{"id":153287,"date":"2026-09-16T11:53:44","date_gmt":"2026-09-16T18:53:44","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153287"},"modified":"2026-09-16T11:53:44","modified_gmt":"2026-09-16T18:53:44","slug":"la-campana-que-desperto-a-un-pais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153287","title":{"rendered":"LA CAMPANA QUE DESPERT\u00d3 A UN PA\u00cdS"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Antes de convertirse en s\u00edmbolo de la patria, fue simplemente una campana. Una madrugada de 1810 alguien la hizo sonar y M\u00e9xico comenz\u00f3, sin saberlo todav\u00eda, a escuchar su propio nombre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las campanas no saben de historia. No conocen de independencias, constituciones, h\u00e9roes ni derrotas. No distinguen entre un imperio y una rep\u00fablica. Son apenas metal suspendido en una torre, esperando que alguien tire de una cuerda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero algunas veces alguien tira de ella en el momento preciso y el sonido deja de pertenecer a la iglesia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Entonces pertenece a un pa\u00eds.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Eso ocurri\u00f3 en Dolores, Guanajuato, la ma\u00f1ana del 16 de septiembre de 1810.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Intentemos quitarle por un momento el bronce de los monumentos a aquella madrugada. Dolores era un pueblo. Hab\u00eda calles todav\u00eda oscuras, casas silenciosas, animales comenzando a despertar, gente que seguramente pensaba en el trabajo del d\u00eda y una parroquia levant\u00e1ndose sobre los tejados.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nadie pod\u00eda saber que estaba amaneciendo dentro de los libros de historia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La conspiraci\u00f3n de Quer\u00e9taro hab\u00eda sido descubierta. Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y quienes participaban en aquel movimiento comprendieron que ya no pod\u00edan esperar. La rebeli\u00f3n prevista para despu\u00e9s tuvo que adelantarse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y entonces ocurri\u00f3 algo extraordinariamente sencillo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Son\u00f3 una campana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No tenemos una grabaci\u00f3n. No existe una fotograf\u00eda de aquel momento. Tampoco sabemos exactamente qu\u00e9 grit\u00f3 Hidalgo aquella ma\u00f1ana. Las reconstrucciones hist\u00f3ricas difieren, aunque testimonios tempranos y el INEHRM recogen expresiones como \u201c\u00a1\u00dananse conmigo! \u00a1Ay\u00fadenme a defender la patria!\u201d, \u201c\u00a1Se acab\u00f3 la opresi\u00f3n!\u201d y \u201c\u00a1Se acabaron los tributos!\u201d; otras fuentes documentan tambi\u00e9n vivas a Am\u00e9rica y condenas al mal gobierno. Lo verdaderamente importante es distinguir la historia de la liturgia posterior: no existe una versi\u00f3n taquigr\u00e1fica, \u00fanica e indiscutible del Grito de 1810.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Doscientos diecis\u00e9is a\u00f1os despu\u00e9s, la noche del 15 de septiembre de 2026, Claudia Sheinbaum tom\u00f3 la cuerda de aquella misma campana y pronunci\u00f3 una arenga cuyo texto, a diferencia del de Hidalgo, qued\u00f3 registrado palabra por palabra. Record\u00f3 a los h\u00e9roes y hero\u00ednas de la Independencia, incorpor\u00f3 referencias a los pueblos ind\u00edgenas y afromexicanos y a los migrantes, y lanz\u00f3 vivas a valores y principios nacionales antes de cerrar con los tradicionales vivas a M\u00e9xico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Entre ambas arengas caben m\u00e1s de dos siglos de historia: Hidalgo habl\u00f3 para comenzar una insurrecci\u00f3n; Sheinbaum habl\u00f3 desde el Estado nacido de aquella ruptura. Uno convocaba a cambiar el orden existente; la otra conmemoraba, desde Palacio Nacional, el momento en que aquel orden comenz\u00f3 a romperse. Y entre los dos, intacta en su materia pero transformada en su significado, estaba la campana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Eso vuelve todav\u00eda m\u00e1s fascinante aquella ma\u00f1ana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque M\u00e9xico recuerda con enorme precisi\u00f3n ceremonial un instante cuyas palabras exactas desconocemos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero la campana s\u00ed existi\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y existe.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es el llamado Esquil\u00f3n de San Jos\u00e9, fundido en el siglo XVIII. Durante d\u00e9cadas hab\u00eda cumplido una funci\u00f3n mucho menos heroica: convocar a los habitantes de Dolores a los servicios religiosos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hab\u00eda sonado antes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Muchas veces.