{"id":55559,"date":"2022-09-30T13:41:30","date_gmt":"2022-09-30T19:41:30","guid":{"rendered":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=55559"},"modified":"2022-09-30T13:41:30","modified_gmt":"2022-09-30T19:41:30","slug":"los-terremotos-de-alla-y-los-que-ya-amenazan-aca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ovelanalista.com\/?p=55559","title":{"rendered":"Los terremotos de all\u00e1 y los que ya amenazan ac\u00e1"},"content":{"rendered":"<p>Experiencias directas y a la distancia<\/p>\n<p><strong>FRANCISCO CHIQUETE<\/strong><\/p>\n<p>Desesperaci\u00f3n. Antes que el miedo aparece la desesperaci\u00f3n por salir, por escapar de las paredes que se mueven amenazantes. El piso se escabulle, cruje y no sabes de d\u00f3nde viene el ruido, que al final te envuelve. Cuando tomas conciencia de que es un temblor, por instinto buscas la calle, pero no avanzas o sientes que no lo haces.<br \/>\nAquel 14 de marzo de 1979, a un mes de haber llegado a la Ciudad de M\u00e9xico, me despert\u00f3 un ruido insistente que en mi sue\u00f1o atribu\u00ed a una fuga de agua en el techo. Cuando consegu\u00ed despertar vi que era la puerta de la rec\u00e1mara, que azotaba contra el marco y luch\u00e9 por levantarme. El piso se me hund\u00eda a cada paso, as\u00ed que dur\u00e9 una eternidad para llegar a la entrada. Ya en el pasillo me encontr\u00e9 con Roberto, el titular del departamento que rent\u00e1bamos entre varios. \u00c9l me calm\u00f3, evitando que saliera a la calle, donde hab\u00eda m\u00e1s peligro por los cables, postes y \u00e1rboles.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente llegaron las noticias: el terremoto derrumb\u00f3 instalaciones de la Universidad Iberoamericana, afect\u00f3 a varios edificios de Avenida Ju\u00e1rez, oblig\u00f3 a sacar de operaciones al Cine Robles, ubicado en un alto edificio de Paseo de la Reforma, frente al c\u00e9lebre hotel de ese nombre. No volvi\u00f3 a haber funciones sino hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando el terreno fue aprovechado para construir la nueva sede del Senado de la Rep\u00fablica.<br \/>\nEn la colonia del Valle, donde viv\u00eda, no hubo ning\u00fan problema, excepto la falta de energ\u00eda el\u00e9ctrica por dos d\u00edas. Pero yo s\u00ed deb\u00ed enfrentar una secuela que me dur\u00f3 tres o cuatro meses: en cuanto me acostaba, sent\u00eda que la cama volv\u00eda a moverse. Lo super\u00e9 cuando conoc\u00ed la legendaria t\u00e9cnica para cortar la borrachera: \u201chaz tierra\u201d, le aconsejaron a alguien y yo lo puse en pr\u00e1ctica para mi padecimiento particular. Tocando piso o paredes, el bamboleo se iba.<br \/>\nMeses despu\u00e9s repet\u00ed la experiencia: el primero de noviembre de 1979 volvi\u00f3 a temblar de noche. No supe si fue menos intenso o la experiencia me dio armas para alarmarme menos, el caso es que ya ni siquiera percib\u00ed la r\u00e9plica, que fue igual de intensa. Esa madrugada ten\u00eda que llegar temprano al aeropuerto porque ten\u00eda gira presidencial por el estado de Colima, donde tomaba posesi\u00f3n la primera mujer que lleg\u00f3 a ser gobernadora de un estado, do\u00f1a Griselda \u00c1lvarez Ponce de Le\u00f3n.<br \/>\nImpresionados por la experiencia, los integrantes de la fuente de Presidencia \u00edbamos callados al inicio del recorrido por las calles de rodaje, cuando lo tradicional era el cotorreo que rayaba en el bullyng. Normalmente volaban los cubreasientos, lanzados s\u00f3lo para hacer marco mientras dos o tres se afanaban en tirar los suyos a la cabeza de don Ramiro Navarro, viejo reportero de radio que portaba peluqu\u00edn. Nunca consiguieron tumb\u00e1rselo, y ese d\u00eda menos, porque a la impresi\u00f3n del temblor se sum\u00f3 la del accidente a\u00e9reo ocurrido en la madrugada previa: un avi\u00f3n procedente de Los \u00c1ngeles tom\u00f3 la pista equivocada (la 26 izquierda) y se estrell\u00f3 contra maquinaria pesada que hac\u00eda labores de reparaci\u00f3n. Hubo 72 v\u00edctimas en la aeronave, m\u00e1s un trabajador de tierra que tambi\u00e9n muri\u00f3. Pronto pasamos frente a los fierros retorcidos y nos quedamos congelados en nuestros lugares.