Violencia en Sinaloa saca de primaria a más de 11 mil alumnos en dos ciclos
Como Pedro, un niño de 11 años que dejó la primaria por la violencia, miles de estudiantes han dejado de aparecer en la matrícula escolar. Entre 2023 y 2025, la diferencia supera los 11 mil alumnos en un entorno marcado por la inseguridad y desplazamiento.
Culiacán, Sin.- Pedro tiene 11 años y dejó de ir a la escuela. Era su último año de primaria e iba a entrar a la secundaria. Vive en una comunidad como las decenas que hay al sur de Culiacán, donde en los últimos meses los enfrentamientos y el miedo han cambiado la rutina de las familias. Sus padres decidieron no regresarlo al salón después de varios episodios de violencia cerca de su casa. Desde entonces, pasa los días en casa o ayudando en tareas domésticas, lejos de los cuadernos, sin saber si volverá a estudiar.
Como él, al menos 11 mil 295 alumnos han dejado de aparecer en la matrícula de educación primaria entre los ciclos escolares 2023-2024 y 2024-2025 en Sinaloa, de acuerdo con registros administrativos obtenidos vía transparencia. En el estado hay cerca de 296 mil estudiantes de primaria, lo que equivale a uno de cada 26 alumnos en el acumulado de dos ciclos escolares. Este periodo coincide con el recrudecimiento de la violencia en distintas zonas de la entidad a partir de septiembre de 2024, especialistas y docentes señalan esto como un factor que incide en la permanencia escolar.
Los datos provienen de los registros de control escolar de la Secretaría de Educación Pública y Cultura (SEPyC), que permiten comparar la matrícula al inicio del ciclo con los estudiantes que lo concluyen. Sin embargo, la información no detalla las causas de esta diferencia, por lo que no es posible identificar con precisión cuántos casos corresponden a abandono escolar, migración o cambio de plantel.
Aunque la SEPyC sostiene que no existe deserción escolar como tal en el nivel primaria, en las comunidades la realidad es distinta. Una maestra de una zona rural del norte de Culiacán, que pidió anonimato por seguridad, describe una disminución constante en la asistencia.

Maestra rural reporta disminución de 30 a 20 alumnos por aula. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
“Sí se nota que cada vez vienen menos niños. Antes entraban entre 30 a 40 niños, ahora son 20 a lo mucho 30. También llego al final del ciclo con 6 o 8 niños menos en estos años. Ni en la pandemia del covid vivimos algo así.”
La docente explica que esta reducción no responde a una sola causa, sino a un conjunto de factores que se han intensificado en los últimos meses, particularmente en comunidades donde la violencia ha alterado la vida cotidiana de las familias y su permanencia en el territorio.
“Pasa de todo en estas zonas. Hay familias que mejor ya no los mandan por miedo o porque se van. A veces un día están y al siguiente ya no regresan. Me ha tocado escuchar casos muy lamentables como que levanten a un familiar o lo amenacen y por eso se tengan que ir de Culiacán“, relata.
Para el pedagogo Jorge Basilio Rodríguez, doctor en psicopedagogía y director de la Facultad de Ciencias de la Educación (FACE) de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el fenómeno no puede entenderse sin el contexto de violencia.

Familias se van de Culiacán tras amenazas o levantamiento de familiares. / Foto: Archivo | El Sol de Mazatlán
“La autoridad puede maquillar la situación hasta donde políticamente le convenga, pero la realidad no se puede ocultar porque la tenemos enfrente”, afirma. Señala que lo que vive Pedro no es un caso aislado, sino parte de una realidad documentada en distintas comunidades.
En ese contexto, la violencia no solo afecta a los estudiantes, sino también a las condiciones escolares. “Los profesores también se ausentan por cuestiones de violencia, no hay garantías para subir a las comunidades y eso termina afectando el contexto educativo”, explica el especialista.
A esto se suman limitaciones estructurales. La propia SEPyC reconoce que no cuenta con indicadores automatizados para identificar inasistencias recurrentes o riesgo de abandono escolar, ya que ese seguimiento se realiza en cada plantel.

Un niño de cada 26 ha dejado escuela en acumulado bianual. / Foto: Archivo / El Sol de Sinaloa
“Eso es grave, porque implica que no van a tener una estrategia de respuesta. Si no sabes por qué ocurre, no puedes atender el problema”, advierte Rodríguez.
El fenómeno, además, tiene consecuencias a largo plazo. Un niño que deja la escuela en primaria queda expuesto a escenarios de vulnerabilidad. “Prefiero verlo aprendiendo un oficio que verlo con un arma. La educación debe ser la respuesta”, señala.
Pedro no sabe si volverá a la escuela. Su historia, como la de miles de niñas y niños en Sinaloa, no aparece en las estadísticas como abandono escolar, pero sí en la vida cotidiana de comunidades donde la violencia interrumpe la infancia y deja aulas vacías.
Con información de El Sol de Sinaloa

