ÍNDICE POLÍTICO

FRANCISCO RODRÍGUEZ

 

Al partido en el poder lo fundó Plutarco Elías Calles el 4 de marzo de 1929 con el nombre de Partido Nacional Revolucionario. Lázaro Cárdenas lo rebautizó en 1938: Partido de la Revolución Mexicana. Para 1946, por obra y gracia de Miguel Alemán, comenzamos a llamarlo Partido Revolucionario Institucional. Y en 2011 Andrés Manuel López Obrador comenzó a decirle Movimiento de Regeneración Nacional.

Es el mismo de siempre. Solo ha cambiado de nombre y de nomenklaturas, pero esencialmente no ha evolucionado para bien de la población.

Su misión en el sistema nunca ha sido la de partido mayoritario, generador de cuadros de primer nivel para el servicio administrativo. No ha cubierto ese flanco. Es más bien un aparador de conveniencia para echarle la culpa de los fracasos, un cajón de sastre para justificar cualquier ocurrencia de candidatos o programas hechizos.

Fundamentalmente, su tarea consiste en generar los protocolos necesarios para contener los salarios y las jornadas de trabajo, justificar y administrar la parálisis del campo, proteger los apapachos a la inversión extranjera de cualquier género y aplaudir la tutela gubernamental para suplir las deficiencias de los empresarios apodados nylon.

Eso que algunos llamaron desarrollo estabilizador, duró muy poco. Alrededor de doce años caracterizados por el crecimiento anormal del Producto Interno Bruto, control inflacionario, concesiones tarifarias, cierre de fronteras para premiar a los capitalistas nacionales, ausencia de huelgas, control social a cargo de los trabajadores y los salarios para sus familias.

Como se le quiera ver, el PNR-PRM-PRI-Morena es un aparato de contención social de perfiles premodernos; aunque hoy ni eso. Un partido al servicio del capitalismo de Estado y de sus empresarios más agradecidos, tipo el cada vez más enriquecido Carlos Slim. A lo sumo, un eficaz movilizador electoral y animador de los acarreos icónicos. La sal de la tierra para los porristas nacionales.

 

Antes con CTM, hoy con CATEM infiltró al obrerismo

Con la mano izquierda ha alentado el aparato de control social. Brinda como resultado idea de una aldea pacífica, mientras con la mano derecha favorece con multimillonarios contratos a los exponente$ más conspicuos del neoliberalismo al que a diario se condena en las mentiñeras.

Con Morena, desde 1946 –cuando se llamaba PRI– se prohijaron las formaciones del sindicalismo mexicano. Su crecimiento corre parejo a todas las formas de control obrero. Desde que, durante el período ruizcortinista, se organizó el Bloque de Unidad Obrera, bajo la sombra de la CTM, como ahora lo hace con la CATEM.

A través de la central sindical el sistema infiltra a todas las organizaciones obreras. La CGT, la CROM, los sindicatos de electricistas, mineros, tranviarios, ferrocarrileros y telefonistas. Al grado de que, cuando en 1951, a finales de su sexenio, Miguel Alemán hizo saber de sus deseos reeleccionistas, Fidel Velázquez lo nombró “el obrero de la patria”, título que hoy le falta al llamado “mesías tropical”, porque Pedro Haces se ha visto lento.

El despegue del desarrollo estabilizador se da al mismo tiempo que la mayor represión obrera iniciada con la violencia gubernamental contra el Movimiento Revolucionario del Magisterio, que exigía autonomía sindical para los maestros de las primarias en el D.F., la famosa sección 9, a cargo de Othón Salazar.

Las huelgas de ferrocarrileros, universitarios, petroleros, telegráficas y burócratas inconformes acompañaron contra la represión a los maestros. Eso era veneno para el priísmo-morenismo y el sistema. Las formaciones oficiales habían sido confeccionadas para amenazar, controlar, reprimir, nunca negociar y tampoco dialogar, ni en privado, ni menos públicamente.

 

Acotan las aspiraciones obreras y de clases medias

‎Al interior del aparato represor del PRI-Morena, lo que se les ocurrió es todavía una joya del sistema del subdesarrollo: crear una entelequia llamada Bloque de Unidad Obrera, BUO, antecedente directo del pseudópodo llamado Congreso del Trabajo, al parecer ya desaparecido. Su misión era jalar a todos, para reprimirlos posteriormente y hacer triunfar las razones del gobiernito.

