Universidades: en crisis
En la raya.
* ¿Gobiernos insolventes?
* por: Jose Luis Lopez Duarte
El panorama actual para las universidades públicas en México es alarmante. A medida que se enfrentan a un recorte presupuestal automático respecto al ejercicio 2025, la falta de un incremento que al menos cubra el índice inflacionario del 4.8% registrado en enero, plantea serias interrogantes sobre la viabilidad de estas instituciones educativas. La situación crítica ya ha propiciado que varios sindicatos universitarios valoren paros laborales y huelgas en respuesta a los incumplimientos contractuales, lo que indica un descontento generalizado que podría escalar en un conflicto mayor.
Un estudio de la crisis comenzó cuando se conocieron las demandas no atendidas de educadores, trabajadores administrativos y otros miembros de la comunidad universitaria. Entre las universidades que han tomado medidas más drásticas se encuentran las de Veracruz y Zacatecas, las cuales ya han efectuado paros activos y se preparan para huelgas programadas si no se resuelven sus problemas financieros antes del 5 de marzo. La situación es aún más preocupante en la Universidad Tecnológica de Zacatecas, que se encuentra actualmente en huelga, y en la Universidad Veracruzana, que está próxima a entrar en un paro formal. Este tipo de acciones son un reflejo de la desesperación y la impotencia que sienten muchos trabajadores ante la falta de soluciones efectivas.
Mientras tanto, la Universidad Autónoma de Sinaloa ha experimentado su propia crisis interna, reflejada en la tardanza del pago de salarios, que ascienden a 500 millones de pesos. Este solo hecho pone de manifiesto el déficit administrativo que atraviesan muchas instituciones y alimenta una atmósfera de incertidumbre que podría llevar a un efecto dominó en otras universidades.
En este contexto de precariedad, la Universidad de Sonora y la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca están ya preparando sus pliegos petitorios, advirtiendo que, si no se atienden sus demandas, también se verán arrastradas a la huelga. La inacción gubernamental y la falta de recursos económicos parecen ser el motor que enciende la llama del descontento, mientras que la lucha por salarios dignos se convierte en una consigna recurrente.
Dentro de esta problemática, resalta la alarmante realidad de que más de 5,000 trabajadores universitarios no perciben ni siquiera el salario mínimo. Este hecho, discutido en la reciente conferencia nacional de trabajadores universitarios, revela una violación flagrante de los derechos laborales en el ámbito académico y es insostenible en un país que se dice comprometido con la educación de calidad y el bienestar social.
También se debe considerar el fortalecimiento del fondo U-081, que debería servir para reformas estructurales y el apoyo a pensiones y jubilaciones universitarias. Las decisiones ineficaces sobre el presupuesto destinado a la educación superior proponen cuestionar la prioridad que otorgan las autoridades a la educación en el país. Este es un momento crítico para revaluar la asignación de recursos y asegurar que las universidades puedan operar y cumplir su misión educativa sin compromisos.
Finalmente, la creciente inquietud ha llevado a un llamado a la acción a nivel nacional, incluyendo la solicitud de una reunión entre líderes académicos y funcionarios clave del gobierno. La urgencia de estas conversaciones no puede subestimarse, ya que entramos en un punto de inflexión donde el futuro de la educación pública podría estar en juego.
La reciente iniciativa de la UNAM para implementar una reingeniería integral inspirada en la UAS refleja el reconocimiento de la necesidad de transformar no solo estructuras institucionales, sino también la manera en que se aborda y financia la educación superior en México. La situación apremiante presenta una oportunidad para replantear el futuro y garantizar que las universidades puedan seguir contribuyendo de manera significativa al desarrollo del país, sin que la limitación presupuestaria sea un obstáculo insuperable. En conclusión, es fundamental que exista un compromiso real y tangible por parte del gobierno para atender las demandas de las universidades, asegurando así su sostenibilidad y su papel como pilares del sistema educativo nacional.

