{"id":153839,"date":"2026-09-24T21:47:42","date_gmt":"2026-09-25T04:47:42","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153839"},"modified":"2026-09-24T21:47:42","modified_gmt":"2026-09-25T04:47:42","slug":"el-23-de-septiembre-y-los-tres-rostros-del-ejercito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=153839","title":{"rendered":"EL 23 DE SEPTIEMBRE Y LOS TRES ROSTROS DEL EJ\u00c9RCITO"},"content":{"rendered":"<div><strong>BIT\u00c1CORA INQUIETA<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>En torno a una misma fecha, el Ej\u00e9rcito cambi\u00f3 de nombre, entr\u00f3 a una escuela y fue atacado por una guerrilla. Tres episodios separados por diecisiete a\u00f1os revelan una pregunta que M\u00e9xico todav\u00eda no termina de responder: \u00bfhasta d\u00f3nde debe llegar la fuerza del Estado cuando la pol\u00edtica deja de escuchar?<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Jes\u00fas Octavio Mil\u00e1n Gil<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay fechas que parecen guardar m\u00e1s memoria de la que cabe en un calendario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 23 de septiembre es una de ellas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 22 de septiembre de 1948, el Ej\u00e9rcito Nacional cambi\u00f3 oficialmente su denominaci\u00f3n por la de Ej\u00e9rcito Mexicano; la efem\u00e9ride institucional se recuerda el d\u00eda 23. Ocho a\u00f1os despu\u00e9s, en 1956, soldados entraron durante la madrugada al internado del Instituto Polit\u00e9cnico Nacional, en el Casco de Santo Tom\u00e1s, desalojaron a sus estudiantes y clausuraron el edificio. Y nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1965, un grupo de maestros, campesinos y j\u00f3venes armados atac\u00f3 el cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Un decreto, unos dormitorios ocupados y un cuartel bajo el fuego.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No son acontecimientos iguales ni ser\u00eda justo reducir la historia del Ej\u00e9rcito Mexicano a esos tres momentos. Pero juntos permiten observar las distintas formas en que el Estado ha entendido la autoridad, el orden y la inconformidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1948, M\u00e9xico todav\u00eda estaba acomodando las piezas de la Revoluci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hab\u00edan transcurrido apenas tres d\u00e9cadas desde la promulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de 1917. El pa\u00eds buscaba dejar atr\u00e1s la \u00e9poca de los caudillos, las rebeliones militares y los ej\u00e9rcitos personales. El poder pol\u00edtico intentaba convertir a las fuerzas surgidas de la lucha revolucionaria en una instituci\u00f3n profesional, disciplinada y subordinada al gobierno civil.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El 22 de septiembre de aquel a\u00f1o, el presidente Miguel Alem\u00e1n Vald\u00e9s firm\u00f3 el decreto que dispuso sustituir la denominaci\u00f3n Ej\u00e9rcito Nacional por la de Ej\u00e9rcito Mexicano; la efem\u00e9ride militar se recuerda el d\u00eda 23. A primera vista, podr\u00eda parecer un cambio menor. Sin embargo, los nombres tambi\u00e9n expresan una idea de pa\u00eds. Llamarlo Mexicano significaba asociarlo con la naci\u00f3n, no con una facci\u00f3n victoriosa ni con un jefe militar. Las armas ya no deb\u00edan pertenecer a los generales de la Revoluci\u00f3n, sino al Estado surgido de ella.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La transformaci\u00f3n verdadera, sin embargo, no depend\u00eda del nombre. Depend\u00eda de una regla mucho m\u00e1s dif\u00edcil de sostener: que las Fuerzas Armadas obedecieran a las instituciones civiles y que estas, a su vez, actuaran dentro de la ley.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El uniforme ejecuta \u00f3rdenes, pero la responsabilidad no desaparece en la cadena de mando. Cuando un gobierno civil utiliza a los militares para resolver un conflicto social, la decisi\u00f3n pol\u00edtica sigue siendo civil, aunque las botas que entren por la puerta sean militares.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Eso ocurri\u00f3 ocho a\u00f1os despu\u00e9s.<\/div>\n<div>Durante 1956, estudiantes del Instituto Polit\u00e9cnico Nacional participaron en un movimiento que exig\u00eda mejores condiciones acad\u00e9micas, econ\u00f3micas y asistenciales. Muchos de ellos proven\u00edan de familias campesinas y obreras; hab\u00edan llegado de distintos estados porque el Polit\u00e9cnico representaba una posibilidad concreta de movilidad social. Para esos j\u00f3venes, el internado no era un privilegio. Era la diferencia entre estudiar y regresar a casa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La madrugada del 23 de septiembre, mientras los alumnos dorm\u00edan, el Ej\u00e9rcito ocup\u00f3 el internado situado en el Casco de Santo Tom\u00e1s. La operaci\u00f3n, ordenada durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, desaloj\u00f3 a los estudiantes, detuvo a dirigentes y clausur\u00f3 aquel espacio de alojamiento y organizaci\u00f3n estudiantil.