<br \/>\nEn la jornada por Colima hubo varios detalles agradables que nos distrajeron de las malas experiencias. Para empezar, el chofer que transport\u00f3 al grupo se desvi\u00f3 un poco de la ruta que le trazaron, para llevarnos a ver el monumento al Rey Colim\u00e1n, signo de la orgullosa identidad del estado. Esa ma\u00f1ana el monumento apareci\u00f3 ataviado con un enorme mandil, en referencia a que desde ese d\u00eda, en el estado mandaba una mujer.<br \/>\nAl llegar, como en todas partes, nos obsequiaron un peque\u00f1o paquete con dulces locales y alguna peque\u00f1a artesan\u00eda, pero tambi\u00e9n ven\u00eda un paquete de litograf\u00edas con pinturas de Antonio Haas, intelectual mazatleco que adem\u00e1s escribi\u00f3 una dedicatoria en que encomiaba las grandes capacidades de do\u00f1a Griselda, lo mismo para armar grandes textos po\u00e9ticos que para gobernar un bello jard\u00edn como Colima.<br \/>\nAl regreso a la Ciudad de M\u00e9xico nos encontramos otra vez con la realidad: las noticias de da\u00f1os, v\u00edctimas, suspensi\u00f3n en el servicio de energ\u00eda el\u00e9ctrica por varios d\u00edas, pues las revisiones no alcanzaban a garantizar que todo el tendido estuviese en orden.<br \/>\nYa de regreso en Mazatl\u00e1n, oficialmente me declar\u00e9 a salvo de los temblores, pero la desgracia de 1985 afect\u00f3 a todo el pa\u00eds. Or la ma\u00f1ana de aquel 19 de septiembre vivimos un enorme vac\u00edo de informaci\u00f3n. Muchos vieron a la conductora Lourdes Guerrero comentar en el programa Hoy Mismo que estaba temblando, \u201cun poquito\u201d, que iban a guardar la calma y luego se interrumpi\u00f3 la transmisi\u00f3n por muchas horas.<br \/>\nNos fuimos enterando luego que el sismo arras\u00f3 con buena parte del centro hist\u00f3rico y cobr\u00f3 miles de vidas, que la sociedad rebas\u00f3 al gobierno y se organiz\u00f3 para buscar sobrevivientes, para rescatar cad\u00e1veres, para respaldar a los rescatadores, mientras las autoridades hac\u00edan torpes esfuerzos por evitar la movilizaci\u00f3n ciudadana.<br \/>\nCon las comunicaciones suspendidas, la Organizaci\u00f3n Editorial Mexicana avis\u00f3 a todos sus peri\u00f3dicos que por alguna raz\u00f3n misteriosa, su sistema de t\u00e9lex estaba vivo y operando, de modo que se ofrec\u00eda para servir de puente entre las personas del interior del pa\u00eds que quisiesen saber de sus familiares o cercanos que estuvieran en la capital.<br \/>\nLo ofrecimos en las p\u00e1ginas de El Sol del Pac\u00edfico y nos asignamos guardias para que el tel\u00e9fono tuviese siempre a alguien que contestara, a cualquier hora. Incluso el director Alfredo Arnold cubri\u00f3 sus turnos y tuvimos la satisfacci\u00f3n de enlazar a decenas y decenas de personas que enviaban sus mensajes y luego recib\u00edan la respuesta de los suyos, avisados all\u00e1 por la OEM en un servicio invaluable que se repiti\u00f3 en varios estados.<br \/>\nHubo muchos casos sin respuesta, pero el que m\u00e1s me impact\u00f3 fue el de una se\u00f1ora de edad, que me ped\u00eda angustiada comunicarla con su hijo, que no daba se\u00f1ales despu\u00e9s de varios d\u00edas. Cuando le pregunt\u00e9 d\u00f3nde viv\u00eda su hijo, para tratar de hacer llegar el mensaje, solt\u00f3 el llanto y me dijo Tlatelolco, edificio Nuevo Le\u00f3n. Ese fue uno de los s\u00edmbolos de la tragedia. Se desplom\u00f3 trag\u00e1ndose a familias enteras, lo sab\u00eda la angustiada madre y lo sab\u00eda yo, que no pude articular ni una palabra de consuelo o esperanza.<br \/>\nMatz, uno de mis compa\u00f1eros de trabajo en el Canal 11, muri\u00f3 en su departamento. Conservo el cartel dibujado por \u00e9l para el aniversario de los Noticieros Enlace, en que trabaj\u00e1bamos, yo como reportero, \u00e9l elaborando el cart\u00f3n editorial.<br \/>\nPol\u00edticos y amigos locales vivieron esas horas de angustia. Antonio Robles S\u00e1nchez, periodista por tradici\u00f3n familiar, estaba en la capital recibiendo un curso de OEM, y aunque estaba hospedado en la zona m\u00e1s afectada, logr\u00f3 regresar con bien.<br \/>\nNo as\u00ed don Francisco Lem, un estimado comerciante que fue feliz al DF junto con su esposa, para ayudar a una hija que andaba en trabajo de parto. Su recuerdo siempre ensombrec\u00eda las tertulias de El Avante, donde hac\u00eda mesa con Rafael Franco, Lope Saracho, el profe y muchos otros contertulios.