La viralización de la medicina en redes sociales
Salud Pública en Perspectiva
Dr. Víctor Ruiz
dr.victor.ruiz.ruelas@gmail.com
El 35% de los pacientes mexicanos usa hoy las redes sociales como su fuente primaria de información médica, según el informe «El Médic@ Digital en México 2024» de la Fundación Mexicana para la Salud. Solo en YouTube Health México ya hay 1.8 millones de videos de salud en español, con más de 20 000 millones de visualizaciones y un crecimiento del 50% en contenido de salud mental. La consulta médica, para una parte creciente de la población, ya no empieza en el consultorio: empieza en el scroll.
Esto no es necesariamente malo. Divulgar ciencia con rigor en redes es, de hecho, el trabajo que muchos hacemos todas las semanas. El problema es lo que está creciendo junto a esa divulgación legítima, y que una investigación reciente documentó con una precisión incómoda.
El 1 de agosto, el medio de verificación argentino Chequeado publicó los resultados de un rastreo exhaustivo: identificaron 60 canales de YouTube en español protagonizados por «médicos» que, literalmente, no existen. Son avatares generados con inteligencia artificial, con bata blanca, tono pausado y guiones casi idénticos entre sí —cambia el nombre, pero la promesa de «la planta que elimina el 95% del cáncer» o «el alimento que repara la visión mientras dormís» se repite canal tras canal—. Esos 60 canales acumulan 4254 videos, 203 millones de reproducciones y tres millones de suscriptores. En TikTok, 28 cuentas similares suman 1.85 millones de seguidores. El público al que apuntan, casi exclusivamente, son personas mayores de 60 años.
Ocho días después, el mismo medio documentó algo todavía más inquietante: anuncios en Facebook que clonan con inteligencia artificial la voz y el rostro de médicos reales y reconocidos para hacerles «decir» que respaldan bebidas milagrosas contra el dolor articular. Los propios médicos confirmaron, en entrevista directa, que nunca grabaron esos videos.
Meta reportó haber eliminado 159 millones de anuncios fraudulentos en 2025, el 92% de forma proactiva —una cifra que, leída con cuidado, dice más sobre el tamaño del problema que sobre el éxito de contenerlo—.
¿Qué hace México al respecto? Más de lo que parece, aunque no lo suficiente. COFEPRIS ya cuenta con el programa VIGIMED, que solo en lo que va de 2026 ha suspendido 31 155 anuncios irregulares en medios digitales, y desde 2024 opera la Guía de Roles y Responsabilidades de una Publicidad por Influencia, que ya prohíbe testimonios engañosos y la atribución de cualidades curativas no comprobadas. El marco legal existe; las sanciones son reales, desde multas millonarias hasta el cierre de perfiles.
Lo que ese marco no contempla explícitamente es el escenario que documentó Chequeado: médicos que no existen, generados enteramente por inteligencia artificial, y médicos reales cuya identidad se clona sin su consentimiento. No es un vacío de regulación general —es un vacío específico y actualizable—.
Desde nuestro punto de vista, COFEPRIS debe actualizar su guía de publicidad por influencia para nombrar explícitamente el contenido de salud generado o alterado con inteligencia artificial, exigiendo etiquetado obligatorio y verificable, y estableciendo una vía expedita para que los profesionales de salud reales denuncien el uso no autorizado de su imagen.
Esto no es censurar opiniones ni restringir la divulgación médica legítima en redes —que debería seguir creciendo sin trabas—; es extender una regla que ya existe (no se puede atribuir falsamente cualidades curativas a un producto) al caso en que quien atribuye esas cualidades ni siquiera es una persona real.
Mientras esa actualización llega, la responsabilidad recae en el público. Antes de creer en un consejo médico de redes, verifique tres cosas: si el perfil tiene menos de un año y no está verificado, desconfíe; si promete una cura única para enfermedades muy distintas, desconfíe más; y si el mensaje apela a que «los médicos no quieren que usted lo sepa», esa frase por sí sola ya es una señal de alarma. Ante cualquier duda real sobre su salud, la recomendación sigue siendo la de siempre, la que ninguna tecnología ha vuelto obsoleta: consulte a su médico de cabecera.

