{"id":153570,"date":"2026-09-22T09:46:52","date_gmt":"2026-09-22T16:46:52","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153570"},"modified":"2026-09-22T09:46:52","modified_gmt":"2026-09-22T16:46:52","slug":"la-universidad-que-sobrevivio-al-regimen-que-la-inauguro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153570","title":{"rendered":"LA UNIVERSIDAD QUE SOBREVIVI\u00d3 AL R\u00c9GIMEN QUE LA INAUGUR\u00d3"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 22 de septiembre de 1910, Porfirio D\u00edaz la present\u00f3 como una obra de su gobierno. Menos de dos meses despu\u00e9s comenz\u00f3 la Revoluci\u00f3n. La actual UNAM cumple 116 a\u00f1os de demostrar que los gobiernos pasan, pero las preguntas permanecen.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Ciudad de M\u00e9xico amaneci\u00f3 vestida para que la historia la mirara.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La efem\u00e9ride admite dos cuentas que no deben confundirse. La Universidad Nacional de M\u00e9xico, hoy UNAM, fue fundada el 22 de septiembre de 1910 y cumple 116 a\u00f1os. Su ra\u00edz hist\u00f3rica se remonta al 21 de septiembre de 1551, cuando una c\u00e9dula firmada por el pr\u00edncipe Felipe, en nombre de Carlos V, cre\u00f3 la Real Universidad de M\u00e9xico, que abri\u00f3 sus puertas en 1553. Ese antecedente colonial cumple 475 a\u00f1os, pero no lleg\u00f3 intacto hasta el siglo XX: atraves\u00f3 clausuras y reaperturas. Justo Sierra no pretend\u00eda restaurarlo, sino fundar una universidad nueva, nacional y moderna. Por eso la UNAM reconoce en aquella casa novohispana una ra\u00edz hist\u00f3rica, aunque su nacimiento institucional ocurri\u00f3 en 1910.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Era jueves 22 de septiembre de 1910. Hab\u00eda banderas, arcos triunfales, carruajes y uniformes de gala. Los discursos estaban preparados para celebrar los cien a\u00f1os del inicio de la Independencia. El r\u00e9gimen de Porfirio D\u00edaz quer\u00eda mostrarle al mundo un pa\u00eds de ferrocarriles, electricidad y orden. Todo parec\u00eda firme. Hasta lo eterno, visto desde aquella ma\u00f1ana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, en San Ildefonso, Justo Sierra se levant\u00f3 ante Porfirio D\u00edaz, funcionarios, acad\u00e9micos y representantes de universidades como Par\u00eds, Salamanca y Berkeley. Ten\u00eda 62 a\u00f1os y casi tres d\u00e9cadas de insistir en la misma idea. Aquella ma\u00f1ana, su proyecto dejaba de ser promesa: nac\u00eda la Universidad Nacional de M\u00e9xico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Menos de dos meses despu\u00e9s, el 20 de noviembre, comenzar\u00eda la Revoluci\u00f3n mexicana. D\u00edaz crey\u00f3 que inauguraba una obra destinada a engrandecer su gobierno. Sin saberlo, estaba abriendo una casa en la que tambi\u00e9n se discutir\u00eda ese gobierno y el pa\u00eds que dejaba. Las instituciones suelen tomar caminos que sus fundadores no imaginaron.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El gran impulsor fue Justo Sierra M\u00e9ndez, secretario de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes, historiador, maestro y pol\u00edtico que llevaba casi tres d\u00e9cadas defendiendo la necesidad de crear una universidad nacional. No propon\u00eda simplemente juntar escuelas bajo un mismo nombre. Quer\u00eda organizar el conocimiento, formar profesionistas y, sobre todo, estudiar a M\u00e9xico desde M\u00e9xico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Ley Constitutiva de la Universidad Nacional fue promulgada el 26 de mayo de 1910. La nueva instituci\u00f3n reuni\u00f3 a las escuelas nacionales Preparatoria, de Jurisprudencia, Medicina, Ingenieros y Bellas Artes, y cre\u00f3 la Escuela de Altos Estudios. La Universidad de 1910 respondi\u00f3 a otro Estado y a otro proyecto nacional.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tambi\u00e9n naci\u00f3 con l\u00edmites evidentes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No era aut\u00f3noma. Depend\u00eda del gobierno. Tampoco era democr\u00e1tica ni estaba abierta a la mayor\u00eda de los mexicanos. En un pa\u00eds donde enormes sectores de la poblaci\u00f3n no sab\u00edan leer ni escribir, la educaci\u00f3n superior segu\u00eda siendo territorio de una minor\u00eda. Campesinos, obreros, ind\u00edgenas y buena parte de las mujeres contemplaban aquella ceremonia desde una distancia social mucho mayor que la que separaba sus comunidades de la capital.