“Los vuelos de repatriación de ICE son un verdadero viaje al infierno”
Pablo Gato
Asegura la periodista Gillian Brockell a la cadena NPR.
“El detenido puede estar 14-18 horas sentado sin poder levantarse. Si pide ir al servicio muchas veces le dicen que no y se ve obligado a hacer sus necesidades encima. Y seguir así el viaje durante muchas horas más”, asegura.
“Hay personas que para llegar a su destino han pasado por 47 países y 82 horas en el avión sentados y encadenados. Eso no solo produce un dolor aterrador sino que puede provocar daños permanentes en el sistema nervioso. Es inhumano”, sigue.
“Y si los agentes de ICE la toman con alguno, lo sacan de su asiento, lo ponen en una bolsa plástica que inmoviliza todo su cuerpo y lo dejan encadenado en el suelo hasta que concluya el viaje. Es tortura”, continúa.
“Después por ejemplo a una colombiana la dejaron sola en la República Democrática del Congo. Allí las autoridades le dijeron que no la querían en el país y que tenía que irse en dos días. ¿Cómo? En otros casos hay personas con enfermedades. Esos países dicen a EEUU que no pueden tratar a los deportados pero EEUU los deporta igual”, prosigue.
“Hay muchos que llegan a EEUU y piden asilo político argumentando que sus vidas peligran si regresan a sus países. La ley internacional prohíbe radicalmente deportar a esas personas a sus países. Y que ha hecho Trump? Deportarlos a sus países”, señala.
“Trump también ha separado a las familias. Muchas veces los agentes iban con los niños sin padres en ese tipo de vuelos pero las deportaciones eran tantas que tuvieron que usar vuelos comerciales. Los asistentes de vuelo se negaron a trabajar si había ese tipo de separación familiar en sus vuelos y las empresas cancelaron su acuerdo con ICE”, asegura.
“Los vuelos de ICE son un viaje al infierno. Inhumanos y crueles. Son un sinónimo de barbarismo”, dice.

