DOMINGRILLA
FRANCISCO CHIQUETE
A estas alturas nadie duda del respaldo con que el gobernador Rubén Rocha Moya decidió retomar el cargo.
Hoy la pregunta es ¿resistirá Rocha el asedio de todo el aparato gubernamental?
Ayer la mismísima presidenta Claudia Sheinbaum posteó un mensaje de reclamo. Ningún interés personal o de grupo está por encima de los intereses del pueblo de México, dijo de entrada, y luego advirtió contra quienes desoyen al pueblo y van tras el poder por el poder.
El mensaje es claro. Dogmático como todo en la 4T. Pero claro. Precedido además por la andanada de condenas de las cúpulas morenistas.
¿CÓMO PASÓ TODO?
Seis horas tenía Rubén Rocha Moya sentado ante su escritorio de gobernador, cuando empezaron los asegures.
No se trataba de reacciones de partidos opositores ni de organizaciones sociales o privadas (la ultraderecha) o del incendio que provocó su regreso en las redes sociales.
Eran nada menos que la Secretaría de Gobernación y la dirigencia de su partido -Morena- que ejecutaban sincronizadamente la Operación Pilatos.
En uno y otro lados aseveraron que el regreso de Rocha a la gubernatura fue “una decisión personal” y peor aún: que sigue abierta la carpeta de investigación iniciada  por las acusaciones en Estados Unidos.
En su twitt de reasunción, el gobernador dio por cerrado su caso, al señalar que la FGR no encontró pruebas de las acusaciones calumniosas que se le hicieron “en una oficina” de Nueva York.
Eso equivaldría a una exoneración, pero según la Segob y según Morena, no hay tal. Las investigaciones aún se realizan.
Es difícil creer que Rocha Moya hubiese tomado por sí mismo una decisuón tan fuerte, como es impensable que también fue él solo quien decidió solicitar licencia al cargo “para facilitar las investigaxiones”. Todo mundo da por hecho que fue una medida tendiente a aligerar la presión de Estados Unidos, mientras se hallaba la fórmula para sacarlo de la bronca.
Hoy no se ve ese arropamiento.
Ricardo Monreal, otrora defensor a ultranza de Rocha, se sumó a la tendencia diciendo que la decisión del gobernador sinaloense fue “personal e individual” y fue mucho más lejos, al pedir a Rocha que vuelva a pedir licencia para que no afecte a la presidenta ni a Morena, posición asumida también por los diputados y senadores de Morena, así como por los gobernadores surgidos de ese partido, quienes en sendos desplegados instaron a Rocha a devolverse a su casa y pidieron a la FGR que siga con las investigaciones. Todo un desastre para el mandatario estatal.
Ni el comunicado de Gobernación ni el de Morena lo condenan, pero entre las precisiones hay un deslinde que lo deja solo, después de acuerpamientos que ofrecían impunidad eterna.
Durante varios días nos seguiremos preguntando si esta es la respuesta a la escandalosa cancelación de la visa de Andy o si los lopezobradoristas radicales, encabezados por su mesías, se le encaramaron a la presidenta Sheinbaum, tan necesitada de equilibrios para zanjar la confrontación con Estados Unidos.
También por supuesto, nos mantendrá intrigados la reacción gringa. ¿Hasta dónde llegará?
¿Y LOS SINALOENSES QUÉ?
Como decían los abogados y huizacheros, Rocha dio un sabadazo.
Regresa el viernes, confiado en que durante el fin de semana no habría mayores reacciones, y en que para el lunes su retorno se verá como hecho consumado.
Ese cálculo ya falló.
Pero ¿y los sinaloenses? La nuestra es una sociedad indignada, enlutada y adolorida. Hay coraje entre las personas de abajo, las que han perdido a un familiar, a un amigo o que se han sentido indefensos ante la guerra marca que nadie ha sido capaz de parar.
El gobernador ofrece la frente limpia y en alto, pero los resultados de su gestión no son buenos ni mucho menos.
La economía está por los suelos, las perspectivas son malas, la esperanza es nula.
El viernes, al presentarse en palacio de gobierno, por la calle y no por el sótano, se encontró con una manifestación de madres rastreadoras. No lo trataron mal, pero pusieron en sus manos un fólder con datos sobre terrenos donde hay restos humanos que nadie ha ido a buscar, sólo ellas, abandonadas por un gobierno que al llegar las señaló como prioridad.
Rocha regresó al ejercicio de gobierno tras 112 días de licencia pero ¿podrá parar la crisis? Podrá sobre todo conciliar con tantos sectores ofendidos, indignados por la falta de respuestas suficientes en seguridad y por la insensibilidad ante el desastre económico?
No parece haber condiciones para ello. El encono social es profundo, aunque las encuestas digan que Morena puntea en la intención de voto,
El regreso de Rocha es un arma para la famélica oposición. Nadie tuvo una expresión de júbilo o de mansa aceptación. Ni siquiera en Morena.
Algunos del primer círculo aseveran que Rocha se animó porque hace dos semanas le preguntaron a la presidenta que si al no hallar  pruebas de su culpabilidad, el gobernador ya no estaba obligado a mantenerse en licencia. Es su decisión personal, dijo Sheinbaum, pero eso no era un aval para el regreso.
Tras el mensaje de Sheinbaum y los posicionamientos de legisladores y gobernadores uno se pregunta si el gobierno de Rocha tiene futuro. Si sus gestiones ante la federación tendrán eco. Pobre Sinaloa.
PIENSA MAL Y ACERTARÁS.
El periodista Héctor de Mauleón pensó mal.
Rocha, dijo, no tenía fuero cuando detuvieron a Fausto Corrales, el testigo del asesinato de Cuén. Cuarenta y ocho horas después de la detención, ya tenía fuero por haber resumido el cargo. Impecable.

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