{"id":152460,"date":"2026-09-07T09:17:54","date_gmt":"2026-09-07T16:17:54","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=152460"},"modified":"2026-09-07T09:17:54","modified_gmt":"2026-09-07T16:17:54","slug":"el-dia-en-que-culiacan-decidio-caminar-por-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=152460","title":{"rendered":"EL D\u00cdA EN QUE CULIAC\u00c1N DECIDI\u00d3 CAMINAR POR LA PAZ"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay ciudades que caminan para celebrar una victoria. Otras caminan detr\u00e1s de una procesi\u00f3n, de una bandera, de un equipo de futbol o de una causa pol\u00edtica. Culiac\u00e1n caminar\u00e1 por algo mucho m\u00e1s elemental: caminar\u00e1 para pedir paz.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y quiz\u00e1 pocas im\u00e1genes expliquen mejor la dimensi\u00f3n de nuestra tragedia que esa: miles de personas vestidas de blanco recorriendo las calles de una ciudad mexicana para reclamar algo que ninguna sociedad deber\u00eda tener que mendigar: poder salir de casa, abrir un negocio, mandar a los hijos a la escuela, conducir por una carretera, regresar por la noche, vivir sin preguntarse, antes de cerrar la puerta, qu\u00e9 estar\u00e1 ocurriendo afuera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El pr\u00f3ximo 9 de septiembre se cumplen dos a\u00f1os desde que Culiac\u00e1n entr\u00f3 en uno de los periodos m\u00e1s dolorosos de su historia reciente. Dos a\u00f1os. Dicho as\u00ed parece solamente una medida del calendario: veinticuatro meses, m\u00e1s de setecientos d\u00edas. Pero el miedo no se mide con calendarios.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se mide con negocios que cerraron temprano, clases suspendidas, calles que quedaron vac\u00edas antes de anochecer, familias que aprendieron a consultar el tel\u00e9fono antes de salir de casa, restaurantes que perdieron clientes, comerciantes que bajaron las cortinas y madres esperando que sus hijos contestaran un mensaje. Se mide tambi\u00e9n con ciudadanos que incorporaron al lenguaje cotidiano palabras que jam\u00e1s debieron convertirse en parte de la rutina: retenes, balaceras, desaparecidos, bloqueos, enfrentamientos, muertos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La tragedia verdadera comienza cuando esas palabras dejan de sorprendernos. Porque una sociedad no solamente pierde la paz cuando comienzan los disparos. Tambi\u00e9n la pierde cuando empieza a acostumbrarse a ellos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 4 de septiembre, la Di\u00f3cesis de Culiac\u00e1n emiti\u00f3 una convocatoria para realizar una marcha pac\u00edfica. La jornada comenzar\u00e1 la ma\u00f1ana del domingo 13 de septiembre al pie de La Lomita y avanzar\u00e1 hasta la Catedral. La gente ir\u00e1 vestida de blanco. Pero conviene entender lo que significa ese blanco: no deber\u00eda ser el color de la resignaci\u00f3n, sino el de una sociedad que todav\u00eda se niega a aceptar que la violencia sea su destino.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y aqu\u00ed comienza la parte inc\u00f3moda de esta historia. Porque la paz no puede reducirse a una marcha, ni a una misa, ni a una fotograf\u00eda a\u00e9rea de miles de personas caminando por una avenida. Tampoco a discursos, desplegados o siquiera a oraciones, por profundas y leg\u00edtimas que sean. Una marcha puede despertar una conciencia. Pero despu\u00e9s alguien tiene que gobernar, investigar, detener a quienes delinquen, encontrar a los desaparecidos, proteger a los comerciantes, garantizar que los ni\u00f1os lleguen a la escuela y reconstruir la confianza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y ese alguien se llama Estado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La paz comienza en la familia y se fortalece en la comunidad, pero la seguridad p\u00fablica no puede privatizarse moralmente transfiri\u00e9ndole al ciudadano la responsabilidad que corresponde a las instituciones. No basta pedirle a la sociedad que sea buena. El Estado tiene que ser eficaz.