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No fue s\u00f3lo el cierre de un edificio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al desaparecer el internado tambi\u00e9n se golpe\u00f3 la estructura material que permit\u00eda estudiar a j\u00f3venes sin recursos y se desarticul\u00f3 un movimiento que hab\u00eda desafiado la autoridad presidencial. Donde el gobierno pudo haber abierto una mesa de negociaci\u00f3n, decidi\u00f3 enviar soldados. La respuesta a una demanda educativa termin\u00f3 convertida en un problema de seguridad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Conviene hacer una precisi\u00f3n hist\u00f3rica. El internado fue el centro de la ocupaci\u00f3n militar de aquella madrugada; posteriormente, el gobierno clausur\u00f3 tambi\u00e9n los comedores y desmont\u00f3 buena parte del sistema asistencial que permit\u00eda estudiar a j\u00f3venes de escasos recursos. La diferencia importa: no se trat\u00f3 solamente de desalojar dormitorios, sino de desarticular una forma de vida estudiantil y organizaci\u00f3n colectiva.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La ocupaci\u00f3n de 1956 no tuvo la dimensi\u00f3n sangrienta que alcanzar\u00edan otros episodios represivos, pero dej\u00f3 una advertencia. Doce a\u00f1os antes de Tlatelolco, el poder ya hab\u00eda aprendido a mirar a los estudiantes como una amenaza al orden y a utilizar a las Fuerzas Armadas dentro de los espacios educativos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La escuela deb\u00eda formar ciudadanos; el gobierno prefiri\u00f3 tratar a algunos de ellos como adversarios.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El tercer rostro apareci\u00f3 en la sierra de Chihuahua.<\/div>\n<div>En la madrugada del 23 de septiembre de 1965, un peque\u00f1o grupo integrado por maestros, estudiantes y campesinos intent\u00f3 tomar el cuartel militar de Ciudad Madera. Entre sus dirigentes estaban Arturo G\u00e1miz Garc\u00eda, profesor normalista, y Pablo G\u00f3mez Ram\u00edrez, m\u00e9dico y maestro. No hab\u00edan llegado a las armas desde la comodidad de un escritorio. Proced\u00edan de a\u00f1os de conflictos agrarios, invasiones de tierras, denuncias contra caciques y enfrentamientos con autoridades que proteg\u00edan grandes propiedades forestales y ganaderas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Grupo Popular Guerrillero consider\u00f3 agotadas las v\u00edas legales. Esa conclusi\u00f3n explica su decisi\u00f3n, pero no obliga a idealizarla. Tomar las armas siempre abre una puerta por la que entran la muerte, el miedo y consecuencias que nadie controla por completo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El plan original contemplaba la participaci\u00f3n de un contingente mayor, pero solamente trece insurgentes llegaron a participar directamente en el ataque: uno de los grupos previstos no pudo arribar debido a las condiciones del camino y otro se retir\u00f3 al no encontrar los contactos acordados. Frente a ellos se encontraba una guarnici\u00f3n de aproximadamente 125 militares. La acci\u00f3n fracas\u00f3. Ocho guerrilleros murieron, entre ellos Arturo G\u00e1miz y Pablo G\u00f3mez; tambi\u00e9n perdieron la vida seis soldados.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s del combate, los cuerpos de los insurgentes fueron exhibidos como escarmiento y sepultados en una fosa com\u00fan. La intenci\u00f3n no era \u00fanicamente derrotarlos. Hab\u00eda que enviar un mensaje a quienes pensaran seguir su camino.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero los muertos, a veces, adquieren una voz que el poder ya no puede callar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Madera se convirti\u00f3 en referencia para los movimientos armados que surgieron posteriormente en M\u00e9xico. Su fecha qued\u00f3 incorporada incluso al nombre de la Liga Comunista 23 de Septiembre, constituida en 1973. No eran la misma organizaci\u00f3n: el grupo de G\u00e1miz hab\u00eda actuado ocho a\u00f1os antes y ten\u00eda ra\u00edces principalmente agrarias y regionales. La Liga reuni\u00f3 despu\u00e9s a diversas agrupaciones clandestinas de orientaci\u00f3n socialista. Las uni\u00f3, entre otras cosas, la memoria de aquella derrota en Chihuahua.