Pablo Gato

 

Otro de los debates que no escuchara en los medios tradicionales. Es la otra cara de la moneda.

Este debate lo personifican mejor que nadie dos personas:

1- Scott Ritter, ex oficial de inteligencia de EEUU y ex inspector de armas de destrucción masiva de la ONU y;

2- El ex coronel de las fuerzas armadas de EEUU Lawrence Wilerson, que también fue el Jefe de Gabinete del ex secretario de Estado Collin Powell.

Scott Ritter afirma que Israel tiene completamente comprado a Washington a través de su poderoso lobby. Agrega que en cada elección ese lobby gasta cientos o miles de millones de dólares para:

1- Apoyar al candidato presidencial que piensan favorece más a los intereses de Israel y;

2- Dar su apoyo también financiero a los congresistas o aspirantes a congresistas que más defiendan a Israel y más ayuda económica y militar le den. EEUU da cada año casi cuatro mil millones de dólares en ayuda militar a Israel.

Según Ritter, ese lobby controla prácticamente de forma completa al congreso de EEUU y a la Casa Blanca, no importa si son demócratas o republicanos. En Oriente Medio hacen, insiste, Washington siempre hace lo que quiere Israel quiere.

Afirma que la prueba es que EEUU o derroco o fue instrumental en derrocar a todos los enemigos importantes de Israel: Muammar Gaddafi en Libia, Saddam Hussein en Irak y Bashar al-Assad en Siria.

Agrega que ahora Israel quiere que EEUU se involucre en una guerra contra Irán para eliminar al último gran enemigo que le queda en la zona y así ser dueño y señor de Oriente Medio.

Ritter afirma que Israel no podría hacerlo solo.

Sin embargo, el ex coronel de los EEUU Lawrence Wilkerson piensa todo lo contrario. Según él, nada es lo que parece y es exactamente al revés.

Afirma que Israel es el portaviones de EEUU en Oriente Medio y Washington lo usa para hacer indirectamente lo que interesa a EEUU. Por un lado, a nivel militar y por otro político.

 

A nivel militar para evitar que ningún país tenga una clara superioridad militar en la zona que desafié la presencia de EEUU y a nivel político para sembrar división y caos en Oriente Medio para evitar que los países árabes se unan y representen una amenaza a la hegemonía de EEUU en la región, en especial debido al control sobre el mercado de petróleo de varios de esos países árabes.

En otras palabras, divide y vencerás.

Es decir que no sería Benjamín Netanyahu el que vendría a dar órdenes a Washington sobre qué hacer, sino que vendría a recibir esas instrucciones.

Dos visiones contrastadas.

Por supuesto, hay una tercera opción y es que no es ni blanco ni negro sino gris y al final cada país defiende sus intereses.

Cada cual puede sacar sus propias conclusiones.

Es la otra cara de la moneda.

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