{"id":153564,"date":"2026-09-22T09:48:27","date_gmt":"2026-09-22T16:48:27","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153564"},"modified":"2026-09-22T09:48:27","modified_gmt":"2026-09-22T16:48:27","slug":"la-escuela-que-tuvo-que-pedirles-silencio-a-los-telefonos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153564","title":{"rendered":"LA ESCUELA QUE TUVO QUE PEDIRLES SILENCIO A LOS TEL\u00c9FONOS"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La SEP acord\u00f3 restringir el uso de celulares durante toda la jornada en primarias y secundarias. La medida puede devolverle atenci\u00f3n al aula, pero ninguna prohibici\u00f3n sustituir\u00e1 al maestro, al libro ni a una clase capaz de despertar curiosidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El maestro est\u00e1 explicando frente al grupo. Ha preparado la clase, escrito algunas palabras en el pizarr\u00f3n y formulado una pregunta esperando que alguien levante la mano. Del otro lado, treinta o cuarenta estudiantes parecen mirarlo. Pero no todos est\u00e1n all\u00ed.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Uno siente la vibraci\u00f3n del tel\u00e9fono dentro del bolsillo. Otro observa discretamente la pantalla debajo del pupitre. Una alumna espera una respuesta que considera m\u00e1s urgente que la explicaci\u00f3n. Alguien acaba de recibir un video de quince segundos y, mientras intenta contener la risa, pierde el hilo de la clase. El maestro contin\u00faa hablando, aunque sabe que una parte del sal\u00f3n se ha ido sin abandonar f\u00edsicamente su asiento.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No es indisciplina en el sentido antiguo. Nadie arroj\u00f3 un papel, rompi\u00f3 un vidrio ni sali\u00f3 corriendo. Es una ausencia silenciosa: el cuerpo permanece en el aula, pero la atenci\u00f3n ha cruzado la pantalla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n P\u00fablica anunci\u00f3 que las autoridades educativas del pa\u00eds alcanzaron un acuerdo para restringir el uso de tel\u00e9fonos celulares durante toda la jornada escolar en primarias y secundarias. La SEP prev\u00e9 comenzar su aplicaci\u00f3n en octubre; sin embargo, al 19 de septiembre de 2026 todav\u00eda se encuentran pendientes los lineamientos definitivos, la fecha precisa de entrada en vigor y las reglas que deber\u00e1n seguir los planteles.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La decisi\u00f3n apunta hacia un problema verdadero. Pero ser\u00eda un error creer que basta con apagar los tel\u00e9fonos para encender la educaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Durante a\u00f1os frente a grupo vi cambiar los pizarrones, los libros, los planes de estudio, los lenguajes juveniles y las formas de relacionarse con el conocimiento. Ense\u00f1\u00e9 Qu\u00edmica, F\u00edsica, Biolog\u00eda y Ecolog\u00eda cuando la principal ventana hacia el mundo era una biblioteca; cuando investigar significaba buscar un libro, localizar un cap\u00edtulo, leerlo y aprender a distinguir una explicaci\u00f3n de una respuesta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s llegaron las calculadoras, las computadoras, internet y, finalmente, el tel\u00e9fono inteligente. Ninguno de esos instrumentos fue malo por naturaleza. El problema comenz\u00f3 cuando la herramienta dej\u00f3 de estar al servicio del estudiante y el estudiante empez\u00f3 a estar al servicio de la herramienta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El tel\u00e9fono ya no espera a ser consultado: llama, vibra, ilumina, interrumpe y promete una recompensa inmediata. Detr\u00e1s de cada aplicaci\u00f3n hay algoritmos dise\u00f1ados para conocer nuestros impulsos, anticipar nuestras preferencias y prolongar nuestra permanencia frente a la pantalla. La escuela no compite solamente contra un aparato, sino contra una industria mundial que ha convertido la atenci\u00f3n humana en mercanc\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La batalla es desigual. De un lado est\u00e1 el maestro, muchas veces con grupos numerosos y recursos insuficientes. Del otro, plataformas dise\u00f1adas para conseguir que nadie aparte la vista.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso la restricci\u00f3n tiene sentido.<\/div>\n<div>Aprender exige continuidad mental. Comprender una lectura, resolver un problema matem\u00e1tico o seguir una explicaci\u00f3n cient\u00edfica requiere permanecer frente a una misma dificultad durante cierto tiempo. Exige paciencia, concentraci\u00f3n y algo que comienza a escasear: la disposici\u00f3n para no recibir una recompensa inmediata.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cada notificaci\u00f3n rompe esa continuidad. El alumno no pierde \u00fanicamente los segundos empleados en mirar la pantalla; pierde tambi\u00e9n el hilo del razonamiento y el tiempo necesario para reconstruirlo. Cuando la interrupci\u00f3n se repite, la clase queda reducida a fragmentos que dif\u00edcilmente forman conocimiento.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La consulta realizada por la SEP entre 565 mil 396 docentes mostr\u00f3 la magnitud del problema: 81 por ciento respald\u00f3 la creaci\u00f3n de lineamientos; 40 por ciento se\u00f1al\u00f3 que los tel\u00e9fonos dificultan mantener la atenci\u00f3n; 38 por ciento dijo que interrumpen las actividades escolares y 38.7 por ciento advirti\u00f3 que los conflictos originados en las redes sociales terminan traslad\u00e1ndose al aula.