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La gente la hab\u00eda escuchado mientras nac\u00edan ni\u00f1os, mor\u00edan ancianos, se celebraban matrimonios, llegaban sequ\u00edas, terminaban cosechas y transcurr\u00eda esa vida cotidiana que casi nunca aparece en los libros.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hasta que aquella madrugada su sonido cambi\u00f3 de significado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La misma campana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Otro pa\u00eds comenzaba a escucharla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Podemos imaginar a un campesino deteniendo el paso. A una mujer abriendo una puerta. A un comerciante pregunt\u00e1ndose por qu\u00e9 tocaban de aquella manera. A alguien todav\u00eda medio dormido caminando hacia la parroquia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La historia suele hablarnos de multitudes, pero las multitudes siempre empiezan con personas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Uno.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s otro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s veinte.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s cientos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El sonido se vuelve reuni\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La reuni\u00f3n se convierte en multitud.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La multitud empieza a caminar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y cuando una multitud comienza a caminar detr\u00e1s de una idea, hasta los imperios aprenden a escuchar sus pasos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No conviene, sin embargo, embellecer demasiado aquella escena.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Independencia no fue una procesi\u00f3n ordenada hacia la libertad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Fue una guerra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hubo violencia, contradicciones, saqueos, venganzas, errores militares, divisiones entre los propios insurgentes y una brutal respuesta de las autoridades virreinales. La insurgencia que naci\u00f3 aquella madrugada pronto conocer\u00eda tambi\u00e9n sus propios excesos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hidalgo tampoco alcanzar\u00eda a contemplar el pa\u00eds independiente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Fue capturado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Juzgado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Fusilado en Chihuahua el 30 de julio de 1811.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Su cabeza fue exhibida durante a\u00f1os en la Alh\u00f3ndiga de Granaditas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La campana sobrevivi\u00f3 al hombre que la convirti\u00f3 en s\u00edmbolo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay algo profundamente mexicano en esa paradoja.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El hombre desapareci\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El sonido permaneci\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pasaron los a\u00f1os. M\u00e9xico consum\u00f3 finalmente su Independencia en 1821. Despu\u00e9s vinieron emperadores, presidentes, invasiones extranjeras, guerras civiles, reformas, dictaduras y revoluciones.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mientras el pa\u00eds aprend\u00eda trabajosamente a convertirse en naci\u00f3n, aquella campana segu\u00eda en Dolores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hasta que el poder descubri\u00f3 algo que todos los poderes terminan descubriendo:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>las naciones tambi\u00e9n necesitan s\u00edmbolos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1896, durante el gobierno de Porfirio D\u00edaz, ocurri\u00f3 algo que Hidalgo dif\u00edcilmente habr\u00eda podido imaginar:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>el poder fue a buscar la campana de la rebeli\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El hist\u00f3rico esquil\u00f3n fue retirado de la torre oriental de la parroquia de Dolores y trasladado a la Ciudad de M\u00e9xico. No era un viaje cualquiera. El objeto asociado con el llamado inicial de una insurrecci\u00f3n contra el orden establecido entraba ahora, escoltado y celebrado, al coraz\u00f3n del Estado mexicano.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La paradoja es magn\u00edfica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Aquella campana hab\u00eda sonado en 1810 cuando una conspiraci\u00f3n descubierta precipit\u00f3 la rebeli\u00f3n. Ochenta y seis a\u00f1os despu\u00e9s avanzaba entre ceremonias oficiales, militares, funcionarios y multitudes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La insurgencia se hab\u00eda vuelto protocolo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La desobediencia, efem\u00e9ride.