Rodríguez Padilla dice que sale de Pemex porque Luz Elena le impuso el fracking
Víctor Rodríguez Padilla tardó cinco meses en presentarle a Claudia Sheinbaum, por primera vez, su renuncia como director general de Pemex.
Corría febrero del 2025 y en una reunión en Palacio Nacional realizó una presentación sobre la cual la presidenta le hizo una pregunta elemental: no la pudo responder, ni él ni su entonces jefa de asesores y lo que siguió fue un momento de alta tensión. A las pocas horas presentó su renuncia que no fue aceptada.
Sheinbaum desarrolló una amistad con Rodríguez Padilla en el ámbito universitario. Siempre lo valoró como un técnico solido y como un gran conversador.
Sin embargo, la secretaria de Energía Luz Elena González, desprovista de ese pasado común, tuvo desde el inicio una visión más real de la performance de Rodríguez Padilla: impuntual, poco productivo, incapaz de resolver cuestiones urgentes y carente de cuados profesionales para dirigir una de las principales empresas del país (todos los funcionarios de su confianza terminaron defenestrados).
La salida de Rodríguez Padilla es, en buena medida, un triunfo para la esfera de influencia de Luz Elena quien, tras avanzar sobre Pemex, ahora mira de cerca el papel de Edgar Amador en Hacienda.
El académico atribuye su salida, en conversaciones reservadas, a que él, por su trayectoria, no podía aceptar que el Gobierno promoviera el fracking y que por eso quería dejar la dirección. También dice que Luz Elena quería despedirlo para avanzar en esa dirección.
En un giro de audacia, asegura que ahora se dedicará a su verdadero tema que es el de la transición energética y las energías limpias.
Envuelto en la retórica nacionalista tan propia del momento político actual, el director saliente comenta incluso que Luz Elena buscará favorecer la presencia de inversiones estadounidenses en el sector como un gesto de distensión hacia Washington.
Lo cierto es que Rodríguez nunca pudo ser un elemento de confianza: las calificadoras crediticias no terminaron por avalar sus planes – tal como se demostró en las últimas horas -, no generó buena relación con el sindicato y tampoco en el sector energético, la mejor demostración de esto último es la dificultad de Pemex para asociarse con privados.
Por cierto: desde hace dos semanas está el rumor, en la Torre de Anzurez, de que la cúpula de Petrobras recomendaba el despido de Rodríguez para avanzar en los acuerdos con Pemex.
Entendible: por pedido del presidente Lula Da Silva la empresa petrolera más grande de la región se sienta en la mesa de Pemex pero en esa conversación un perfil como el de Rodríguez era intransitable. Algo que también entendió, ya desde hace meses, Carlos Slim, que es cada vez más determinante en el futuro de la petrolera.
Con información de La Política Online

