Ellos buscan gobernar Sinaloa en 2027; entre la crisis de Rocha y la disputa interna de Morena
Con Rubén Rocha Moya fuera temporalmente del cargo y Enrique Inzunza fuera de la contienda, Morena llega a la sucesión sinaloense en medio de señalamientos, reacomodos internos y una competencia que por ahora se concentra principalmente dentro del bloque oficialista.
Culiacán, Sin.- La carrera por la gubernatura de Sinaloa en 2027 comenzó antes de los tiempos formales de campaña, pero ya tiene nombres, licencias, registros y un contexto político que rebasa la disputa local.
Morena buscará conservar uno de los estados que ganó en 2021 bajo el liderazgo de Rubén Rocha Moya, pero lo hará en medio de una crisis política que golpeó directamente al grupo gobernante. La licencia temporal del mandatario estatal, los señalamientos de autoridades de Estados Unidos contra funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, y la decisión de Enrique Inzunza Cázarez de no buscar la candidatura modificaron el tablero interno del oficialismo.
En Sinaloa no se elegirá solamente a quien encabezará el Gobierno del Estado. La sucesión de 2027 también pondrá a prueba la capacidad de Morena para retener el control político en una entidad marcada por la violencia, la disputa criminal, el deterioro de la percepción de seguridad y el desgaste de la administración estatal.
Hasta ahora, los movimientos más visibles se concentran en Morena y sus aliados. Imelda Castro Castro, María Teresa Guerra Ochoa, Graciela Domínguez Nava y Jesús Ibarra Ramos aparecen como los perfiles morenistas que han levantado la mano para competir por la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación, mientras que Ricardo Madrid Pérez busca participar desde el Partido Verde Ecologista de México.
A ellos se suma, desde la oposición, Jesús Estrada Ferreiro, exalcalde de Culiacán y exmorenista, quien se registró ante el Partido Acción Nacional como aspirante tanto a la gubernatura de Sinaloa como a la presidencia municipal de Culiacán.
Por ahora, la disputa no puede leerse como una lista cerrada de candidatos. Se trata de aspirantes, perfiles en movimiento y actores que buscan entrar a los procesos internos de sus partidos antes de que se definan las candidaturas formales.
Morena busca candidato en medio del desgaste del rochismo
El punto de partida de la sucesión sinaloense es el caso Rocha Moya. El gobernador con licencia llegó al poder en 2021 como candidato de Morena y se convirtió en la principal figura del partido en el estado. Su grupo político tuvo control del Ejecutivo, del Congreso local y de varios espacios estratégicos de la administración pública.
Sin embargo, ese mismo control se convirtió en un problema para Morena rumbo a 2027. Los señalamientos hechos en Estados Unidos contra Rocha Moya y otros funcionarios y exfuncionarios sinaloenses colocaron a la sucesión estatal en una dimensión nacional. Ya no se trata únicamente de definir quién tiene más estructura territorial o mejor posicionamiento en encuestas, sino quién puede cargar con el costo político de la administración saliente y, al mismo tiempo, ofrecer una narrativa de recomposición.
La separación temporal de Rocha Moya del cargo abrió una etapa inédita para el morenismo local. En su lugar quedó Yeraldine Bonilla Valverde como gobernadora interina, una figura cercana al propio Rocha, lo que permitió mantener continuidad administrativa, pero no eliminó la presión política sobre el grupo gobernante.

En ese escenario, Morena enfrenta un dilema: apostar por un perfil con identidad propia, capaz de marcar distancia del desgaste del actual gobierno, o mantener la candidatura dentro del círculo político que ha sostenido el poder estatal durante los últimos años.
El problema para el partido es que buena parte de sus cuadros más visibles en Sinaloa han tenido algún nivel de cercanía política con la administración estatal. Eso obliga a la dirigencia nacional a medir no solo popularidad, sino también capacidad de operación territorial, margen de crecimiento y costo político.
Enrique Inzunza se baja y cambia el tablero
Uno de los movimientos más relevantes fue la decisión de Enrique Inzunza Cázarez de no buscar la gubernatura de Sinaloa en 2027.
El senador de Morena era considerado durante meses como uno de los perfiles naturales para suceder a Rocha Moya. No era un aspirante menor: fue secretario general de Gobierno, encabezó durante años el Supremo Tribunal de Justicia del Estado y llegó al Senado como parte del bloque político morenista sinaloense.