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero las instituciones no siempre permanecen encerradas en las condiciones de su nacimiento. Algunas aprenden a discutirlas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En su discurso inaugural, Justo Sierra rechaz\u00f3 que la nueva Universidad fuera heredera pasiva de la instituci\u00f3n colonial. Quer\u00eda una comunidad en movimiento, vinculada a la ciencia y a las necesidades nacionales. Ante el propio D\u00edaz pronunci\u00f3 una frase que, le\u00edda hoy, parece contener la semilla de la autonom\u00eda: \u201cel gobierno de la ciencia en acci\u00f3n debe pertenecer a la ciencia misma\u201d. Una universidad encerrada en s\u00ed misma podr\u00eda acumular t\u00edtulos y bibliotecas, pero dejar\u00eda de ser verdaderamente nacional.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Diecinueve a\u00f1os despu\u00e9s, en 1929, la Universidad conquist\u00f3 su autonom\u00eda y adopt\u00f3 el nombre con el que hoy la reconoce el mundo: Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico. La autonom\u00eda no signific\u00f3 vivir fuera de la naci\u00f3n ni quedar por encima de la ley. Le permiti\u00f3 gobernar su vida acad\u00e9mica, defender la libertad de c\u00e1tedra y evitar que cada cambio presidencial decidiera lo que deb\u00eda ense\u00f1arse o callarse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ocho a\u00f1os antes, el 27 de abril de 1921, el Consejo Universitario hab\u00eda aprobado el escudo y el lema propuestos por el entonces rector Jos\u00e9 Vasconcelos: \u201cPor mi raza hablar\u00e1 el esp\u00edritu\u201d. No era, en su intenci\u00f3n original, una proclama de superioridad biol\u00f3gica, sino la confianza en que los pueblos mestizos de Am\u00e9rica Latina pod\u00edan levantar una cultura propia y hacer o\u00edr su voz ante el mundo. A 105 a\u00f1os de distancia, la palabra raza lleva consigo preguntas que aquella \u00e9poca no resolvi\u00f3. En 2026, el lema s\u00f3lo puede conservar su grandeza si ese esp\u00edritu habla en plural: por los ind\u00edgenas y los mestizos, por las mujeres, por los j\u00f3venes excluidos y por todas las voces de un M\u00e9xico que ya no cabe en una sola definici\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esa autonom\u00eda nunca fue un regalo terminado. Ha sido una conquista sometida constantemente a prueba.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Universidad creci\u00f3, se extendi\u00f3 y levant\u00f3 Ciudad Universitaria sobre la piedra volc\u00e1nica del sur. Entre 1949 y 1952, decenas de arquitectos, ingenieros y artistas construyeron un campus donde la modernidad convers\u00f3 con la historia prehisp\u00e1nica. All\u00ed quedaron los murales, la Biblioteca Central, el Estadio Ol\u00edmpico, las facultades y los espacios abiertos. No era solamente arquitectura. Era una esperanza hecha piedra: que el conocimiento p\u00fablico tuviera una casa digna en un pa\u00eds desigual.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s llegaron las contradicciones, los conflictos y las heridas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1968, los estudiantes universitarios salieron a las calles para exigir libertades democr\u00e1ticas. El Ej\u00e9rcito ocup\u00f3 Ciudad Universitaria y el rector Javier Barros Sierra defendi\u00f3 la autonom\u00eda con una dignidad que todav\u00eda ilumina. La Universidad descubri\u00f3 entonces que la libertad de pensamiento no es una frase inscrita en un escudo. A veces hay que pagar un precio por defenderla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La UNAM ha formado m\u00e9dicos y abogados, cient\u00edficos, maestros, artistas, ingenieros y escritores. Sus investigadores han estudiado desde los volcanes y las epidemias hasta la pobreza, las lenguas ind\u00edgenas y el universo. Sus brigadas han auxiliado a la poblaci\u00f3n durante terremotos y emergencias. Por sus aulas han pasado j\u00f3venes que fueron los primeros de sus familias en ingresar a la educaci\u00f3n superior.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero cumplir 116 a\u00f1os no concede una patente de perfecci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Universidad enfrenta problemas que no deben ocultarse bajo la celebraci\u00f3n: restricciones presupuestarias, desigualdad en el acceso, violencia de g\u00e9nero, burocracia, grupos de poder, instalaciones deterioradas y precariedad laboral. Adem\u00e1s, la demanda supera por mucho los espacios disponibles. Cada a\u00f1o, miles de j\u00f3venes quedan fuera. Para ellos, la Universidad Nacional puede parecer menos una puerta abierta que una promesa observada desde la banqueta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Defender a la UNAM no significa afirmar que todo funciona bien dentro de ella. Una universidad que no admite la cr\u00edtica traiciona su propia raz\u00f3n de existir. Su grandeza no est\u00e1 en fingirse libre de contradicciones, sino en mantenerlas a la vista y discutirlas p\u00fablicamente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Universidad que en 1910 deb\u00eda ayudar a M\u00e9xico a conocerse enfrenta ahora un desaf\u00edo distinto. Vivimos rodeados de informaci\u00f3n, pero eso no quiere decir que comprendamos m\u00e1s. La velocidad puede parecer inteligencia y la repetici\u00f3n termina disfraz\u00e1ndose de verdad. La pregunta de 2026 no es solamente qu\u00e9 ha hecho la UNAM durante 116 a\u00f1os, sino para qu\u00e9 la necesita M\u00e9xico ahora.