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las cifras describen algo que cualquier maestro reconoce: el celular no solamente distrae. Tambi\u00e9n introduce en la escuela burlas, fotograf\u00edas sin consentimiento, grabaciones clandestinas, rumores, desaf\u00edos virales, amenazas y disputas iniciadas fuera del plantel. El conflicto digital atraviesa la puerta de la escuela escondido en un bolsillo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Alejar temporalmente el tel\u00e9fono puede recuperar tiempo de clase, favorecer la conversaci\u00f3n durante el recreo y permitir que el aula vuelva a ser un lugar compartido, no una reuni\u00f3n de soledades conectadas.<\/div>\n<div>Pero la SEP deber\u00e1 someter la medida a un an\u00e1lisis serio de costo-beneficio. Aplicarla requerir\u00e1 capacitaci\u00f3n, protocolos de emergencia y reglas sobre p\u00e9rdidas o da\u00f1os. El costo mayor aparecer\u00eda si la prohibici\u00f3n traslada al maestro una responsabilidad administrativa sin darle recursos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por eso no bastar\u00e1 contar celulares apagados. Habr\u00e1 que medir cu\u00e1nto mejoraron la atenci\u00f3n, el aprendizaje y la convivencia, y comparar esos resultados con el dinero, el tiempo y los conflictos que exigi\u00f3 la medida. Una pol\u00edtica educativa no se justifica por la firmeza de su anuncio, sino por los beneficios comprobables que produce.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Entre la decisi\u00f3n nacional y el aula se encuentra el maestro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ser\u00e1 el docente quien enfrente al estudiante que se niegue a guardar el aparato, a la familia que exija comunicaci\u00f3n permanente y al directivo que interprete los lineamientos de manera distinta. La norma deber\u00e1 precisar d\u00f3nde permanecer\u00e1n los tel\u00e9fonos, qui\u00e9n responder\u00e1 si se extrav\u00edan, qu\u00e9 ocurrir\u00e1 durante una emergencia y qu\u00e9 excepciones existir\u00e1n por razones pedag\u00f3gicas, m\u00e9dicas o de discapacidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Una disposici\u00f3n ambigua puede convertir la escuela en un campo de discusiones. Y el maestro no debe transformarse en vigilante, custodio de aparatos o inspector de bolsillos. Su tarea es ense\u00f1ar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Jaime Torres Bodet entendi\u00f3 que educar no consiste \u00fanicamente en transmitir conocimientos, sino en formar seres humanos libres y responsables. Al frente de la SEP impuls\u00f3 la Campa\u00f1a Nacional contra el Analfabetismo, el Plan de Once A\u00f1os, la construcci\u00f3n de escuelas, la formaci\u00f3n de maestros y los libros de texto gratuitos. Para \u00e9l, la educaci\u00f3n no era una oficina administradora de matr\u00edculas, sino un instrumento para integrar y elevar a M\u00e9xico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Frente al problema actual, probablemente habr\u00eda comprendido que proteger la atenci\u00f3n del alumno es necesario, pero que la autoridad educativa tambi\u00e9n debe merecerla: con buenos maestros, libros abiertos, aulas dignas y lecciones capaces de demostrar que el conocimiento puede ser m\u00e1s fascinante que cualquier pantalla. Una disciplina que no conduce al entendimiento produce obediencia temporal, no autonom\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Jos\u00e9 Vasconcelos habr\u00eda reconocido algo m\u00e1s profundo que un problema disciplinario. Cuando llev\u00f3 libros, maestros y bibliotecas hasta los rincones apartados del pa\u00eds, la oscuridad proven\u00eda de la falta de informaci\u00f3n. Un siglo despu\u00e9s, tambi\u00e9n puede surgir de su abundancia sin jerarqu\u00eda: millones de im\u00e1genes, mensajes y opiniones que pasan ante los ojos sin convertirse en conocimiento.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Antes hab\u00eda que acercar el mundo al estudiante; ahora debemos ense\u00f1arle a no perderse dentro de \u00e9l.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Narciso Bassols habr\u00eda a\u00f1adido una advertencia inc\u00f3moda: retirar una pantalla sin ofrecer libros, laboratorios y buenos maestros puede imponer silencio, pero no garantiza conocimiento. Para numerosos estudiantes, el tel\u00e9fono es su \u00fanica c\u00e1mara, calculadora, biblioteca y conexi\u00f3n a internet. Si la escuela lo retira sin proporcionar alternativas, castigar\u00e1 con mayor fuerza a quienes menos tienen.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay otro peligro: confundir silencio con aprendizaje.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Un sal\u00f3n puede estar completamente callado y, sin embargo, intelectualmente vac\u00edo. Retirar los celulares no volver\u00e1 interesante una clase mon\u00f3tona, no resolver\u00e1 las deficiencias de comprensi\u00f3n lectora ni sustituir\u00e1 laboratorios, bibliotecas o formaci\u00f3n docente. Si despu\u00e9s de guardar el tel\u00e9fono el alumno solamente debe copiar p\u00e1ginas enteras, memorizar sin comprender y repetir respuestas, habremos eliminado una distracci\u00f3n, pero no recuperado su curiosidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El tel\u00e9fono agrava algunas debilidades de la educaci\u00f3n mexicana; no las invent\u00f3.