{"id":143788,"date":"2026-03-30T09:36:51","date_gmt":"2026-03-30T16:36:51","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=143788"},"modified":"2026-03-30T09:36:51","modified_gmt":"2026-03-30T16:36:51","slug":"la-guerra-que-nadie-gana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=143788","title":{"rendered":"LA GUERRA QUE NADIE GANA"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cuando el enemigo no est\u00e1 enfrente\u2026 sino dentro del hombre<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>JES\u00daS OCTAVIO MIL\u00c1N GIL<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La guerra no es una victoria: es la forma m\u00e1s costosa de demostrar que el hombre no supo pensar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No llega como rel\u00e1mpago, sino como una lluvia persistente que termina por calar hasta los huesos de la conciencia. Y cuando uno mira la historia sin los adornos de la \u00e9pica, descubre una verdad inc\u00f3moda: no hay una sola guerra que haya terminado con un triunfo absoluto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ni Roma, que crey\u00f3 eterna su espada, logr\u00f3 imponerse al tiempo. Ni los imperios que se proclamaron invencibles pudieron sostener su dominio m\u00e1s all\u00e1 de unas cuantas generaciones. Si la fuerza hiciera el derecho, todav\u00eda marchar\u00edan legiones sobre el mundo. Pero no: hoy Roma es ruina, museo, advertencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque la guerra, en su esencia m\u00e1s cruda, no es una confrontaci\u00f3n entre naciones, sino un fracaso del pensamiento.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hoy, mientras las sirenas antia\u00e9reas vuelven a sonar en ciudades como Kyiv o Gaza, y los hospitales aprenden a funcionar bajo la l\u00f3gica de la emergencia permanente, la humanidad insiste en repetir su error m\u00e1s antiguo: convertir al otro en enemigo para justificar su incapacidad de comprenderlo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se nos ha ense\u00f1ado \u2014con la insistencia de los viejos dogmas\u2014 que el conflicto es inevitable, que la defensa es necesaria, que la amenaza es lenguaje leg\u00edtimo. Pero basta detenerse un instante, mirar el mapa sin las fronteras dibujadas por la pol\u00edtica, para descubrir la mentira:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El hombre com\u00fan no odia al hombre com\u00fan; le ense\u00f1an a hacerlo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No hay odio natural entre ellos. Hay, en cambio, narrativas construidas, intereses inflados, ideolog\u00edas nebulosas que se visten de destino para justificar lo injustificable.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Seg\u00fan estimaciones hist\u00f3ricas ampliamente documentadas, m\u00e1s de 100 millones de personas murieron en guerras durante el siglo XX, de acuerdo con estimaciones hist\u00f3ricas ampliamente aceptadas por organismos multilaterales, el mismo siglo que presumi\u00f3 los mayores avances cient\u00edficos de la historia. Esa contradicci\u00f3n \u2014progreso t\u00e9cnico y atraso moral\u2014 es la herida m\u00e1s profunda de nuestra especie.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y lejos de corregirse, la tendencia persiste: el gasto militar global super\u00f3 los 2.4 billones de d\u00f3lares en 2024, de acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), seg\u00fan datos de organismos internacionales de seguridad y defensa. Nunca hab\u00edamos invertido tanto en prepararnos para destruirnos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La paz, en cambio, sigue siendo el proyecto menos financiado de la humanidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque mientras el hombre aprend\u00eda a dividir el \u00e1tomo, olvidaba c\u00f3mo gobernarse a s\u00ed mismo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y ah\u00ed radica el verdadero problema: no en las armas, sino en quien las sostiene. Las bombas no odian. Los misiles no deciden. La destrucci\u00f3n no es aut\u00f3noma: obedece. Y cuando obedece, revela que el conflicto no es tecnol\u00f3gico, sino humano.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hoy, adem\u00e1s, la guerra ha dejado de ser exclusivamente f\u00edsica. Se libra tambi\u00e9n en c\u00f3digos invisibles, en algoritmos capaces de identificar objetivos en milisegundos, en sistemas de inteligencia artificial dise\u00f1ados para anticipar y ejecutar decisiones letales. La velocidad de la tecnolog\u00eda ha superado, una vez m\u00e1s, la madurez de la conciencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es como si la inteligencia hubiera corrido m\u00e1s r\u00e1pido que la \u00e9tica, dejando al mundo en manos de un poder que a\u00fan no entiende para qu\u00e9 existe.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En alguna parte del mundo, mientras dos gobiernos intercambian amenazas, un ni\u00f1o aprende a distinguir el sonido de los drones no por curiosidad, sino por supervivencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ese ni\u00f1o no sabe de geopol\u00edtica. No entiende de soberan\u00eda, ni de tratados, ni de intereses estrat\u00e9gicos. Solo sabe que el cielo puede caerle encima.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y esa es, quiz\u00e1, la definici\u00f3n m\u00e1s honesta de la guerra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se habla de seguridad nacional como si fuera un escudo moral. Se invoca la soberan\u00eda como si justificara la amenaza. Pero toda guerra, en el fondo, se parece demasiado a las excusas de un ladr\u00f3n que argumenta necesidad o de un asesino que invoca razones.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cambian los discursos. No la esencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La guerra no es un acto de poder: es una confesi\u00f3n de incapacidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y, sin embargo, hay una verdad m\u00e1s luminosa que insiste en sobrevivir entre los escombros: no existe un solo problema internacional que no pueda resolverse por la v\u00eda de la raz\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No se trata de ingenuidad, sino de evidencia hist\u00f3rica. Las guerras no resuelven conflictos: los posponen, los transforman o los multiplican. Los tratados, las negociaciones, los acuerdos \u2014imperfectos, fr\u00e1giles, humanos\u2014 han evitado m\u00e1s tragedias de las que la p\u00f3lvora ha logrado imponer.