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El sonido que alguna vez convoc\u00f3 a levantarse contra un gobierno terminaba instalado en el edificio desde donde gobernaba otro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 14 de septiembre de 1896 la campana lleg\u00f3 a Palacio Nacional. Al d\u00eda siguiente, Porfirio D\u00edaz la hizo sonar durante las celebraciones patrias.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y conviene hacer aqu\u00ed una precisi\u00f3n que la leyenda suele borrar: D\u00edaz no invent\u00f3 la celebraci\u00f3n del Grito la noche del 15 simplemente porque fuera su cumplea\u00f1os. Las conmemoraciones nocturnas del 15 ten\u00edan antecedentes anteriores a su gobierno. El porfiriato hizo algo distinto y pol\u00edticamente mucho m\u00e1s interesante: fortaleci\u00f3, organiz\u00f3 y monumentaliz\u00f3 aquel ritual nacional y coloc\u00f3 en su centro una reliquia material de 1810.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde entonces, la campana dej\u00f3 de pertenecer solamente a Dolores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pas\u00f3 a pertenecer al imaginario de M\u00e9xico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y todav\u00eda faltaba otro viaje, esta vez sin mover la original de Palacio Nacional. En 1960, al cumplirse 150 a\u00f1os del inicio de la Independencia, durante la presidencia de Adolfo L\u00f3pez Mateos se reprodujo la Campana de Dolores y se distribuyeron r\u00e9plicas para que su sonido acompa\u00f1ara tambi\u00e9n las ceremonias del Grito en las entidades del pa\u00eds. M\u00e9xico hizo entonces algo extraordinario con aquel viejo bronce: multiplic\u00f3 su voz. La campana que en 1810 hab\u00eda llamado a los habitantes de un peque\u00f1o pueblo del Baj\u00edo, y que en 1896 hab\u00eda sido llevada hasta Palacio Nacional, comenz\u00f3 a sonar simb\u00f3licamente desde distintos rincones de la Rep\u00fablica. Ya no hab\u00eda una sola cuerda ni una sola plaza. Cada septiembre, gobernadores y autoridades locales pod\u00edan repetir el rito frente a sus propias comunidades. El sonido de Dolores hab\u00eda dejado de pertenecer a un pueblo, despu\u00e9s a un Palacio, para terminar perteneciendo a todo un pa\u00eds.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero ocurri\u00f3 adem\u00e1s una inversi\u00f3n extraordinaria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1810 su sonido hab\u00eda salido de una peque\u00f1a poblaci\u00f3n del Baj\u00edo para convocar al pueblo frente al poder.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde Palacio Nacional comenz\u00f3 a ocurrir lo contrario:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>el poder hac\u00eda sonar la campana frente al pueblo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tal vez ah\u00ed reside una de las grandes paradojas de nuestra ceremonia patria. Cada presidente que toma la cuerda sostiene durante unos segundos el mismo objeto que asociamos con el instante en que otros hombres decidieron desafiar al gobierno de su tiempo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La campana no cambi\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cambi\u00f3 la mano que tiraba de la cuerda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y acaso por eso su sonido contin\u00faa siendo inc\u00f3modo cuando se escucha m\u00e1s all\u00e1 de la ceremonia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque una naci\u00f3n puede domesticar una fecha, organizar un desfile, escribir una arenga y llenar una plaza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lo que nunca puede domesticar completamente es la pregunta que dio origen a aquel sonido:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfqu\u00e9 ocurre cuando un pueblo deja de aceptar como inevitable el pa\u00eds que tiene?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde entonces presidentes de distintas \u00e9pocas, partidos e ideolog\u00edas han repetido el rito. Cambian los nombres. Cambian las arengas. Cambian las multitudes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La campana permanece.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cada septiembre vuelve a sonar sobre la Plaza de la Constituci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y quiz\u00e1 ah\u00ed se encuentra la verdadera grandeza de ese pedazo de metal.