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ah\u00ed se encuentra una de las grandes confusiones del debate mexicano sobre la violencia. Durante a\u00f1os hemos hablado de paz como si fuera simplemente lo contrario de la guerra. No lo es. La paz verdadera requiere instituciones capaces de hacer cumplir la ley, polic\u00edas profesionales, fiscal\u00edas que investiguen, tribunales que funcionen, prevenci\u00f3n social, escuelas que permanezcan abiertas, oportunidades para los j\u00f3venes y comunidades que recuperen los espacios que el miedo les arrebat\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La paz necesita justicia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque una paz sin justicia puede terminar siendo solamente silencio. Y los cementerios tambi\u00e9n son silenciosos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Culiac\u00e1n sabe algo de esto. Esta ciudad ya conoci\u00f3 aquel 17 de octubre de 2019 que termin\u00f3 registrado en la memoria nacional como el Culiacanazo. Conoci\u00f3 despu\u00e9s otros episodios. Pero lo ocurrido desde septiembre de 2024 pertenece a otra dimensi\u00f3n. Ya no se trat\u00f3 solamente de una jornada extraordinaria capaz de paralizar durante algunas horas a una ciudad. La violencia comenz\u00f3 a instalarse en el calendario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y cuando la violencia consigue instalarse en el calendario, cambia la psicolog\u00eda de una sociedad. La gente aprende rutas, horarios, precauciones y silencios. Se desarrolla una especie de cartograf\u00eda invisible del miedo: por aqu\u00ed s\u00ed; por all\u00e1 no; a esta hora, quiz\u00e1; de noche, mejor no. La violencia termina modificando la geograf\u00eda sin mover una sola monta\u00f1a.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero ser\u00eda un error pensar que \u00e9sta es solamente una historia sinaloense.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Culiac\u00e1n es el espejo. M\u00e9xico es la habitaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Durante d\u00e9cadas, distintas regiones del pa\u00eds han aprendido esa misma gram\u00e1tica: Ciudad Ju\u00e1rez, Tijuana, Acapulco, Celaya, Zacatecas, Reynosa, Uruapan y tantas comunidades cuyos nombres aparecen durante unas horas en los noticieros y despu\u00e9s desaparecen bajo la siguiente tragedia. Cambian los territorios, los grupos criminales, los gobernadores y los presidentes. Pero permanece una pregunta que M\u00e9xico no ha conseguido responder: \u00bfc\u00f3mo se recupera un territorio cuando el miedo se vuelve parte de la vida cotidiana?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No existe una respuesta sencilla. Pero s\u00ed sabemos c\u00f3mo no se recupera. No se recupera negando, maquillando cifras, convirtiendo cada cr\u00edtica en un ataque pol\u00edtico, utilizando la tragedia para golpear al adversario o prometiendo que todo est\u00e1 bajo control cuando la experiencia cotidiana de la poblaci\u00f3n dice otra cosa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La primera condici\u00f3n para reconstruir la paz es reconocer la realidad. La segunda es medirla. La tercera es intervenirla. Y la cuarta, quiz\u00e1 la m\u00e1s dif\u00edcil, es sostener durante a\u00f1os el esfuerzo. Porque destruir el tejido social puede tomar meses. Reconstruirlo puede tomar una generaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso la marcha de Culiac\u00e1n deber\u00eda importarle al pa\u00eds. No porque una multitud vestida de blanco vaya a derrotar al crimen organizado caminando desde La Lomita hasta Catedral. Ser\u00eda ingenuo pensarlo. Importa porque una sociedad que sale nuevamente a ocupar sus calles est\u00e1 realizando un acto elemental de ciudadan\u00eda: est\u00e1 diciendo que la ciudad todav\u00eda le pertenece.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las calles pertenecen a quienes llevan a sus hijos a la escuela, abren una papeler\u00eda, venden tacos, conducen un autob\u00fas, atienden un hospital, ense\u00f1an qu\u00edmica, matem\u00e1ticas o literatura, barren una banqueta, se enamoran, envejecen o simplemente quieren vivir. Una ciudad comienza a perderse cuando sus habitantes sienten que tienen que pedir un permiso invisible para habitarla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso caminar importa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero caminar no basta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s del domingo vendr\u00e1 el lunes. Y \u00e9sa ser\u00e1 la verdadera prueba. Porque el lunes habr\u00e1 que volver a abrir los comercios, regresar a las escuelas, abordar el transporte, ocupar las oficinas y recorrer las colonias. Y entonces tendremos que hacernos la pregunta que ninguna fotograf\u00eda multitudinaria puede responder: \u00bfqu\u00e9 cambi\u00f3?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ah\u00ed deber\u00eda comenzar una agenda seria para Culiac\u00e1n y para M\u00e9xico. Una pol\u00edtica de paz tendr\u00eda que mirar mucho m\u00e1s all\u00e1 de los operativos. Necesitamos polic\u00edas locales profesionalizadas y protegidas de la infiltraci\u00f3n criminal; fiscal\u00edas capaces de investigar homicidios y desapariciones; inteligencia financiera para seguir el dinero; recuperaci\u00f3n de espacios p\u00fablicos; protecci\u00f3n efectiva a comerciantes y empresarios; atenci\u00f3n psicol\u00f3gica a v\u00edctimas y familias; programas educativos y culturales en las zonas m\u00e1s vulnerables; oportunidades reales para los j\u00f3venes; coordinaci\u00f3n entre municipios, estados y Federaci\u00f3n, y mecanismos p\u00fablicos que permitan evaluar resultados.