Pablo Hiriart

 

Mientras soldados mexicanos mueren por decenas en un operativo contra un jefe narco, ¿cómo es posible que gobernadores ligados a los grupos criminales sigan en el cargo?

Es un insulto a la memoria de nuestros militares muertos que Rubén Rocha Moya despache como gobernador de Sinaloa.

Nunca habíamos visto a un secretario de la Defensa Nacional con la voz entrecortada para contener el llanto, por casi 30 soldados muertos en el operativo contra El Mencho y en los tiroteos posteriores.

El general Ricardo Trevilla le cumplió a México.

Fue un operativo exitoso porque no sólo se destruyó al capo sanguinario de un grupo criminal con ramificaciones en 29 estados, sino porque de haber fracasado tal vez quedaríamos a merced de una posible incursión armada de Estados Unidos.

El grupo de elite del Ejército y los soldados de la Guardia Nacional que fueron asesinados por los delincuentes del Cártel Jalisco Nueva Generación, le cumplieron a México.

Corresponde ahora a la presidenta Claudia Sheinbaum honrar ese sacrificio hecho en defensa de México, y quitar a los gobernadores coludidos, socios o protectores de grupos criminales.

¿Por qué Rubén Rocha Moya se mantiene como gobernador de Sinaloa, nada menos?

¿De qué fueros goza?

¿Qué compromiso tiene el gobierno federal con Rocha Moya, que ganó la elección acompañado de un operativo de secuestros realizado por el Cártel de Sinaloa?

A cerca de 200 operadores electorales de la oposición, el Cártel de Sinaloa los secuestró el día previo a la elección, los encerraron en casas de seguridad en Culiacán y Mazatlán, atados de manos y con los ojos vendados.

Los soltaron después de la jornada electoral que venció de “manera abrumadora” Rocha Moya.

¿Con qué cara verán los ojos llorosos del general secretario los gobernadores de Tamaulipas, Michoacán, Baja California y Sinaloa?

Los soldados dan la vida por México y los que gobiernan ligados al narco y a otros grupos criminales reciben honores de las bandas de guerra de sus estados que tocan el himno nacional para homenajearlos.

Cuánta humillación soportó el Ejército Mexicano en el sexenio de López Obrador, que permitió a narcos y delincuentes de mediana estofa les quitaran las armas, se burlaran de ellos, los retuvieran el tiempo que les venía en gana.

No los toquen (a los agresores), humíllense, los sicarios también son pueblo.

¿Y los soldados qué son?

Qué vergüenza oír a funcionarios decir que la eliminación de El Mencho facilitará la llegada de inversiones.

Pague sus culpas. O expliquen su desidia para apoyar durante seis años a un demente que entregó territorio y poder político a criminales que asesinan a nuestros soldados.

Veinte mil pesos por cada militar muerto ofrecía el domingo un lugarteniente del capo del CJNG.

Llevaba más de siete millones de pesos en efectivo y 965 mil dólares para que asesinar a miembros del Ejército.

“Cobardes”, les llamó siempre el general Trevilla en su memorable comparecencia de ayer.

Cobardes los narcos y sicarios.

Cobarde el presidente que los empoderó.

Cobardes si por complicidad o cálculo electoral el gobierno de la República deja en sus puestos a gobernadores y altos funcionarios socios o protectores de los cárteles de terroristas que le declararon la guerra a los ciudadanos honestos y a nuestro Ejército Nacional Mexicano.

 

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