El campo sinaloense frente a su encrucijada: crisis, riesgos y oportunidades
Daniel Elizondo de la Torre |
En Sinaloa, hablar de agricultura es hablar de identidad. El campo no sólo alimenta a millones de mexicanos, también sostiene miles de empleos y define buena parte de la vida social y económica del estado. Por ello, el conversatorio ciudadano “El Futuro Agrícola de Sinaloa: ¿Hacia dónde y cómo?” dejó claro que la agricultura sinaloense se encuentra en una encrucijada: o se transforma con visión de largo plazo, o seguirá atrapada en políticas erráticas, bajos precios y una violencia que amenaza con frenar toda actividad productiva.
El empresario agrícola Sergio Esquer expuso con crudeza una de las grandes fallas: desde 2018 desaparecieron esquemas como la agricultura por contrato y el precio objetivo, lo que dejó a los productores sembrando sin certeza de a cuánto ni a quién vender. Advirtiendo que “hoy sembramos sin saber a cuánto ni a quién vamos a vender. Esa incertidumbre destruye confianza y nos pone en desventaja frente a países donde sí hay subsidios y planeación”. Mientras Estados Unidos actualiza cada cinco años su Ley Agrícola para proteger a sus productores, en México se permitió la importación masiva que hunde precios y desincentiva la inversión. El dato es contundente: este año se produjeron 3.2 millones de toneladas de maíz, pero con precios tan bajos que la rentabilidad quedó comprometida.
Por su parte, la economista Cristina Ibarra añadió que la situación es más profunda: en 2019, las actividades primarias de Sinaloa generaban más de 51 mil millones de pesos, pero hacia 2024 ya se había registrado una caída del 9 por ciento. Además, en 2022 había 92 mil empleos formales en el sector agrícola, cifra que hoy es considerablemente menor. Ibarra advirtió que la falta de orden en el manejo del agua amenaza con regresar al estado “20 años atrás”. Y tiene razón: Sinaloa es uno de los estados con mayor consumo hídrico del País, pero sin una estrategia clara de registro y distribución.
Por su parte, David Careaga, director de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, intervino con un enfoque humanista, reconoció el trabajo de la Fundación ProFamilia, creada en 2006, que durante la temporada 2024-2025 atendió a más de 35 mil personas en 91 campos agrícolas, ofreciendo servicios básicos como salud, habitación y alimentación. Gracias a este esfuerzo, más de 19 mil niños fueron incorporados a escuelas regulares, reduciendo la mano de obra infantil. Concluyendo que la responsabilidad social es tan importante como la producción.
Productores como Roberto Félix Menchaca, Sergio Álvarez y Juan Habermann coincidieron en que el futuro agrícola sinaloense exige innovación, valor agregado y diversificación de cultivos. La competitividad global ya no depende solo de volumen, sino de certificaciones, agroindustria y la capacidad de abrir mercados con alimentos especializados. Habermann advirtió, además, que la violencia prolongada en Sinaloa ha convertido la labor agrícola en una actividad de alto riesgo, compartiendo que hoy salir al campo es un volado; no sabemos si regresaremos, si nos van a robar el carro o qué va a pasar. La inseguridad se ha vuelto un factor adicional que golpea la producción y la economía regional.
En el tercer bloque, César Valenzuela y Enrique Riveros fueron claros: el reto central es lograr que la agricultura sinaloense sea sostenible y rentable en el largo plazo. Riveros, ex presidente de la AARC y consejero de Coparmex Sinaloa, planteó un plan integral de tres etapas: primero, un proyecto ejecutivo con objetivos claros y aliados estratégicos; segundo, un diagnóstico realista que contemple factores económicos, hídricos y de políticas públicas; y tercero, un plan de acción con indicadores y responsables definidos. Su propuesta se sustenta en cinco pilares: conservación de recursos, productividad, rentabilidad, eficiencia y sostenibilidad. Y ejemplificó de manera muy atinada la necesidad de aplicar los pilares en los que sustenta su plan mencionando lo siguiente: “si el doctor nos receta cinco medicamentos: tenemos que tomarlos todos, no sólo uno”.
La frase de Riveros resume la urgencia: el campo sinaloense no puede seguir dependiendo de parches o soluciones parciales. La rentabilidad y la sustentabilidad deben ir de la mano.
Por su parte, Roberto Bazúa, actual presidente de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, subrayó que la situación actual es crítica y que hoy el sector agrícola está mal, desprotegido, abandonado, viviendo una falta de atención gubernamental.
La conclusión es clara: el campo sinaloense enfrenta precios bajos, inseguridad, escasez de agua y falta de políticas públicas que lo respalden. Pero también tiene fortalezas: experiencia, infraestructura, clima favorable y un liderazgo histórico en producción y calidad. La pregunta no es si Sinaloa puede, sino si está dispuesto a reinventarse y dar los pasos que se tengan que dar.
Las crisis, aunque dolorosas, también abren oportunidades. Quizá este sea el momento de que Sinaloa trace un nuevo rumbo, con un modelo agrícola que no sólo siembre y coseche, sino que también garantice rentabilidad y competitividad.
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El autor es abogado, profesor de Derecho, actualmente director de Coparmex Sinaloa.
danielelizondot@gmail.com
Con información de Noroeste