<br \/>\nUn Conalep colaps\u00f3 y mat\u00f3 a todo su alumnado, que ten\u00eda quince minutos en clases. Elena Poniatowska rescata en su libro Nada, nadie, las voces de sobrevivientes, de rescatistas y sobre todo las historias de costureras sometidas a reg\u00edmenes de esclavitud, que dieron la vida por empleos precarios de sueldos infames y tareas inacabables, entre hacinamientos que hicieron imposible la huida. Remover escombros era tambi\u00e9n remover abusos, excesos, irresponsabilidades.<br \/>\nEn 1986 regres\u00e9 all\u00e1, por primera vez despu\u00e9s del terremoto. Hab\u00eda visto las im\u00e1genes en fotos y videos de los edificios destruidos, los espacios vac\u00edos, los peque\u00f1os parques surgidos donde hubo un derrumbe, y que m\u00e1s parec\u00edan jardines funerarios. Pero nada de ello me prepar\u00f3 para la sorpresa de ver bald\u00edo el terreno del Hotel Regis, en cuyos derredores me pasaba tardes y noches para no llegar a encerrarme solo al departamento de la Del Valle. En ese hotel encontraba siempre a alg\u00fan conocido del terru\u00f1o, o me pasaba enfrente, al Hotel del Prado, para tomarme un refresco mientras contemplaba el mural de Diego Rivera Sue\u00f1o de una tarde dominical en la Alameda Central, o me extend\u00eda a la librer\u00eda del PMT, o me met\u00eda a los cines de los alrededores. Todo estaba derrumbado o abandonado. El Hotel Continental, en cuyo \u00faltimo piso se presentaba Olga Breeskin y en cuyo s\u00f3tano operaba el Club de Corresponsales Extranjeros, parec\u00eda un enorme pastel desinflado. Hab\u00edan pasado siete meses de la desgracia y los fantasmas de la tristeza y el drama lo segu\u00edan cubriendo todo.<br \/>\nEl regreso fue tambi\u00e9n muy impactante. Por el camino al aeropuerto hab\u00eda muchas villas de cart\u00f3n creadas para albergar a los desplazados por los derrumbes. Para 1988 esa gente segu\u00eda ah\u00ed, esperando la respuesta que les postergaban una y otra vez.<br \/>\nUna tarde de 1986 o 1987, el sill\u00f3n de mi casa en que estaba sentado se sacudi\u00f3. Me levant\u00e9 extra\u00f1ado y lo mov\u00ed para buscar alguna anomal\u00eda, pero no la hubo. Incr\u00e9dulo fui al patio y le pregunt\u00e9 a Ofelia si hab\u00eda sentido un temblor, pero no. A los minutos me llam\u00f3 Enrique Vega para saber si nosotros lo hab\u00edamos notado. Su experiencia en el DF tambi\u00e9n le permiti\u00f3 identificarlo. Oficialmente hubo un registro que alcanz\u00f3 algo as\u00ed como 4.3 grados richter.<br \/>\nEl 19 de septiembre de 2017, estaba trabajando en el Congreso del Estado, a donde llegaron las noticias de un segundo temblor en la misma fecha. Al contrario del 85, el exceso de comunicaciones hizo m\u00e1s dram\u00e1tico el momento. En tiempo real nos llegaban a todos videos de edificios derrumb\u00e1ndose como castillos de naipes, de gente aterrorizada que hu\u00eda de los escombros que sal\u00edan disparados por los aires. La incredulidad y la impotencia fueron todav\u00eda m\u00e1s agudas que con aquel apag\u00f3n informativo que ocurri\u00f3 32 a\u00f1os atr\u00e1s.<br \/>\nUn tercer 19 de setiembre volvimos a tener noticias de otro temblor. Paco, mi hijo, se apresur\u00f3 a llamar para avisar que hab\u00edan evacuado la planta en que trabaja por un terremoto que \u201cse sinti\u00f3 mach\u00edn\u201d, pero que estaba bien, que no nos preocup\u00e1ramos, que al parecer no hab\u00eda pasado nada en la ciudad.<br \/>\nPor supuesto, ha habido muchos otros temblores del que las redes sociales y la televisi\u00f3n nos dan cuenta inmediata. En nuestro estado ya son hasta frecuentes los sismos en Los Mochis y un poco menos en Culiac\u00e1n; los que ocurren en Mazatl\u00e1n son poco perceptibles, pero son una realidad a la que debemos acostumbrarnos. Ya no son experiencias ex\u00f3ticas de los que viajan, sino una amenaza que se extiende.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Experiencias directas y a la distancia FRANCISCO CHIQUETE Desesperaci\u00f3n. Antes que el miedo aparece la desesperaci\u00f3n por salir, por escapar de las paredes que se mueven amenazantes. El piso se escabulle, cruje y no sabes de d\u00f3nde viene el ruido, que al final te envuelve. Cuando tomas conciencia de que es un temblor, por instinto buscas la calle, pero no avanzas o sientes que no lo haces. 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