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No necesitamos convertirlo en reliquia milagrosa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Su importancia es m\u00e1s humana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Una campana no hizo la Independencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La hicieron hombres y mujeres. La hicieron quienes conspiraron y quienes combatieron; quienes marcharon y quienes murieron; quienes imaginaron que aquellas tierras pod\u00edan gobernarse de otra manera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero aquella campana hizo algo decisivo:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>los reuni\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso, cuando vuelva a sonar desde Palacio Nacional, quiz\u00e1 deber\u00edamos escucharla durante unos segundos sin fuegos artificiales, sin discursos, sin televisi\u00f3n, sin convertir inmediatamente la historia en ceremonia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Escuchar solamente el metal.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Imaginar Dolores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La madrugada.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las puertas abri\u00e9ndose.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los primeros pasos hacia la parroquia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Un pueblo que todav\u00eda no sab\u00eda que estaba entrando en la historia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Han pasado m\u00e1s de dos siglos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>M\u00e9xico sigue discutiendo qu\u00e9 significa verdaderamente ser independiente: independencia pol\u00edtica, econ\u00f3mica, energ\u00e9tica, cultural; independencia frente al extranjero y tambi\u00e9n frente a nuestras propias desigualdades, violencias y viejas formas de poder.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Quiz\u00e1 por eso seguimos necesitando aquella campana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No para recordar que alguna vez fuimos libres.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Sino para preguntarnos qu\u00e9 hemos hecho con esa libertad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque las campanas no saben de historia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nosotros s\u00ed.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y precisamente por eso, cada vez que aquella vuelve a sonar, la pregunta ya no debe dirigirse a Hidalgo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Debe dirigirse a nosotros.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 tan independiente es el M\u00e9xico que hoy escucha esa campana?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es un pa\u00eds que conserva instituciones, territorio y soberan\u00eda pol\u00edtica, pero enfrenta desaf\u00edos que en 1810 ni siquiera pod\u00edan imaginarse: crimen organizado transnacional, dependencia comercial y tecnol\u00f3gica, presi\u00f3n geopol\u00edtica, desigualdad, violencia, desapariciones y regiones donde recuperar el espacio p\u00fablico sigue siendo una tarea cotidiana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y Sinaloa ofrece esta ma\u00f1ana una imagen particularmente poderosa. Despu\u00e9s de dos a\u00f1os sin festejos p\u00fablicos por la violencia, Culiac\u00e1n recuper\u00f3 anoche la ceremonia del Grito. La celebraci\u00f3n se realiz\u00f3 bajo fuertes medidas de seguridad y con una asistencia menor de la esperada. La contradicci\u00f3n es dif\u00edcil de ignorar: se celebr\u00f3 la independencia mientras miles de ciudadanos todav\u00eda reclaman algo mucho m\u00e1s elemental: poder vivir, trabajar, circular y regresar a casa sin miedo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 pa\u00eds despierta hoy cuando vuelve a sonar la Campana de Dolores?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La pregunta es cu\u00e1nto falta todav\u00eda para convertirla, todos los d\u00edas, en libertad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 pa\u00eds despierta hoy, 16 de septiembre de 2026, cuando vuelve a sonar la Campana de Dolores?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despierta un M\u00e9xico independiente, s\u00ed. Pero tambi\u00e9n un M\u00e9xico que todav\u00eda pelea por darle contenido cotidiano a esa palabra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque una naci\u00f3n puede expulsar a un imperio y seguir sometida a sus propios miedos. Puede tener bandera y perder calles. Puede escribir soberan\u00eda en la Constituci\u00f3n mientras una madre busca a su hijo desaparecido. Puede cantar el Himno Nacional mientras un comerciante baja temprano la cortina porque tiene miedo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y puede ocurrir algo todav\u00eda m\u00e1s doloroso: que una campana destinada a recordarnos que alguna vez conquistamos la libertad termine pregunt\u00e1ndonos cu\u00e1nto de aquella libertad somos capaces de ejercer hoy.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA Antes de convertirse en s\u00edmbolo de la patria, fue simplemente una campana. Una madrugada de 1810 alguien la hizo sonar y M\u00e9xico comenz\u00f3, sin saberlo todav\u00eda, a escuchar su propio nombre. 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