Su perfil combinaba cercanía con el grupo gobernante, experiencia institucional y proyección nacional. Por eso, su salida de la contienda no solo reduce la lista de aspirantes, sino que reordena los equilibrios dentro de Morena.
Inzunza anunció que permanecerá en el Senado hasta 2030, con lo que dejó el camino libre a otros perfiles del oficialismo. Su decisión también llegó en un momento de alta presión pública, pues su nombre apareció junto al de Rocha Moya dentro de señalamientos de autoridades estadounidenses sobre presuntos vínculos de funcionarios sinaloenses con el crimen organizado.
Con Inzunza fuera, la competencia interna de Morena se concentra en perfiles que ya comenzaron a separarse de sus cargos o a levantar la mano para buscar la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación, figura partidista que suele ser el paso previo a la candidatura formal.

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Imelda Castro, la carta con mayor presencia nacional
Entre los nombres de Morena, Imelda Castro Castro aparece como una de las figuras más visibles.
La senadora con licencia tiene trayectoria legislativa, presencia nacional y una relación directa con la dirigencia de Morena. Su ventaja es que no depende exclusivamente de la estructura local del rochismo para tener proyección política. Esa distancia puede convertirse en un activo si el partido busca una candidatura que no cargue totalmente con el desgaste del gobierno estatal.
Pero también enfrenta un reto: demostrar operación territorial en un estado donde la estructura política, municipal y legislativa ha estado controlada por otros grupos internos. En Sinaloa, las encuestas importan, pero también pesa la capacidad de movilizar cuadros, mantener acuerdos con alcaldes, liderazgos regionales y sectores productivos.
Imelda Castro representa una posible salida para Morena si el partido decide enviar un mensaje de recomposición desde el Senado y no desde el gabinete estatal. Sin embargo, su candidatura tendría que resolver un equilibrio delicado: diferenciarse de Rocha Moya sin romper con la base morenista que todavía controla buena parte del aparato político local.
Tere Guerra deja el Congreso para ir por la candidatura
María Teresa Guerra Ochoa es otra de las figuras que ya se movió rumbo al proceso interno de Morena.
Hasta antes de solicitar licencia, encabezaba la Junta de Coordinación Política del Congreso de Sinaloa, uno de los espacios más importantes del poder local. Desde ahí operó temas legislativos clave para la mayoría morenista y se mantuvo como una de las voces más visibles del oficialismo estatal.
Su salida del Congreso tiene doble lectura. Por un lado, confirma su intención de competir por la candidatura a la gubernatura. Por otro, obliga a Morena a reacomodar el control legislativo en un momento de tensión política.
La eventual llegada de Eligio López Portillo a la presidencia de la Jucopo también tiene lectura sucesoria. Se trata de un legislador identificado como cercano a Rocha Moya, por lo que el movimiento puede interpretarse como un intento del grupo rochista por conservar influencia en el Congreso mientras una de sus principales figuras entra a la competencia interna.
Tere Guerra puede presentarse como un perfil con experiencia legislativa, discurso social y conocimiento de la agenda de seguridad y justicia. Sin embargo, también carga con la cercanía al bloque gobernante y con el costo de haber encabezado el Congreso durante una etapa de fuertes cuestionamientos al poder estatal.
Graciela Domínguez busca recuperar espacio dentro del morenismo
Graciela Domínguez Nava también aparece entre los perfiles que buscan participar en el proceso interno.
Su trayectoria dentro de la izquierda sinaloense y su paso por espacios legislativos y administrativos le permiten presentarse como una militante con historia dentro del movimiento. A diferencia de perfiles más recientes, Domínguez puede apelar a una base política que la identifica con los primeros años de Morena en el estado.
Su reto es recuperar visibilidad frente a figuras con mayor exposición mediática reciente. En una contienda dominada por licencias, encuestas y lecturas nacionales, no basta con tener trayectoria; también será necesario mostrar capacidad de crecimiento y operación territorial.
Para Morena, su presencia en la contienda puede funcionar como una carta de equilibrio interno, especialmente si la dirigencia busca evitar que la definición se reduzca únicamente a los perfiles más vinculados al grupo gobernante.
Jesús Ibarra entra desde la Cámara de Diputados
Jesús Ibarra Ramos, diputado federal, es otro de los perfiles que se incorporó a la lista de aspirantes morenistas.
Su participación muestra que la candidatura no está cerrada a las figuras más conocidas del Senado o del Congreso local. Desde la Cámara de Diputados, Ibarra busca entrar a una medición interna donde el principal desafío será aumentar reconocimiento público y colocarse como una opción viable dentro de una competencia con perfiles de mayor trayectoria estatal.
