ENTRESEMANA

“Abre tus brazos fuertes, a la vida/ No dejes nada a la deriva/ Del cielo nada te caerá…” José María Napoleón

MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN

 

La semana pasada se murió mi amiga Micaela Albarrán, Mica, reportera que fue de la generación privilegiada, de quienes pasamos de teclear en la acompasada máquina de escribir a la neutra computadora.

Y, asuntos del destino, sin saber del deceso de Mica, ese mismo acudí a al conversatorio en el que se reconoció el trabajo profesional de mi amiga periodista Ivonne Melgar por las dos décadas de su columna Retrovisor, que publica en Excélsior.

¡Caray!, la vida es cabrona. Transita en ese delgado hilo de suyo salpicado de contrastes, del éxito y la derrota, la fama y el olvido, caer y levantarse, de ser intensamente fuerte frente a los golpes y reveses o romperse en cualquier momento con o sin motivo aparente.

Valga la personal reflexión porque hay que saber digerir el duelo y el festejo; la lágrima y la sonrisa.

Así somos, señoras y señores, lectoras y lectores, quienes concluimos que ésta es nuestra vocación y poco se habla. Poco, periodistas que hoy somos tema de la matutina perorata presidencial y la monserga de los nuevos dueños del poder y sus amanuenses y oscuros heraldos de la maledicencia.

Sí, la vida del periodista, la periodista, de la reportera y el reportero suele ser ajena al lector, al televidente o radioescucha que se entera de lo noticioso, del triunfo deportivo y el éxito musical del momento contrastante con el homicidio, el robo y la corrupción, el golpe del crimen organizado y el escándalo político, el desgobierno de quienes se asumen iluminados en ese fango de la demagogia.

En cada paso del acontecer cotidiano están cientos de reporteros, reporteras, periodistas que, en inmensa mayoría son personajes anónimos de nombres y apellidos que se olvidan pronto, más en estos tiempos cuando los empresarios de los medios de comunicación han convertido a muchos jóvenes universitarios egresados de la carrera de periodismo, en “periodistas kleenex”, es decir, los usan y desechan; valga la comparación.

Por eso, mis 17 lectores conocen de esta mi afición de escribir acerca de mis pares, mis colegas de antier, ayer y hoy, como quienes asistieron a ese conversatorio en el que reconocimos al trabajo profesional de Ivonne Melgar, celebrado en la Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles, en el meritito centro de Coyoacán.

Escuchamos a Rubén Aguilar, a Leticia Robles, Jorge Ramos y Salvador Camarena, sentados en ese orden junto a Ivonne cuya mirada irradiaba alegría y cómo no si era la cumpleañera que compartió con el respetable pasajes de su andar por el ejercicio de nuestro oficio que lleva como apodo profesión.

Imagínense mis 17 lectores a ese salón lleno de historia en esa casa con colegas como Gerardo Galarza y Alejandrina Franco, Roberto Vizcaíno, Martha Cabrera, Javier López y Adán Juárez, a Rosario Robles Berlanga y Consuelo Sáizar y Amalia García y…

¡Recáspita, Agustín Barrios Gómez!

Sí, sí, como crónica de sociales. Y los recuerdos y experiencias de cada quien, en torno al trabajo de Ivonne plasmado en su Retrovisor que tiene aquella esencia de lo que la motivó a escribir la columna porque, refiere, quería contar lo que se guardaba en la libreta.

Y Rubén Aguilar que confiesa, cuando vocero de Vicente Fox, “la sufrí en Presidencia”; pero en aquellos días a Ivonne la negaban el espacio, en Reforma, para publicarle la columna que esperaba formada en la fila de sus pendientes.

Interesante e ilustrativa conversación –acerca del ejercicio del periodismo, anécdotas y el cómo se borda, en el particular estilo, la columna de opinión– la de Rubén, Leticia, Jorge, Salvador e Ivonne compartida con amigos y amigas, colegas y políticos como el alcalde de Coyoacán, Giovani Gutiérrez, y Luis Castro Obregón.

Y…

Viajaba en el Metro rumbo a mi casa y por la red de FB, Cecilia Higuera, colega reportera me informó del deceso de su señora madre Micaela Albarrán, la gran Mica, de quien heredó la vocación por este nuestro oficio del periodismo que tiene alias de profesión, le decía.

¡Ah!, cómo duelen las partidas. Y mire usted que han sido varias en este año; pero Mica fue siempre especial, amiga que en aquellos días cuando junto con otros imberbes colegas me ganaba la chuleta como reportero suplente en El Universal, nos compartía el pan y la sal en su casa de avenida Cuauhtémoc.

Y, con la confianza que usted me brinda, le platico que Mica me visitó hace unas dos semanas. Nuestras platicas por teléfono de pronto se espaciaban, pero siempre llevaban la anécdota y recordábamos aquellos días de la enorme y cálida redacción del cuarto piso del edificio de la calle de Iturbide.

Cuando Ceci me informó que Mica se había ido de este espacio material, inmediatamente recordé aquella fotografía tomada justamente en la redacción de El Universal, junto a Mickey Mouse, que promocionaba a Walt Disney en un periplo por los diarios que, entonces, se editaban en la capital mexicana.

Esa foto con Mica sonriente, yo a su derecha y en ese grupo estaban Iracheta, Fidel Samaniego, Enrique Aranda, Jorge Escobosa, Crescencio Cárdenas, Jorge González, Memo Valencia y otros colegas cuyos nombres escapan al archivo de mi memoria.

¡Ay, Mica! Días felices que traíamos a la plática siempre que nos veíamos para tomar café, antes y después del accidente que sufriste.

Sin duda, Mica, en recuerdo de aquella foto que guardo con especial aprecio de mis días de reportero en El Universal, es que en el celular te identificabas como Micki. Me ganó la risa cuando la primera vez que al timbrar mi teléfono apareció el nombre de Micki. ¡Ah, caray!, me hablan de Disneylandia, pensé de botepronto y me reí. Eras tú, Mica y te comenté esta casualidad del nombre; te reíste con esa risa inolvidable como inolvidable quedas en mi recuerdo.

¡Caray! Me hablaste en el último día que te vi. Preguntaste si estaría en mi casa porque tenías una cita por estos mis rumbos y querías saludarme. Creí que tomaríamos café y lo preparé, pero te disculpaste y me dijiste que sólo pasabas a saludarme porque hacía tiempo que no nos veíamos.

No, no hubo acuerdo para vernos en breve. ¿Viniste a despedirte, Mica? Sí, así lo considero esta noche de domingo en la que escribo esta entrega de entresemana. Hasta luego, Mica; gracias por el detalle de amiga, mi amiga.

¡Vaya contrastes! Disculpa, Ivonne, no podía separar tristeza y alegría. Usted que me dispensa con su lectura, sin duda comprenderá. Estoy triste, Drakko. Digo.

sanchezlimon@gmail.com   www.entresemana.mx   @sanchezlimon1

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