. En que la pol\u00edtica no exigir\u00e1 renunciar a la conciencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El pa\u00eds atraviesa una etapa de redefinici\u00f3n institucional. En 2026, con reformas judiciales en marcha, con tensiones comerciales internacionales y con una econom\u00eda que crece por debajo del 3% anual promedio en la \u00faltima d\u00e9cada, la estabilidad no depender\u00e1 solo de indicadores macroecon\u00f3micos, sino de la calidad \u00e9tica del ejercicio del poder. Sin \u00e9tica, el crecimiento es fr\u00e1gil. Sin pluralismo, la estabilidad es ilusoria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La amistad que narra este libro es apenas una met\u00e1fora. Lo verdaderamente importante es el modelo de relaci\u00f3n entre poder y sociedad que estamos construyendo. Si convertimos toda cr\u00edtica en traici\u00f3n, terminaremos gobernados por el miedo. Si confundimos lealtad con silencio, debilitaremos la democracia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El poder deber\u00eda ser un servicio temporal, no una identidad permanente. Deber\u00eda admitir la discrepancia como signo de salud y no como s\u00edntoma de conspiraci\u00f3n. Deber\u00eda permitir que las amistades sobrevivan a las diferencias, porque una democracia madura es aquella donde el disenso no rompe los v\u00ednculos humanos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tal vez esa sea la verdadera ense\u00f1anza detr\u00e1s de esta historia: el poder pasa, las relaciones quedan. O deber\u00edan quedar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero para que queden, necesitamos instituciones m\u00e1s fuertes que los afectos personales y m\u00e1s estables que las emociones del momento. Necesitamos reglas claras, contrapesos efectivos y una cultura pol\u00edtica que entienda que la cr\u00edtica no es odio, sino ox\u00edgeno.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>M\u00e9xico no puede seguir administrando sus conflictos como dramas personales. Debe procesarlos como asuntos p\u00fablicos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque cuando la amistad se convierte en campo de batalla, es que el poder ha dejado de ser instrumento y se ha vuelto obsesi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Colof\u00f3n<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El poder no pide sangre, pero siempre cobra algo: si no son principios, son amigos. Y un pa\u00eds que sacrifica la amistad en el altar de la lealtad ciega termina gobernado por el silencio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El periodismo necesita distancia.<\/div>\n<div>La pol\u00edtica necesita responsabilidad.<\/div>\n<div>Cuando ambos mundos se cruzan, nace la fricci\u00f3n\u2026 y tambi\u00e9n la historia.<\/div>\n<div>Nos vemos en la siguiente columna.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA\u00a0 Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil\u00a0 El poder no rompe las amistades, las desnuda. Cuando Julio Scherer Ibarra y Jorge Fern\u00e1ndez Mel\u00e9ndez decidieron escribir Ni venganza ni perd\u00f3n, no estaban redactando \u00fanicamente un testimonio personal: estaban colocando sobre la mesa una radiograf\u00eda \u00edntima del poder mexicano. Y el poder, en M\u00e9xico, siempre ha sido una casa con demasiados espejos y pocas ventanas. 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