“La ganga” de la Política
TRANSICION
El Poder de La Cruz
Si la Cruz salvó a la humanidad hace 2 mil años, en el 2027 te puede salvar de nuevo. Vota cruzado, no le des todo el poder a un solo partido. Vota por quien tú quieras pero haz la cruz de tu salvación.
Oswaldo Villaseñor
@oswaldovillase
En el 2018 Yeraldine Bonilla -dicho por Rubén Rocha -lo cual no es ninguna vergüenza- despachaba “como una meserita” en una fonda de Estación Dimas, un pequeño pueblo del municipio de San Ignacio. 8 años después es la gobernadora de Sinaloa.
En el 2018, no tenía ninguna experiencia política- administrativa en la administración pública. Llegó a una diputación local por las famosas tómbolas que impulsó el entonces candidato a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.
Ahí inició una carrera ascendente. Diputada local, Subsecretaria de Seguridad, luego encargada del Despacho de la Secretaria de Seguridad, regresa a la una diputación local por el distrito 19 bajo el principio mayoría relativa, Secretaria General de Gobierno y ahora gobernadora de Sinaloa. En 8 años cumplió el sueño de su vida.
Pero el caso de Yeraldine Bonilla, el cual no tiene nada de malo si al final hace un buen gobierno y da resultados, no es el único que ejemplifica como la improvisación suple a la meritocracia en el gobierno.
Los perfiles personales y la trayectoria política ya no son requisito indispensable para llegar a ostentar un cargo de representación política o administrativo. La Política se ha devaluado y el ciudadano paga las consecuencias.
Ahora los improvisados y los advenedizos tienen las mismas oportunidades o más, para llegar a ser gobernador, presidente de la República, senador, diputado federal, alcalde, diputado local o Secretario de Gabinete y hasta magistrado de la Corte.
¿Quien abarató la política? Andrés Manuel cuando aniquiló el funcionamiento del Gabinete, al pedir 10 por ciento de capacitad y 90 % de lealtad a sus colaboradores lo cual le permitió ejercer el poder de manera totalitaria o los ciudadanos que lo han permitido.
En las últimas décadas, pero sobre todo en los últimos 8 años, la política mexicana ha experimentado un proceso de desvalorización que no pasa desapercibido para quien observa con atención la calidad de sus representantes y sobre todo, sus pobres resultados dados.
Cada vez se observa con mayor frecuencia, cargos de alta responsabilidad —gubernaturas, senadurías, diputaciones e incluso posiciones clave en el Poder Ejecutivo que son ocupados por personas que carecen de una trayectoria política sólida, de experiencia administrativa relevante o de un perfil profesional acorde con las exigencias del puesto.
Andrés Manuel nombró a un ingeniero agrónomo como director de Pemex, por poner un ejemplo de muchos que existen.
Este fenómeno del abaratamiento de la política, hay que decirlo, no es exclusivo de un partido ni de una corriente ideológica, sin embargo, sí es en los últimos años cuando se ha acentuado.
Los primeros indicios se dieron en la década de los 90s y primera década del 2000. Con la llegada del PAN, los políticos encumbrados empezaron por postular a sus esposas o parientes a los cargos que dejaban para encontrar así una forma legal de mantenerse en el poder. Después hizo lo mismo el PRI y otros partidos que llegaron al poder. Eso sí, los casos no eran generalizados.
Después la política se abarató cuando los partidos entraron a la onda grupera y empezaron a ser ya no organizaciones de interés público, sino todos los partidos políticos empezaron a tener dueño.
Para garantizar el registro o ganar posiciones, empezaron por postular personajes populares, pero completamente improvisados en la política y en la administración pública.
Así llegó Carmen Salinas y otros artistas a cargos legislativos.
Luego se presentaron casos como el de Cuauhtémoc Blanco quien del éxito en las canchas de fútbol pasó a la alcaldía de Cuernavaca y, posteriormente, a la gubernatura de Morelos, sin una carrera política previa que le hubiera permitido adquirir el oficio de gobernar.
La era del marketing llegó a la política y bajó aún más el valor. Los partidos políticos, enfrentados a una ciudadanía cada vez más desconfiada y volátil, además sin nuevos liderazgos, privilegiaron la lógica del marketing electoral sobre la construcción de cuadros. Postular a un personaje conocido genera cobertura mediática inmediata y puede atraer votos de sectores poco politizados. Los dueños de los partidos políticos garantizan seguir siendo los dueños.
Estas prácticas que han abaratado la política, provocó el desgaste de las estructuras partidistas tradicionales y el rechazo a la “clase política vista como corrupta” han generado un terreno fértil para los outsiders,(gente que viene de fuera de la política tradicional partidista) presentados como alternativas frescas frente a los “políticos de siempre”.
La personalización de la política y el auge de las redes sociales han acentuado esta tendencia: la imagen y el discurso simplificado desplazan al análisis complejo y a la experiencia acumulada.
Sin embargo, las consecuencias de esta práctica son serias. Gobernar un estado o legislar para el país no es un ejercicio de intuición ni de popularidad pasajera. Requiere capacidad de negociación, conocimiento de las finanzas públicas, sensibilidad ante la complejidad social y una visión de largo plazo. Cuando quienes llegan a estos cargos carecen de esta preparación, se incrementa el riesgo de improvisación, de decisiones erráticas, de dependencia excesiva de asesores o de subordinación a intereses externos. En pocas palabras de tener un mal gobierno.
Hoy Sinaloa, BC, Michoacán, Hidalgo, Colima y 12 estados más, todos gobernados por Morena, tienen malos gobiernos. Pero todos van en el 2027 a elegir nuevos gobernantes.
Parece que no se a aprendido la lección. Elegir candidatos improvisados, aumenta la probabilidad de tener un mal gobierno.
Hoy en Morena, salvo honrosas excepciones, de los 13 supremos aspirantes, la mayoría son gente improvisada.
Omar López saltó a la política con el triunfo de Rubén Rocha. Hace 4 años no era nadie, hoy aspira -y se vale- a ser gobernador de Sinaloa. Su mayor mérito para aspirar es ser ahijado de Rubén Rocha y una de las cartas que le quedó tras la inhabilitación de Enrique Inzunza y Juan de Dios Gámez. Es una perpetuación en el poder de Rocha e Inzunza.
Lo mismo se puede decir de Rodolfo Valenzuela, Kristian Espinoza, Estrella Palacios y enumerar la mayoría de la lista del equipo de Rubén Rocha. La improvisación abunda.
Justo ahí está el problema. La ausencia de perfiles se convierte en norma y no en excepción; cuando la meritocracia política se sustituye por la lógica de la improvisación que perpetua el poder de quienes los impulsan.
En un país y en estados con fuertes desafíos estructurales tan profundos como la desigualdad, la inseguridad, debilidad institucional, rezagos educativos—, la calidad de quienes toman decisiones no es un detalle menor: es una condición de gobernabilidad. ¿Y Sinaloa ya aprendió la lección?
Recuperar el valor de la política exige una ciudadanía más exigente, capaz de distinguir entre el espectáculo y la sustancia, entre la promesa mediática y la capacidad de gobernar. Mientras la política siga abaratándose —mientras se priorice la notoriedad sobre la competencia—, el costo lo pagará el país entero y la propia ciudadanía que lo permite.
El 2027 se acerca ya y será el examen que presente la gente para ver si ya aprendió la lección que la improvisación juega en su contra y de si capaz de exigir y elegir gobernantes capaces que rescaten a Sinaloa y a México. Ojo del partido que sean, pero que sean capaces.
Habrá que estar pendientes.
