La misteriosa captura de al menos 10 trabajadores hace casi dos semanas, en la sierra de Mazatlán, ilumina un escenario poco conocido de la guerra entre facciones del crimen regional.

Marcos Vizcarra Pablo Ferri

Extraña guerra la de Sinaloa que, cuando parece amainar, arranca en llamaradas en el lugar menos esperado. Así han sido estas semanas en la zona sur del Estado, con balaceras, ataques a policías y la desaparición, en Concordia, de al menos 10 trabajadores de un proyecto minero. Este último asunto ha provocado el despliegue masivo de militares y demás cuerpos de seguridad en la zona, que hasta ahora parecía relativamente ajena a la batalla entre facciones del cartel local. La captura de los trabajadores, obra de hombres armados, según los primeros testimonios, ocurrió el 23 de enero. De momento, no hay noticias de ellos.

En conversación telefónica con EL PAÍS, la esposa de uno de los trabajadores desaparecidos relata desde su casa, en Sonora, la zozobra en la que vive desde hace casi dos semanas. La mujer prefiere no decir su nombre ni el de su esposo, por seguridad. Dice que el hombre anda en la treintena y trabaja en el área de “seguridad patrimonial” del Proyecto Pánuco, el apelativo que dio la minera canadiense Vizsla Silver a su programa de excavaciones en la zona. “A mí me avisaron el día 24 [de la desaparición]”, explica. “Me hablaron y me dijeron que se lo habían llevado junto a nueve personas más del campamento donde están, ahí en Clementinas. Me avisó el jefe directo, el jefe de los trabajadores de seguridad”, añade.

Según la mujer, la última vez que habló con su esposo fue el día anterior a su desaparición, el jueves 22 de enero, por la tarde. “Estaba ayudándole a mis hijos a hacer la tarea por videollamada, todas las noches lo hacíamos para que hablaran. Y no noté nada raro”, cuenta. La mujer asegura que su esposo, que trabajaba allí desde hacía dos años, nunca le comentó que él o sus compañeros hubieran sufrido amenaza alguna. Entre los ausentes, además de trabajadores de seguridad, hay ingenieros y otros especialistas. La mujer dice igualmente que en la última visita de su esposo a la casa, entre el 31 de diciembre y el 9 de enero, no notó que estuviera inquieto o preocupado por algo. “Estaba normal, ninguna preocupación”, asegura.

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