Presidenta informa que este miércoles el secretario de Seguridad está en Sinaloa
Pese a las reiteradas visitas de funcionarios federales y al discurso oficial que presume una reducción de homicidios, la violencia en Sinaloa continúa siendo una constante que golpea a la población, particularmente en Culiacán, donde los hechos delictivos siguen marcando la vida cotidiana.
Este martes 4 de febrero, durante la conferencia matutina, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, aseguró que los homicidios han disminuido en la entidad, al responder a un cuestionamiento de un reportero de la cadena BBC sobre la situación de inseguridad que prevalece en el estado.
“Ha disminuido el número de homicidios”, afirmó la mandataria, al tiempo que atribuyó el repunte de violencia a la división interna de un grupo delictivo tras la salida de uno de sus líderes a Estados Unidos, un hecho que dijo nunca quedó del todo claro y que detonó una pugna interna.
Sheinbaum reiteró que su administración no apuesta por el enfrentamiento militar directo, al considerar que esa estrategia, aplicada entre 2006 y 2012, solo generó más violencia. En su lugar, destacó la detención de presuntos delincuentes bajo el marco de la ley y la atención a las causas sociales que empujan a jóvenes a integrarse a organizaciones criminales.
Sin embargo, en Sinaloa el contraste entre el discurso oficial y la percepción ciudadana es evidente. A lo largo de los últimos años, las visitas de altos funcionarios federales al estado han sido frecuentes, pero generalmente se han limitado a reuniones privadas, mesas de seguridad y resguardos en instalaciones militares, sin recorridos públicos por las colonias más afectadas ni contacto directo con la población.
La propia presidenta informó que este miércoles se encuentra en Sinaloa el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, para revisar la estrategia de seguridad. De acuerdo con Sheinbaum, su presencia busca reforzar acciones como el desmantelamiento de laboratorios clandestinos y la reducción en la producción de droga.
No obstante, para muchos sinaloenses, estas visitas no se han traducido en una mejora sustancial en la seguridad. Balaceras, bloqueos y asesinatos continúan registrándose, mientras la ciudadanía cuestiona la efectividad real de una estrategia que, aseguran, se diseña desde cuarteles y salas de juntas, lejos de las calles donde se vive la violencia día a día.
La narrativa de disminución de homicidios contrasta con una realidad que sigue generando miedo, desplazamientos y una sensación de abandono entre la población, que espera algo más que discursos y reuniones cerradas: resultados visibles y una presencia gubernamental que no se limite a bases militares.

