LA URNA SITIADA
BITÁCORA INQUIETA
Jesús Octavio Milán Gil
Cuando el árbitro cae, la democracia no muere de golpe: se desangra elección tras elección.
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I. El día en que el voto dejó de ser suficiente
Una reforma electoral que reduce las facultades de los órganos que organizan, vigilan y sancionan las elecciones no es una modificación administrativa, es un acto de poder, es una decisión política que redefine quién gana antes de que se cuente el primer voto.
Cuando se limita la capacidad operativa del INE y de los órganos electorales locales; cuando se restringe la competencia, se recorta la fiscalización, se acotan las impugnaciones y se debilita la estructura territorial que garantiza elecciones limpias, no estamos ante un ahorro: estamos ante un cambio de régimen electoral.
Las democracias modernas no mueren por tanques en la calle. Mueren cuando el árbitro es amarrado y la cancha inclinada.
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II. Antecedentes históricos
México ya conoce este camino, México vivió durante más de siete décadas bajo un sistema de elecciones controladas. El PRI no ganaba porque fuera mayoritario: ganaba porque organizaba las elecciones.
La Comisión Federal Electoral, subordinada al gobierno, permitía:
– Manipulación de padrones
– Uso de recursos públicos
– Compra de votos
– Anulación selectiva
– Fraudes técnicos
La elección de 1988 fue el colapso de ese sistema. La “caída del sistema” no fue una falla: fue la revelación de un modelo agotado.
Por eso nació el IFE en 1990, luego el INE. No para complacer a partidos, sino para crear algo inédito en América Latina: un árbitro autónomo del poder.
Hoy, esa conquista histórica está siendo desmontada.
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III. El patrón internacional — Cuando las reformas destruyen la competencia
Lo que hoy vive México no es original. Es un guion ya escrito.
Venezuela (2004–2017)
Reforma electoral: Consejo electoral subordinado al Ejecutivo
Resultado: Oposición sin posibilidad real de ganar
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Nicaragua (2011–2021)
Reforma electoral: Corte y árbitro controlados por el régimen
Resultado: Elecciones sin competencia
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Rusia (2008–2024)
Reforma electoral: Comisión electoral bajo control del Kremlin
Resultado: Putin gana con 80–90%
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Turquía (2016–2023)
Reforma electoral: Depuración del sistema electoral
Resultado: Oposición debilitada
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El nombre técnico es claro:
Autoritarismo electoral
Hay urnas. Hay boletas. Hay campañas.
Pero ya no hay posibilidad real de alternancia.
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IV. Los datos duros — Lo que un árbitro fuerte sí logra
Antes de la autonomía electoral, México tenía:
– Hasta 30% de votos anulados o irregulares
– Denuncias sistemáticas de fraude
– Violencia poselectoral constante
– Desde 1997:
Alternancia presidencial (2000, 2018)
– Más de 8 mil cargos federales y locales cambiados de partido
– Transiciones pacíficas de poder
Eso no es ideología.
Es ingeniería institucional.
Cuando se debilita al árbitro, regresan:
– El dinero ilegal
– La coacción
– El crimen organizado
– La violencia política
Sinaloa, Guerrero y Michoacán ya son laboratorios de lo que viene.
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V. El efecto más peligroso — Cuando votar deja de cambiar cosas
La democracia tiene una función vital:
– Permitir cambiar al gobierno sin violencia.
Cuando esa vía se cierra, la presión social no desaparece. Se acumula.
Y cuando estalla, no lo hace en urnas, sino en calles, cuarteles o territorios controlados por actores armados.
Eso es lo que ocurre cuando la política deja de ser una salida.
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VI. El costo internacional — México en zona de alerta
Un país sin elecciones creíbles:
– Pierde inversiones
– Se vuelve vulnerable a sanciones
– Entra en conflicto comercial
– Pierde liderazgo diplomático
En el contexto del T-MEC, del Mundial 2026 y del nearshoring, una democracia debilitada no es un problema ético: es un riesgo financiero y geopolítico.
Los mercados no invierten donde el poder no puede cambiarse.
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VII. La lección que no debemos olvidar
México tardó más de 70 años en conquistar el derecho a que su voto contara.
Perderlo puede tomar solo una reforma.
Las dictaduras modernas no cancelan elecciones:
las vacían.
Colofón
La historia no juzga a los pueblos por lo que dijeron, sino por lo que permitieron.
Hoy, la urna mexicana no está rota.
Está sitiada.
Y una democracia sitiada, tarde o temprano, cae.
El saber no descansa, la lectura provoca y el pensamiento sigue. Nos vemos en la siguiente columna.
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