Sarampión: una amenaza que vuelve y lo que Sinaloa debe saber
Salud pública en perspectiva
Dr. Víctor Ruíz
Mucho se ha hablado recientemente sobre la situación del sarampión en México, y no es para menos. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), ha advertido que nuestro país se encuentra bajo evaluación por transmisión prolongada del virus del sarampión, en un contexto particularmente delicado: la región de las Américas ya perdió su estatus como zona libre de sarampión.
Esto no implica, por ahora, una reclasificación automática para México, pero sí coloca al país bajo escrutinio técnico internacional. Dicho en otras palabras, estamos ante un momento clave en materia de salud pública.
Lejos de ser un fenómeno aislado, el resurgimiento del sarampión responde a una tendencia global. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en noviembre de 2025, muestra que entre 2000 y 2024 los casos estimados a nivel mundial disminuyeron en un 71% y las muertes en un 88%. Este avance fue posible gracias al incremento sostenido en la cobertura de vacunación.
Sin embargo, esa misma tendencia comenzó a debilitarse en años recientes. El problema se conjugó en la falta de vacunas, la pérdida de coberturas óptimas y, en muchos casos, la disminución en la confianza hacia ellas.
En México, los datos son claros. De acuerdo con la ENSANUT Continua 2021–2023, ninguna de las vacunas del esquema infantil alcanza el 95% de cobertura recomendado para garantizar inmunidad colectiva. En el caso de la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, la cobertura ronda apenas el 70%. Más preocupante aún, menos de la mitad de las niñas y niños cuentan con un esquema completo a los dos años de edad. Estas brechas no son menores: representan el espacio perfecto para que el virus encuentre nuevamente circulación.
Las consecuencias ya son visibles. De acuerdo con los reportes más recientes de la Secretaría de Salud, en el Informe Diario del Brote de Sarampión, desde el inicio de 2025 hasta el 20 de marzo de 2026, se han acumulado más de 14 mil casos confirmados en el país, así como 35 lamentables defunciones asociadas a esta enfermedad prevenible.
El grupo de edad con mayor número de casos es el de 1 a 4 años, con 1,856 registros; le siguen los grupos de 25 a 29 años, con 1,648 casos, y de 5 a 9 años, con 1,627. El sarampión no ha regresado por casualidad; ha regresado donde la vacunación no logró sostenerse.
Sinaloa se ha sumado a esta tendencia nacional, ocupando el séptimo lugar con 342 casos confirmados y una defunción, según datos de la Secretaría de Salud. La reciente notificación de un caso en el municipio de Guasave encendió las alertas locales, particularmente en redes sociales.
Es importante entender que el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que existen. Una persona infectada puede transmitir el virus a entre 12 y 15 personas no vacunadas a su alrededor. Basta un solo caso para detonar un brote si existen huecos en la cobertura.
México logró interrumpir la transmisión endémica en 1996 y, durante décadas, los casos registrados fueron principalmente importados o asociados a importación. No obstante, el virus continúa circulando a nivel global y solo necesita una oportunidad para propagarse: esquemas incompletos, comunidades con acceso limitado a servicios de salud o decisiones que retrasan la vacunación. Si los contagios no han avanzado con mayor rapidez, es gracias a quienes sí cuentan con su esquema completo.
Es importante reconocer el esfuerzo de las autoridades de los tres niveles de gobierno en la vigilancia epidemiológica y en las campañas de vacunación. Sin embargo, el reto actual exige redoblar esfuerzos: fortalecer la cobertura, recuperar esquemas atrasados y, sobre todo, reconstruir la confianza de la población en las vacunas. La evidencia es clara: estrategias como la vacunación casa por casa han demostrado ser efectivas y deben retomarse.
A quienes me honran con la lectura de esta columna, les recuerdo que el sarampión inicia como una enfermedad aparentemente común: fiebre alta, tos, escurrimiento nasal y enrojecimiento de ojos, seguido de un exantema característico. Sin embargo, puede complicarse gravemente, especialmente en niñas y niños, provocando neumonía, encefalitis e incluso la muerte.
Hoy, más que nunca, la prevención vuelve a ser la herramienta más poderosa. Completar los esquemas de vacunación no solo protege a nivel individual, sino que protege a toda la comunidad. Ante cualquier síntoma o duda, lo más importante es acudir a su centro de salud o a su médico de confianza.
El sarampión nos recuerda algo fundamental: los logros en salud pública no son permanentes. Se sostienen, o se pierden.
Victor Ruiz.
Médico general. Maestrante en Medicina Traslacional y Salud Pública.

