El doble problema de nuestro país
DOMINGRILLA
El doble problema de nuestro país; cifras de la violencia; el vicefiscal estelar
FRANCISCO CHIQUETE
México está en un problema muy severo. Un problema doble: el de un presidente norteamericano que presiona y presiona con la amenaza de una intervención unilateral para “enfrentar al narco”; y la del propio narco, que si bien no gobierna enteramente al país, como sostiene Donald Trump, sí tiene una fuerte presencia que interfiere con las instituciones.
Trump es cada vez más claro en su empeño por enviar tropas a México, y después de “la extracción” de Maduro en Venezuela, todos sentimos que no se trata sólo de presiones políticas, sino de proyectos anticipados para generar el ambiente que naturalice el hecho, cuando llegue a ocurrir.
Es evidente que al presidente de los Estados Unidos de América no le importan los marcos legales internacionales, y en buena medida ni siquiera los de su propia nación, lo que deja al resto del mundo en indefensión absoluta.
Pero además, hay una parte importante de la opinión pública que se va por la salida fácil de (esa intervención) “es la única opción porque el gobierno no puede solo”. Cuando Trump empezó a amenazar, hubo muchos analistas que llegaron a sugerir que México se allanara a la presencia militar, bajo un esquema compartido, de acuerdos internacionales.
Sin embargo, el primer resultado de la “extracción” de maduro debe generar una reconsideración de esas ideas. Nosotros vamos a administrar, dijo Trump refiriéndose a Venezuela, y de inmediato dio a conocer la compra de 50 millones de barriles de petróleo, cuyos resultados económicos serían distribuidos de acuerdo con el criterio gringo, y utilizados en adquisiciones de productos estadunidenses, exclusivamente.
¿Es posible que venga una incursión gringa para llevarse al Mencho o a los Chapitos o al Mayito, y luego se regresen a sus casas como si nada hubiese pasado? Seguramente querrán quedarse a garantizar la aplicación de sus leyes, garantía que el gobierno mexicano no ha podido cumplir.
Por desgracia los malos resultados en el combate al crimen organizado han predispuesto a muchos mexicanos contra el gobierno mexicano, corriente que además aprueba lo acontecido con Nicolás Maduro,
No es fácil alcanzar conclusiones definitivas enese caso. Nadie en su sano juicio puede defender a Maduro. El decreto dejado para reprimir a los que apoyen una intervención gringa, es una muestra de la calaña de ese sujeto y de ese gobierno dictatorial.
Pero una cosa es condenar a Maduro y al régimen “bolivariano” que ha empobrecido a su país y llevado al exilio a millones de personas, y otra es ver con indiferencia cómo un gobierno, basado en su poder, se brinca los ordenamientos legales internacionales, a partir de lo cual puede intervenir en México o en Groelandia, como ha advertido, o en cualquier otro punto del planeta.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido mucho en que México es un país soberano, que coopera de igual a igual. Ese es un buen discurso para el consumo doméstico, pero poco efectivo frente al personaje de Trump, que no sólo amenaza porque “es su forma de comunicar”, sino porque efectivamente tiene el propósito de cumplir.
Si multitudes en el mundo festejaron que Trump se llevara a Nicolás Maduro, millones también considerarían positiva una incursión contra los narcos a los que no se les ha podido echar guante, y que en su momento recibieron abrazos y no balazos.
Una primera medida para enfrentar positivamente esas amenazas tendría que ser transparentar el combate al crimen organizado. No se puede seguir cubriendo las malas prácticas del gobierno anterior, por mucho cariño que se tenga al patriarca macuspano. La presidenta tiene que hablar con claridad respecto de los problemas que heredó y que tienen al país en condiciones muy lamentables,
AVANCES REALES Y
CIFRAS FANTASIOSAS
Nadie puede negar el cambio en la política de combate al narcotráfico. Andrés Manuel López Obrador aseveraba enfáticamente que en México no existía el fentanilo cuando el mundo conocía la realidad, además, se empeñaba en defender los derechos humanos de los delincuentes por encima de las víctimas, y muchos otros despropósitos por el estilo.
A la llegada de Omar García Harfuch las fuerzas armadas dejaron de huir y de añadir muertes propias a las estadísticas. López Obrador encontraba condenable que el índice de letalidad de las fuerzas armadas fuese tan superior al que lograban los delincuentes.
Hoy las estadísticas se han invertido y aunque las fuerzas del orden no han podido rescatar territorios específicos, sí hay resultados importantes, sólo que no suficientes.
Pero de eso a pretender que la reducción de asesinatos vaya en camio de alcanzar un cincuenta por ciento, media una gran distancia.
En 2024, fueron asesinadas 33 mil 550 personas, y en 2025, apenas la semana antepasada, ese renglón se estableció en 20 mil 674. Una diferencia sustancial, que sería plausible si no se tratase de vidas humanas perdidas por hechos violentos y sobre todo, porque esos casos terminaron en la más absoluta impunidad.
Pero hay un elemento que lo distorsiona todo: se han acumulado 127 mil quinientas desapariciones forzadas de personas. El índice de esas desapariciones creció durante 2025 en un 12 por ciento. Por desgracia una inmensa mayoría de esos casos terminan en desapariciones definitivas, muy probablemente asesinatos.
Además hay elementos como la reclasificación de algunos casos: las muertes violentas de mujeres ya no son asesinatos, sino feminicidios, y se restan de los crímenes; las muertes en enfrentamientos ya no son asesinatos, sino bajas en el cumplimiento de su deber, y así muchos elementos que colaboran con las disminuciones.
Si se pretende enfrentar el problema y resolverlo, tiene que trabajarse a partir de la realidad.
ILUSO
A propósito de desapariciones, en Mazatlán se han dado muchos casos, algunos de ellos muy destacados, como el del joven duranguense Carfos N, y el de dos jóvenes mujeres sustraídas del estacionamiento de un centro comercial.
Ya es sabido que ante la exigencia de información por parte de familiares de las afectadas, el vicefiscal regional Isaac Aguayo Roacho echó de sus oficinas a los periodistas y todavía, desde las troneras de la prepotencia, los instó a irse, aunque fuesen a pedir su cambio.
Es hora que el señor Aguayo no resuelve uno solo de los casos emblemáticos que le ha tocado manejar; mucho menos los casos que no son tan visibles. Por ello ni los periodistas ni los ciudadanos pedirían que se le cambie.
La petición es que lo corran, aunque seguramente a la fiscal Claudia Zulema Sánchez Kondo la ineficiencia no le parezca un elemento suficiente.
LOS 80 QUE NO FUERON
Este sábado 10 de enero, Rafael Franco Zazueta habría cumplido ochenta años. Hace veinte, nos encontramos casualmente en los camellones de la avenida Alemán, y me invitó a estar pendiente porque los muchachos -sus hijos- le estaban preparando un festejo de cumpleaños.
¿Y cuántos cumple? -sesenta horribles años, dijo citando a Salvador Novo, reacio también cuando llegó a esa edad, aunque Rafael de inmediato repuso: -No tan horribles, sólo es que son muchos.
Rafael Franco fue una de las personas de mayor cultura que yo haya conocido. Fue un innovador en el periodismo, que supo combinar el rigor de la investigación con la aportación de la alta cultura y el humor corrosivo de la ironía. Su honestidad era tal, que como empresario impresor le preocupaba más cumplir con el fisco que alcanzar las metas de producción.
Lo recordamos con gran afecto y con ese afecto abrazamos a sus hijos, siempre pendientes de enaltecer su legado humano.

