7 DE ABRIL: EL DÍA EN QUE LA SALUD TE MIRA A LOS OJOS
BITÁCORA INQUIETA
Cuando enfermar en México no es una condición… sino una travesía… y el paciente aprende a resistir
JESÚS OCTAVIO MILÁN GIL
Te despiertas antes de que amanezca.
No por disciplina.
Por miedo.
El dolor no te deja dormir.
No sabes si es el pecho, la cabeza o esa sensación más profunda:
la de no saber si hoy habrá medicamentos,
si hoy habrá turno,
si hoy un médico te atenderá.
Sales con el estómago vacío.
Pero no de comida.
De certeza.
Hoy es 7 de abril.
El calendario dice que es el Día Mundial de la Salud, proclamado por la Organización Mundial de la Salud.
Pero tú no celebras.
Tú sobrevives.
—
I. LA FECHA
Te dijeron que la salud es un derecho humano universal.
Que los sistemas existen para garantizarlo.
Que nadie debería quedarse sin atención.
Pero la propia Organización Mundial de la Salud advierte que más del 30% de la población mundial carece de acceso a servicios esenciales de salud.
El problema no es abstracto.
Es concreto.
Y hoy…
te toca a ti.
—
II. EL PASILLO
Entras al hospital público.
Caminas como si entraras a una ciudad que ya no cree en sí misma.
El aire es espeso.
Huele a cloro viejo, sudor acumulado, humedad, cuerpos en espera y esperanza desgastada.
Las bancas están llenas de silencios.
Gente que no habla… porque ya lo dijo todo con su espera.
Escuchas nombres que no responden.
No porque no estén.
Sino porque ya no alcanzaron.
Una madre aprieta estudios clínicos como si fueran un salvavidas.
Un hombre sostiene un frasco vacío como evidencia.
Un anciano repite su turno en voz baja, para no perderlo.
Un niño mira el techo como si ahí hubiera salida.
Y entonces lo entiendes:
Aquí, la enfermedad no empieza en el cuerpo.
Empieza en el sistema.
En México, el gasto en salud ronda entre 5.5% y 6% del PIB —según la OCDE y el Banco Mundial—, muy por debajo del promedio de países desarrollados.
El país dispone de alrededor de 1.0 a 1.4 camas hospitalarias por cada mil habitantes —datos OCDE—.
Menos infraestructura.
Más pacientes.
Más espera.
Y una verdad incómoda:
En México, enfermar no es un episodio clínico…
es una prueba de resistencia social.
—
III. LA RECETA
Te llaman.
El médico te atiende con dignidad.
Hace lo que puede.
Pero el sistema no siempre puede lo mismo.
Sales con una receta.
Un papel que debería significar alivio…
pero en México, con frecuencia significa traslado:
del hospital… al bolsillo.
El gasto de bolsillo
representa entre el 40% y el 42% del gasto total en salud —estimaciones de la OCDE y la OMS—, uno de los más altos entre países comparables.
En la última década, lejos de disminuir,
ese peso ha persistido.
No es una falla momentánea.
Es estructura.
—
IV. EL QUIEBRE
Sales del hospital.
Y haces cuentas.
Porque en México, enfermar no solo duele:
empobrece.
De acuerdo con estimaciones del CONEVAL,
más de un millón de hogares enfrentan cada año gastos catastróficos en salud,
y cientos de miles caen en pobreza por pagar atención médica.
No por lujo.
Por sobrevivir.
Ahí está el quiebre:
Cuando la salud deja de ser derecho…
y se convierte en riesgo financiero.
—
V. LOS HOSPITALES
(La excelencia bajo presión)
Existen instituciones que sostienen lo mejor del país:
El Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez.
El Hospital Infantil de México Federico Gómez.
Ahí, la medicina es de alto nivel.
Ahí, el conocimiento salva vidas todos los días.
Pero incluso ahí…
la presión es visible.
En México, los desenlaces por infarto agudo al miocardio siguen siendo más altos que en varios países de la OCDE, asociados a llegadas tardías, saturación hospitalaria y desigualdad en el acceso oportuno —datos comparativos OCDE y literatura clínica nacional—.
No es falta de médicos.
Es falta de tiempo… y de sistema.
Un paciente espera un cateterismo.
El reloj corre.
El músculo cardíaco no negocia.
Y en esa espera…
se decide todo.
—
VI. LOS NIÑOS
Pero hay un lugar donde la espera debería estar prohibida.
Oncología pediátrica.
En México se registran alrededor de 7,000 nuevos casos de cáncer infantil cada año —Secretaría de Salud—.
Muchos son tratables.
Muchos son curables.
Pero el tratamiento no depende solo de la ciencia.
Depende del acceso.
Y cuando el medicamento no está…
el sistema formula una pregunta brutal:
¿Puedes pagarlo?
En los hogares más vulnerables,
los medicamentos pueden representar hasta la mitad del gasto en salud.
Si no hay dinero,
hay espera.
Y en el cáncer infantil…
la espera no es neutra.
—
VII. 2018–2026: LA TRANSICIÓN
Desde 2018, el sistema de salud mexicano ha vivido una transformación profunda:
• Cambios en la compra y distribución de medicamentos
• Reconfiguración institucional
• Nuevos esquemas de cobertura
No es un problema que haya nacido en un solo gobierno…
pero sí uno que hoy se siente con mayor crudeza en millones de hogares.
Ha habido avances en cobertura nominal.
Pero también:
fragmentación operativa,
problemas logísticos,
episodios documentados de desabasto.
Diversas estimaciones señalan que decenas de millones de personas enfrentan aún barreras de acceso efectivo a servicios de salud.
No es ausencia de política.
Es distancia entre diseño… y realidad.
—
VIII. LA ENFERMEDAD INVISIBLE
Entonces lo sientes.
No es fiebre.
No es dolor.
Es incertidumbre.
¿Habrá medicamento?
¿Habrá cama?
¿Habrá tiempo?
La ansiedad se vuelve síntoma.
Y ocurre lo más peligroso:
Te adaptas.
Millones de personas recurren a consultorios privados, farmacias o automedicación.
No por elección.
Por supervivencia.
—
IX. LO QUE PODRÍA SER
Hoy, 7 de abril, no debería ser una conmemoración.
Debería ser un punto de inflexión.
Porque el diagnóstico ya está hecho.
Lo que falta es decisión:
• Aumentar el gasto público en salud de forma sostenida
• Reducir el gasto de bolsillo a estándares internacionales
• Garantizar abasto continuo de medicamentos esenciales
• Fortalecer la infraestructura hospitalaria
• Integrar un sistema hoy fragmentado
• Priorizar prevención y atención primaria
No es ideología.
Es gestión de vida.
—
X. EL CIERRE
Regresas a casa con la receta doblada.
La miras.
No sabes si representa una solución…
o una promesa incumplida.
Hoy es 7 de abril.
El mundo habla de salud.
Los gobiernos publican mensajes.
Las instituciones recuerdan principios.
Pero tú ya entendiste algo que no cabe en ningún informe:
Un país no se mide por lo que declara,
ni por lo que celebra,
ni por lo que promete.
Se mide por lo que ocurre
cuando alguien enferma.
Porque en México, todavía hay demasiados que no se curan…
no porque la medicina no exista,
sino porque el sistema decide
a quién sí le alcanza.
.

