¿A quién quieren vetar Sheinbaum y AMLO?
Pablo Hiriart
Como en casi todo lo que viene de Morena, hay que pensar mal para acertar.
Quieren vetar, desde ahora, a prospectos de la oposición que pueden brillar en el Congreso en 2027. Que no lleguen.
Sólo un ingenuo puede creer que Claudia Sheinbaum quiera reformar la elección de plurinominales para que los candidatos respondan a la voluntad de la militancia y no a la decisión de las cúpulas de los partidos.
Que lo proponga en Morena, si eso piensa.
Pero ¿qué le importa a ella si las dirigencias de MC, PAN o PRI quieran llevar en su lista plurinominal a un experto en derecho constitucional, economista experimentado o un científico eminente?
¿De cuándo acá a la presidenta o al presidente (como ella llama a AMLO) les preocupa fortalecer a los partidos de oposición con diputados más representativos?
Jamás los recibieron. La negociación de la reforma no consideró a los partidos por los cuales votó 41.5 por ciento de los mexicanos.
En el fondo el objetivo central es una reforma que dé cariz constitucional a la dictadura de Morena.
Lo que mande la presidenta Sheinbaum será aprobado por los legisladores oficialistas, porque el Congreso es una oficialía de partes del poder Ejecutivo.
No le gustó a Claudia Sheinbaum el proyecto de reforma que le pusieron en la mesa porque insiste en plasmar en el texto constitucional la esencia del “plan C” que le encargó “el presidente Andrés Manuel”.
Los argumentos de la presidenta para reducir diputados y senadores plurinominales, cambiar la forma de elegirlos y bajar el costo de las elecciones, son un pretexto para tomar todo el poder.
A la presidenta le parece inaceptable el costo de las elecciones. Es un argumento compartible si no se ve en el contexto: son costosas porque de ese tamaño eran la desconfianza y la inequidad.
Falso que sean “las más caras del mundo”.
Lo grave está en el insultante uso de recursos públicos para comprar votos en favor de los candidatos de Morena.
En 2024 el gobierno de AMLO endeudó al país con dos billones 604 mil millones de pesos, uno de los años de mayor deuda en la historia.
Tenía que arrasar Morena en el Congreso y Claudia Sheinbaum en la elección presidencial.
Ni así consiguieron obtener la mayoría calificada en el Congreso, porque el electorado dio a Morena y aliados 54 por ciento de los votos.
Mediante un fraude a la Constitución, consejeros del INE y magistrados del Trife le asignaron 72 por ciento de las curules.
Los partidos de oposición tuvieron 41 por ciento de los votos y les dieron sólo 25 por ciento de la representación en la Cámara de Diputados.
Ahora van por quitarle prerrogativas (dinero) a los partidos, “para ahorrar”.
El gobierno hace ese recorte (bien recibido por quienes desconocen la trampa), porque la transferencia de recursos a Morena mediante programas clientelares, el “casa por casa” de los Servidores de la Nación, y el dinero del huachicol fiscal y el crimen organizado fluye sin consecuencias.
Los ahorros de que habla la presidenta no son mayores a lo que se perdió, por ejemplo en la fallida ”megafarmacia del Bienestar”, que fue otro capricho de AMLO tirado a la basura.
El cambio del método de elección de senadores, no lo dude, será para garantizar mayoría calificada en el Senado.
Ya no necesitan pasar al INE bajo el alero de la Secretaría de Gobernación. Cooptaron a la mayoría y los consejeros electorales que entren los va a decidir Morena en el Congreso.
Las reformas electorales siempre se hicieron para abrir espacios a la oposición, y reflejar de manera más fidedigna la pluralidad que hay en el país.
Ahora es para cumplir el encargo “del presidente Andrés Manuel”, con el que la presidenta Sheinbaum está de acuerdo: reducir aún más a la oposición e impedir que lleguen a la Cámara de Diputados, en 2027, parlamentarios que brillen rumbo a 2030.