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed, el Ej\u00e9rcito que en 1948 recibi\u00f3 un nombre destinado a identificarlo con todo M\u00e9xico apareci\u00f3 en 1956 dentro de una instituci\u00f3n educativa y, en 1965, frente a mexicanos que hab\u00edan decidido combatir al Estado con las armas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido entre una fecha y otra?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El llamado milagro mexicano mostraba crecimiento econ\u00f3mico y estabilidad pol\u00edtica, pero debajo de esa superficie persist\u00edan la desigualdad, la concentraci\u00f3n de la tierra, el autoritarismo sindical y la ausencia de competencia democr\u00e1tica. El r\u00e9gimen ofrec\u00eda progreso, siempre que nadie cuestionara qui\u00e9n lo administraba. Cuando campesinos, ferrocarrileros, maestros, m\u00e9dicos o estudiantes rebasaban los l\u00edmites tolerados, el di\u00e1logo sol\u00eda terminar donde comenzaba la fuerza p\u00fablica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ni el Ej\u00e9rcito actuaba por cuenta propia en todos esos conflictos ni los gobiernos pod\u00edan lavarse las manos atribuyendo los abusos a los soldados. La instituci\u00f3n armada era empleada por presidentes y autoridades civiles para contener problemas que la pol\u00edtica no hab\u00eda querido o no hab\u00eda sabido resolver.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esa distinci\u00f3n resulta indispensable en 2026.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Durante los \u00faltimos a\u00f1os, las Fuerzas Armadas han recibido responsabilidades cada vez m\u00e1s amplias: seguridad p\u00fablica, vigilancia de fronteras y aduanas, construcci\u00f3n y administraci\u00f3n de infraestructura, entre otras tareas. Quienes defienden esa expansi\u00f3n destacan su disciplina, presencia territorial y capacidad operativa. Quienes la cuestionan advierten que normalizar la intervenci\u00f3n militar en asuntos civiles puede debilitar los controles democr\u00e1ticos, la transparencia y la rendici\u00f3n de cuentas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La discusi\u00f3n no debe reducirse a estar a favor o en contra del Ej\u00e9rcito. La pregunta verdaderamente democr\u00e1tica es otra: \u00bfqu\u00e9 tareas debe encomendarle el poder civil, bajo qu\u00e9 l\u00edmites, durante cu\u00e1nto tiempo y con qu\u00e9 mecanismos de vigilancia?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Una naci\u00f3n necesita Fuerzas Armadas capaces de defenderla. Tambi\u00e9n necesita gobiernos capaces de no utilizarlas como sustituto permanente de polic\u00edas, instituciones, negociadores, autoridades educativas o pol\u00edticas sociales. Cuando todo problema termina en manos de los militares, el fracaso no es necesariamente del Ej\u00e9rcito. Puede ser el fracaso de un Estado civil que renunci\u00f3 a cumplir sus propias responsabilidades.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Setenta y ocho a\u00f1os despu\u00e9s del cambio de nombre, setenta a\u00f1os despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n del internado polit\u00e9cnico y sesenta y un a\u00f1os despu\u00e9s del asalto a Madera, el 23 de septiembre conserva sus preguntas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 ocurre cuando un estudiante es visto como enemigo? \u00bfQu\u00e9 sucede cuando un campesino deja de creer en la ley? \u00bfQu\u00e9 responsabilidad tiene un gobierno que responde con soldados a una inconformidad que antes se neg\u00f3 a escuchar? \u00bfY qu\u00e9 l\u00edmites deben existir para que la obediencia militar nunca se convierta en refugio de la irresponsabilidad pol\u00edtica?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No hay una respuesta sencilla. Tampoco una sola memoria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1948 hubo un decreto que quiso darle al Ej\u00e9rcito una identidad nacional. En 1956, unos j\u00f3venes fueron despertados por soldados dentro de la escuela que les hab\u00eda prometido un futuro. En 1965, otros maestros y campesinos amanecieron frente a un cuartel convencidos de que ya no les quedaba ninguna puerta institucional por tocar.<\/div>\n<div>Tres ma\u00f1anas. Tres rostros del poder. Una misma fecha.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los nombres pueden cambiar por decreto. Las heridas de una naci\u00f3n, en cambio, s\u00f3lo empiezan a cambiar cuando se las mira de frente. El 23 de septiembre no pertenece \u00fanicamente al Ej\u00e9rcito ni a quienes empu\u00f1aron las armas contra \u00e9l. Pertenece a la memoria de un pa\u00eds que todav\u00eda debe aprender a resolver sus conflictos antes de que la pol\u00edtica sea sustituida por los fusiles.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BIT\u00c1CORA INQUIETA En torno a una misma fecha, el Ej\u00e9rcito cambi\u00f3 de nombre, entr\u00f3 a una escuela y fue atacado por una guerrilla. 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