En términos políticos, su aspiración amplía el abanico de Morena y obliga al partido a procesar una competencia interna con varias corrientes. El riesgo para el oficialismo no está solo en elegir mal, sino en que quienes no resulten favorecidos se desmovilicen o terminen debilitando la operación electoral.

El Verde quiere lugar en la negociación
Dentro del bloque oficialista también aparece Ricardo Madrid Pérez, diputado federal del Partido Verde.
Su aspiración debe leerse en clave de negociación aliancista. El Verde ha crecido como socio estratégico de Morena en distintas entidades y busca aumentar su peso en la distribución de candidaturas, posiciones legislativas y espacios de gobierno.
En Sinaloa, la candidatura a gobernador difícilmente quedará fuera de Morena si el partido mantiene ventaja en las encuestas, pero el Verde puede usar el proceso para posicionar perfiles, exigir espacios y fortalecer su papel dentro de la coalición.
Madrid Pérez entra a una competencia dominada por morenistas, pero su presencia confirma que la sucesión también será una negociación entre partidos aliados, no solo una encuesta entre militantes de Morena.
Estrada Ferreiro busca regresar desde el PAN
En la oposición, el movimiento más claro hasta ahora es el de Jesús Estrada Ferreiro.
El exalcalde de Culiacán llegó al poder bajo las siglas de Morena, fue reelecto y posteriormente separado del cargo en medio de un conflicto político y jurídico con el Congreso local y el Gobierno del Estado. Su regreso ahora por la vía panista tiene una carga simbólica fuerte: un exmorenista que busca enfrentar al mismo grupo político con el que rompió.
Estrada Ferreiro tiene reconocimiento público, especialmente en Culiacán, pero también una imagen polarizante. Para el PAN puede ser una carta útil porque genera conversación, confronta directamente al rochismo y conecta con sectores inconformes con Morena. Sin embargo, también representa riesgos para un partido que busca reconstruirse y que tendría que decidir si apuesta por una figura externa, confrontativa y de alto desgaste.
Su registro doble, tanto para gubernatura como para alcaldía, muestra que su futuro político aún puede moverse según las condiciones de negociación. Puede ser candidato, factor de presión o pieza en una estrategia opositora más amplia.
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Una oposición todavía sin tablero completo
Fuera del registro de Estrada Ferreiro ante el PAN, el resto de la oposición todavía no muestra un tablero formal comparable al del bloque oficialista.
El PRI no ha definido candidaturas para la gubernatura de Sinaloa y, por ahora, cualquier nombre que se coloque como carta priista tendría más carga especulativa que base formal. Movimiento Ciudadano tampoco aparece en esta etapa con un perfil competitivo claro para la gubernatura, especialmente después del atentado que sufrió Sergio Torres Félix, dirigente estatal del partido y exalcalde de Culiacán.
Por eso, la fotografía política del momento favorece una lectura: la sucesión sinaloense se está moviendo primero dentro de Morena y sus aliados, mientras la oposición observa, mide escenarios y espera saber si el desgaste del gobierno estatal puede convertirse en una oportunidad electoral real.
Una elección marcada por la seguridad y la confianza
La gubernatura de Sinaloa en 2027 se definirá en un contexto mucho más complejo que una competencia ordinaria entre partidos.
La violencia, las desapariciones, la presencia de grupos criminales, la percepción de impunidad y los señalamientos contra actores políticos colocan a la seguridad como el eje central de la elección. Ningún aspirante podrá construir una campaña competitiva sin responder a esa crisis.
Para Morena, el reto será demostrar que puede ofrecer continuidad política sin cargar con el desgaste del gobierno de Rocha Moya. Para la oposición, el desafío será convertir el enojo social en votos y no solo en discurso.
En ese tablero se mueven Imelda Castro, Tere Guerra, Graciela Domínguez, Jesús Ibarra, Ricardo Madrid y Estrada Ferreiro. Algunos llegarán hasta el registro formal, otros se quedarán en la negociación interna y algunos más serán piezas de presión.
Pero la sucesión ya comenzó. Y en Sinaloa, la pregunta no es solo quién quiere ser candidato a gobernador, sino quién puede convencer a un estado golpeado por la violencia de que tiene capacidad real para recuperar el control político, institucional y de seguridad.
Con información de La Silla Rota