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La evidencia internacional obliga a evitar los extremos. En PISA 2022, los estudiantes que utilizaban dispositivos digitales con fines educativos hasta una hora diaria obtuvieron, en promedio, 14 puntos m\u00e1s en matem\u00e1ticas que quienes no los utilizaban. La OCDE advierte, sin embargo, que esa relaci\u00f3n no demuestra por s\u00ed sola que la tecnolog\u00eda haya causado el mejor desempe\u00f1o. Tambi\u00e9n se\u00f1ala que las prohibiciones pueden disminuir las distracciones, pero dificultar el desarrollo del autocontrol si no se acompa\u00f1an de educaci\u00f3n digital.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La lecci\u00f3n no consiste en expulsar toda tecnolog\u00eda, sino en aprender a gobernarla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La regulaci\u00f3n necesita, por tanto, una puerta pedag\u00f3gica: el celular deber\u00e1 permanecer apagado y guardado, pero podr\u00e1 utilizarse excepcionalmente bajo la direcci\u00f3n del maestro y con una finalidad definida. No para llenar el tiempo ni sustituir la explicaci\u00f3n, sino para documentar un experimento, consultar una fuente confiable, registrar una observaci\u00f3n o realizar una actividad planeada.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Prohibir durante la jornada puede ser necesario. Educar para toda la vida es indispensable.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El adolescente volver\u00e1 a encontrarse con su tel\u00e9fono al salir de la escuela. Si durante seis horas solamente obedeci\u00f3 una orden, pero nunca aprendi\u00f3 a reconocer la manipulaci\u00f3n de los algoritmos, distinguir informaci\u00f3n de propaganda, proteger su intimidad y apartarse voluntariamente del aparato, la escuela habr\u00e1 ganado el sal\u00f3n, pero habr\u00e1 perdido la formaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La estrategia \u201cEl ABC de las Emociones\u201d ser\u00e1 \u00fatil si se convierte en conversaci\u00f3n aut\u00e9ntica. La salud emocional no se fortalece repartiendo folletos, sino construyendo confianza, atendiendo la violencia digital y ense\u00f1ando que pedir ayuda no es una debilidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tambi\u00e9n las familias tendr\u00e1n que mirarse en el mismo espejo. No se puede exigir a los hijos que abandonen el tel\u00e9fono mientras los adultos comen, caminan, conversan y conducen pendientes de sus pantallas. La primera educaci\u00f3n digital no comienza en el reglamento escolar. Empieza en la mesa de la casa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Estoy a favor de restringir el uso de celulares durante toda la jornada en primarias y secundarias. Pero apoyo una restricci\u00f3n razonada, con excepciones justificadas, responsabilidades claras, alternativas tecnol\u00f3gicas y evaluaci\u00f3n peri\u00f3dica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s de seis meses, la SEP no deber\u00eda informar cu\u00e1ntos tel\u00e9fonos fueron retenidos, sino cu\u00e1nto mejoraron la atenci\u00f3n, la lectura, la participaci\u00f3n, la convivencia y el aprendizaje. El \u00e9xito no puede medirse por el n\u00famero de pantallas apagadas, sino por el n\u00famero de inteligencias que volvieron a encenderse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La escuela mexicana ya libr\u00f3 otras batallas: contra el analfabetismo, la exclusi\u00f3n, la desigualdad y el abandono. Ahora enfrenta una disputa m\u00e1s silenciosa: recuperar la atenci\u00f3n de una generaci\u00f3n acostumbrada a recibir est\u00edmulos antes de formular preguntas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los maestros sabemos algo elemental: ninguna pantalla sustituye el instante en que un alumno levanta la mirada porque, finalmente, ha comprendido.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Que los tel\u00e9fonos guarden silencio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero que la escuela aproveche ese silencio para volver a hablar con inteligencia, despertar asombro y sembrar preguntas. Porque el prop\u00f3sito no es formar j\u00f3venes que obedezcan durante unas horas, sino seres humanos capaces de gobernar su propia atenci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Entonces la medida habr\u00e1 valido la pena: no cuando el estudiante aprenda a esconder el tel\u00e9fono, sino cuando pueda tenerlo frente a s\u00ed y posea la libertad interior para apagarlo, levantar la mirada y pensar por cuenta propia.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA La SEP acord\u00f3 restringir el uso de celulares durante toda la jornada en primarias y secundarias. La medida puede devolverle atenci\u00f3n al aula, pero ninguna prohibici\u00f3n sustituir\u00e1 al maestro, al libro ni a una clase capaz de despertar curiosidad. Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil El maestro est\u00e1 explicando frente al grupo. Ha preparado la clase, escrito algunas palabras en el pizarr\u00f3n y formulado una pregunta esperando que alguien levante la mano. 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