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero la raz\u00f3n exige algo que la guerra no tolera: tiempo, escucha, inteligencia emocional. Exige renunciar al impulso inmediato de imponer y aceptar la complejidad de convivir.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y eso, para una humanidad educada en la prisa y en la dominaci\u00f3n, sigue siendo una tarea pendiente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mientras tanto, seguimos jugando con ideolog\u00edas como si fueran artefactos inofensivos, invocando \u201cismos\u201d que recorren el mundo como fantasmas: nacionalismos, extremismos, dogmas reciclados que prometen identidad y terminan sembrando divisi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y en ese juego, lo que est\u00e1 en riesgo ya no es una frontera, ni un sistema pol\u00edtico, ni una hegemon\u00eda econ\u00f3mica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es la continuidad misma de la especie.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nunca antes el hombre hab\u00eda tenido en sus manos la posibilidad real de su propia extinci\u00f3n. La disuasi\u00f3n nuclear, lejos de desaparecer, sigue latente en un mundo donde varias potencias mantienen arsenales capaces de destruir el planeta varias veces. Nunca antes la historia hab\u00eda dependido tanto de la lucidez \u2014o la imprudencia\u2014 de quienes deciden.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Estamos, como nunca, en una carrera silenciosa entre la racionalidad y la aniquilaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y no hay garant\u00eda de que la raz\u00f3n vaya ganando.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En pa\u00edses como M\u00e9xico, donde la violencia ha dejado de ser excepci\u00f3n para convertirse en paisaje, esa l\u00f3gica de confrontaci\u00f3n se ha normalizado hasta en la vida cotidiana. La guerra ya no siempre se declara: a veces se administra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y eso la vuelve a\u00fan m\u00e1s peligrosa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso la verdadera lucha del hombre no est\u00e1 en los campos de batalla, sino en los territorios invisibles de su propia naturaleza. No es contra el otro: es contra el miedo, contra la ignorancia, contra esa pulsi\u00f3n antigua que convierte la diferencia en amenaza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El hombre no fue hecho para destruirse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Fue hecho para comprender, para crear, para expandirse m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites. Su verdadera conquista no est\u00e1 en someter a otros hombres, sino en vencer aquello que lo mantiene anclado a la barbarie.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque al final, toda guerra revela una pobreza: la incapacidad de imaginar soluciones m\u00e1s altas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y toda paz verdadera exige una riqueza: la valent\u00eda de pensar distinto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Quiz\u00e1 por eso la gran pregunta de nuestro tiempo no es qui\u00e9n ganar\u00e1 la pr\u00f3xima guerra, sino si seremos capaces de evitarla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque perder\u00edamos todos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En este nuevo siglo, la guerra ya no siempre se declara: se administra. Se disfraza de arancel, de bloqueo, de sanci\u00f3n estrat\u00e9gica. Las tensiones entre Estados Unidos e Ir\u00e1n escalan en un tablero donde cada movimiento mide fuerzas sin declararlas del todo; la presi\u00f3n sobre Venezuela se traduce en maniobras pol\u00edticas y econ\u00f3micas que redefinen el equilibrio regional; Cuba sobrevive bajo un cerco energ\u00e9tico que convierte la electricidad en privilegio; mientras M\u00e9xico y China experimentan fricciones comerciales que revelan que el comercio tambi\u00e9n puede ser campo de batalla. Incluso entre socios, como M\u00e9xico y Estados Unidos, los aranceles, la migraci\u00f3n y la seguridad se negocian bajo la l\u00f3gica de la presi\u00f3n. Ya no se necesitan trincheras cuando el comercio, la energ\u00eda y la diplomacia se convierten en armas. El conflicto ha mutado: ahora tambi\u00e9n se libra en aduanas, mercados y rutas mar\u00edtimas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y sin embargo, en medio de este ruido global, llega un tiempo que invita al silencio. La Semana Santa \u2014m\u00e1s all\u00e1 de credos\u2014 representa una pausa en la conciencia, una tregua simb\u00f3lica que la humanidad rara vez se concede. Tal vez ah\u00ed, en ese intervalo breve donde el mundo desacelera, exista una oportunidad: la de preguntarnos si el sacrificio que recordamos cada a\u00f1o tiene alg\u00fan eco en nuestras decisiones colectivas. Porque si hay un momento para detener la inercia del conflicto, es este. Un momento para reconocer que ninguna victoria vale lo que cuesta una vida, que ning\u00fan dogma justifica la destrucci\u00f3n, y que tal vez \u2014solo tal vez\u2014 la paz no es un ideal ingenuo, sino la \u00fanica forma inteligente de sobrevivir.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>COLOF\u00d3N<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La guerra es, en \u00faltima instancia, una renuncia: la renuncia a pensar mejor.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El d\u00eda que el hombre entienda que su enemigo no es otro hombre, sino su propia incapacidad de razonar, ese d\u00eda terminar\u00e1n las guerras.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y si no lo entiende \u2014si sigue confundiendo poder con destrucci\u00f3n y estrategia con imposici\u00f3n\u2014 la historia no lo absolver\u00e1:<\/div>\n<div>simplemente continuar\u00e1\u2026 sin nosotros.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y el silencio ser\u00e1 la \u00fanica victoria que la guerra haya conseguido.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nos leemos en la siguiente columna.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA Cuando el enemigo no est\u00e1 enfrente\u2026 sino dentro del hombre JES\u00daS OCTAVIO MIL\u00c1N GIL La guerra no es una victoria: es la forma m\u00e1s costosa de demostrar que el hombre no supo pensar. 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