Tras la guerra que libran los herederos del cártel por el control del mismo, los habitantes del estado demandan fin a la violencia para recuperar sus actividades ordinarias.

Marco Santos

Culiacán, Sin._ La dinastía Guzmán en el narcotráfico sigue presente, muchos dicen que mermada, pero con el mismo protagonismo letal en Sinaloa y en gran parte de México.

Desde la última captura de Joaquín Guzmán LoeraEl Chapo, aquel 8 de enero de 2016 por fuerzas especiales de la Secretaría de Marina en Los Mochis, el mapa del crimen organizado en la entidad cambia de rostros, mandos, pero la metodología sanguinaria está intacta, ahora con escenarios de guerra.

El denominado enemigo público “number one” de Chicago, como lo fue Al Capone en los años 20 del siglo pasadoya no está más y el grupo criminal que lideraba no tiene quizá la misma fuerza de aquel modelo sinaloense que se impuso durante años, con ayuda de los gobiernos en turno, al resto de los cárteles mexicanos.

El Chapo se negó a mantenerse con bajo perfil y eso fue uno de los factores que jugó en su contra, pero construyó un impero que sus hijos algún día buscarían encabezar.

¿Quién no recuerda aquella entrevista que dio en octubre de 2015 en exclusiva al actor Sean Penn para la revista Rolling Stone, la cual se publicó en 2016 tras su captura? Por cierto, en una reserva ecológica de la UAS en Cosalá.

Ahora preso y condenado a pagar cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad en Colorado, EUA, el ex capo sinaloense ha denunciado malos tratos de las autoridades penitenciarias.

Su auge, en 12 años de gobiernos panistas respaldado por un ex secretario de estado condenado en Estados Unidos por narcotráfico, confirmó las complicidades políticas al servicio de la industria criminal.

En este escenario, tras los hechos que cimbraron a México aquel 25 de julio de 2024, con el secuestro de Ismael Zambada García por parte de un hijo del propio Chapo Guzmán para trasladarlo a la Unión Americana, Sinaloa se reconfiguró en un dolor constante.

Muchas familias decidieron marcharse del estado para no sufrir daños, incluso, pensando en no volver jamás.

El caos se desató y el cártel sinaloense se convirtió en dos fuerzas antagónicas que pelean aún para exterminarse.

El manual de guerra psicológica se empezó a construir desde el otro lado de la frontera¿para qué pelearse con el Cártel de Sinaloa, si se puede hacer que sus integrantes se peleen entre sí?

Sinaloa lleva sumido 16 meses en una mal llamada “narcoguerra” protagonizada por los herederos de ambos clanes: Mayos y Chapos.

Sus saldos abominables no sólo han dejado muertos, desaparecidos, desplazados, daños patrimoniales, han sometido a los ciudadanos y las actividades sociales y económicas son la crisis más profunda en términos de crecimiento y desarrollo.

Lleno de militares y policías federales, el estado no parece encontrar la paz que sus habitantes demandan y merecen.

Las autoridades estatales y federales con sus operativos no han podido contener una violencia cada vez más absurda en términos de convivencia humana.

El capo no está, pero su huella está vigente.

Con información de El Sol de Sinaloa

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