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La necesita porque la mentira suele recorrer las redes sociales antes de que la verdad termine de reunir sus pruebas. Un algoritmo decide buena parte de lo que miramos; la inteligencia artificial redacta respuestas impecables, incluso cuando no comprende lo que afirma, y la pol\u00edtica convierte cualquier dato inc\u00f3modo en un ataque partidista. Frente a eso, la Universidad debe investigar y verificar, pero tambi\u00e9n ense\u00f1ar algo m\u00e1s elemental: a desconfiar de las respuestas demasiado f\u00e1ciles.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tambi\u00e9n debe preguntarse si puede seguir llam\u00e1ndose nacional mientras tantos j\u00f3venes permanecen fuera. Si su dependencia de los recursos p\u00fablicos debilita o no su autonom\u00eda. Si defiende de verdad la pluralidad cuando tolera dogmatismos internos. Y si su misi\u00f3n termina al entregar un t\u00edtulo o apenas comienza all\u00ed.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os frente a grupos de estudiantes y maestros, he aprendido que una clase no cambia cuando el maestro termina de explicar, sino cuando un joven levanta la mano y formula la pregunta que nadie hab\u00eda previsto. A veces esa pregunta incomoda; otras veces obliga al propio profesor a reconocer que no tiene la respuesta. En ese instante comienza la educaci\u00f3n verdadera. Por eso una universidad p\u00fablica no existe \u00fanicamente para entregar t\u00edtulos. Existe para que nadie tenga miedo de preguntar qui\u00e9n se beneficia de una decisi\u00f3n, qui\u00e9n paga sus costos y qu\u00e9 voces quedaron fuera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>All\u00ed aparece tambi\u00e9n el M\u00e9xico profundo, el que llega tarde a los libros porque antes tuvo que trabajar, sobrevivir o vencer distancias.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La Universidad debe escuchar esas voces.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Su car\u00e1cter nacional no proviene solamente del nombre ni de su presencia en distintos estados. Se justifica cuando el conocimiento que produce regresa a la sociedad; cuando sirve para atender una enfermedad, proteger un bosque, comprender una injusticia o mejorar una escuela. Tambi\u00e9n cuando evita que el poder convierta su versi\u00f3n en la \u00fanica versi\u00f3n posible.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Han pasado 116 a\u00f1os desde aquella ceremonia. Porfirio D\u00edaz dej\u00f3 el poder y muri\u00f3 en el exilio. La Revoluci\u00f3n derrib\u00f3 un r\u00e9gimen, cre\u00f3 instituciones y produjo sus propias \u00e9lites. Cambiaron los presidentes, los partidos, las constituciones y las formas de comunicarnos. La Universidad permaneci\u00f3, aunque nunca id\u00e9ntica a s\u00ed misma.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Volvamos a aquella ma\u00f1ana de 1910. Las bandas han dejado de tocar, los carruajes se alejan y los funcionarios guardan los discursos. El pa\u00eds todav\u00eda no sabe que est\u00e1 a pocas semanas del primer estruendo revolucionario. Dentro de las aulas queda, sin embargo, algo que ning\u00fan gobierno puede controlar por completo: una pregunta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los presidentes abandonan el Palacio, los monumentos envejecen y las ceremonias terminan. Una universidad permanece mientras exista un estudiante dispuesto a preguntar por qu\u00e9.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hace 116 a\u00f1os, M\u00e9xico abri\u00f3 una casa para la inteligencia, la inconformidad y la esperanza. Desde entonces, cada vez que alguien intenta imponerle silencio, la Universidad recuerda para qu\u00e9 naci\u00f3: para que el pa\u00eds nunca deje de pensarse.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA El 22 de septiembre de 1910, Porfirio D\u00edaz la present\u00f3 como una obra de su gobierno. Menos de dos meses despu\u00e9s comenz\u00f3 la Revoluci\u00f3n. La actual UNAM cumple 116 a\u00f1os de demostrar que los gobiernos pasan, pero las preguntas permanecen. Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil La Ciudad de M\u00e9xico amaneci\u00f3 vestida para que la historia la mirara. La efem\u00e9ride admite dos cuentas que no deben confundirse. La Universidad Nacional de M\u00e9xico, hoy UNAM, fue fundada el 22 de septiembre de 1910 y cumple 116 a\u00f1os. 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