Bajo la mascarada de los “pactos obreros de no agresión”, hicieron una faramalla monumental de simulación obrera, para alcanzar todos los fines económicos del desarrollo estabilizador.‎ Seguir manteniendo el poder a base de ganar todos los tiempos, de ahogar todas las reivindicaciones y protestas. Fidel Velázquez, como pontífice del aparato sindical, tal cual ahora lo es Haces.

Los más obedientes, apapachados hasta el extremo por el sistema, se ganaron el remoquete de “charros”, herederos de las peores conductas de los esquiroles y reventadoras del mal recordado Charro Díaz de León, el campeón de la chaqueta, hijo predilecto del alemanismo.

Los peores rasgos del autoritarismo de las centrales obreras, fueron adoptadas igualmente para el control del sector campesino, y de las pautas para lograr idénticos resultados entre las clases medias, el sector popular, hoy atiborrado de ejecutores premiados con liderazgos por el Estado fallido y antipopular.

Ni “carro completo” ni deportivo bien aceitado

‎Las últimas casi diez décadas de existencia del PRI-Morena y sus adláteres han sido los testimonios de un aparato al servicio de oligarquías criollas ajenas a las causas de la Nación, aunque en las mentiñeras de la señora Claudia Sheinbaum –¿primera priísta-morenista del país?– se repita con una constancia digna de mejores causas que México es un país libre, independiente y soberano.

Quienes crean que eso ha cambiado, se equivocan de cabo a rabo. Son los mismos de siempre, ahora bajo la gélida inspiración de los cuatroteros ignorantes.

Un partido, PRI-Morena, que con todo el apoyo de los medios radioeléctricos e impresos, los mecanismos publicitarios, los poderes estatales y los presupuestos públicos, sigue representando a una minoría ciudadana, pues no puede juntar más de un veinte por ciento de votos, del sesenta por ciento que acuden a las urnas. El mismo voto duro que tiene desde hace 50 años. Es decir, nada.

Con una enorme diferencia en desventaja: hace mucho que no tiene el arrojo ni el morro para enfrentar la calle sin “acarreos”, menos desde que fue infiltrado por las pendencieras ambiciones de Manuel Bartlett, Adán López, Andy el hijo de YSQ, Gerardo F. Noroña, entre varios más, quienes le han quitado al casi centenario partido en el poder hasta el modito de andar.

Nadie apuesta a que logre convencer un votante nuevo para su objetivo electoral, sobre todo tras la corrupción desatada desde el hipócrita sexenio anterior que se decía iba a combatirla y, lamentablemente, por la pésima gestión que hasta ahora ha desplegado la señora Claudia Sheinbaum.

PRI-Morena ya no es la aplanadora que consigue el “carro completo” con el que sueña AMLO desde Casa “La Chingada”, ni el carro deportivo con maquinaria bien aceitada al que se refieren sus panegiristas. Se trata de un vetusto aparato de dominación al que ya se le acabó el gas y al que sólo le queda recurrir al tolete.

Los cuatroteros juegan ‎en un campo incierto que no pueden conocer, pues sus vidas no han incursionado ni por equivocación en las lides políticas. Fuera del moche, para ellos todo lo demás es irrelevante.

¡Feliz 97 aniversario, PRI-Morena!

 

Indicios

No existe una cifra única y oficial sobre cuántos priistas ocupan “altos cargos” en Morena, ya que la incorporación de exmilitantes del Partido Revolucionario Institucional ha sido un proceso continuo durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y se consolidó en la campaña de Claudia Sheinbaum de 2024. Sin embargo, reportes de 2023 y 2024 señalan una integración masiva: Más de 150 expriistas, expanistas y experredistas se sumaron a la coalición de Sheinbaum antes de la elección de 2024. Algunos informes periodísticos han mencionado incluso que, a nivel de estructuras locales y nuevas alianzas, exmilitantes del “PRIAN” ocupan un lugar significativo, formando lo que algunos opositores llaman “alianza progresista” o “neomorenistas”. * * * Es todo por hoy. Reconozco, como siempre, que haya usted leído este Índice Político. Le deseo, asimismo, ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

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