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero necesitamos algo todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil: recuperar la confianza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La confianza es una infraestructura invisible. No aparece en los presupuestos, no se inaugura, no lleva placa ni se corta con un list\u00f3n. Pero sin ella ninguna sociedad funciona. Es confiar en que la polic\u00eda acudir\u00e1, que denunciar no empeorar\u00e1 las cosas, que un juez aplicar\u00e1 la ley, que el gobierno dir\u00e1 la verdad, que el vecino no est\u00e1 solo y que nuestros hijos podr\u00e1n construir aqu\u00ed su futuro. Cuando esa infraestructura se derrumba, reconstruir carreteras resulta m\u00e1s sencillo que reconstruir una comunidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las sociedades tambi\u00e9n se cansan. Se cansan de tener miedo, de escuchar explicaciones, de contar muertos, de esperar. Pero tambi\u00e9n he aprendido algo durante d\u00e9cadas frente a un sal\u00f3n de clases: ninguna generaci\u00f3n est\u00e1 condenada a repetir exactamente los errores de la anterior. La violencia se aprende, pero la convivencia tambi\u00e9n. El miedo se contagia, pero la esperanza tambi\u00e9n. La indiferencia se reproduce, pero la solidaridad tambi\u00e9n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Quiz\u00e1 por eso quiero mirar la marcha del pr\u00f3ximo domingo no como el final de algo, sino como el principio de una pregunta. Cuando miles de personas comiencen a bajar desde La Lomita vestidas de blanco, cada una llevar\u00e1 consigo una historia que los dem\u00e1s desconocemos. Tal vez alguien camine por un hijo; alguien por un hermano; alguien por un amigo que ya no regres\u00f3; alguien por un negocio perdido; alguien por los alumnos que dejaron de asistir a clases. Alguien simplemente caminar\u00e1 porque est\u00e1 cansado de tener miedo. Y habr\u00e1 tambi\u00e9n quienes caminen porque todav\u00eda creen.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Eso importa. Porque las ciudades no mueren solamente cuando destruyen sus edificios. Mueren cuando sus habitantes dejan de imaginar un futuro dentro de ellas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Culiac\u00e1n todav\u00eda imagina. Por eso caminar\u00e1.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero cuando termine la marcha y las playeras blancas regresen a los armarios, comenzar\u00e1 la responsabilidad m\u00e1s grande: la de los gobiernos, las instituciones, las familias, las escuelas, los empresarios, las iglesias, los medios y nosotros mismos. No para sustituir al Estado, sino para exigirle que cumpla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, Culiac\u00e1n no necesita aprender a convivir con la violencia. Necesita recuperar el derecho a sorprenderse ante ella, a indignarse, a denunciarla, a combatirla dentro de la ley y a negarse a considerarla normal.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El domingo 13 de septiembre, una ciudad caminar\u00e1 vestida de blanco. M\u00e9xico deber\u00eda mirar con atenci\u00f3n. Porque quiz\u00e1 esas personas no est\u00e9n caminando solamente por Culiac\u00e1n. Quiz\u00e1 est\u00e9n formulando, con sus propios pasos, una pregunta que tarde o temprano tendr\u00e1 que responder todo el pa\u00eds:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfCu\u00e1nto miedo estamos dispuestos a normalizar antes de decidir que ya fue suficiente?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y cuando la \u00faltima persona llegue a Catedral, cuando termine la marcha y las calles vuelvan poco a poco a su ruido cotidiano, quedar\u00e1 pendiente la respuesta. Porque la paz no consiste solamente en dejar de escuchar disparos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La paz llegar\u00e1 de verdad el d\u00eda en que un ni\u00f1o pueda salir de su casa sin saber siquiera que alguna vez tuvimos que organizar una marcha para pedirla.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil Hay ciudades que caminan para celebrar una victoria. Otras caminan detr\u00e1s de una procesi\u00f3n, de una bandera, de un equipo de futbol o de una causa pol\u00edtica. 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