La llegada de Graciela Domínguez al Gobierno estatal y el ascenso de Imelda Castro como figura rumbo a 2027 modifican el mapa político de Morena y marcan distancia con la etapa de Rubén Rocha Moya.

Mario Núñez

Culiacán, Sin.- De la llegada de Graciela Domínguez al Gobierno estatal al ascenso de Imelda Castro como figura rumbo a 2027, Morena cerró una semana de definiciones que modifica el mapa político de Sinaloa y marca distancia con la etapa del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya.

Sinaloa vivió en cuatro días uno de los mayores reacomodos políticos de los últimos años.

El martes 25 de agosto, Graciela Domínguez Nava subió a la tribuna del Congreso del Estado para rendir protesta como gobernadora interina. Dos días después, Morena colocó a Imelda Castro Castro al frente de la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.

Y este viernes, la nueva coordinadora salió públicamente a respaldar a Graciela Domínguez y su proyecto de gobierno.

Tres movimientos que, vistos en conjunto, dibujan una nueva etapa para el partido en el poder.

La salida de Rubén Rocha Moya de la gubernatura dejó un vacío político que Morena comenzó a llenar rápidamente.

Primero, con una gobernadora interina que no estará en la boleta de 2027 y que tendrá como principal encomienda conducir los últimos meses del actual sexenio.

Después, con una figura política que sí apunta hacia el siguiente proceso electoral.

El Congreso designó a Domínguez con 31 votos a favor, seis en contra y tres abstenciones.

Desde la tribuna, la nueva gobernadora de Sinaloa habló de reconstruir la confianza y convertir la paz y la justicia en una tarea común, en un estado marcado por una profunda crisis de seguridad y gobernabilidad.

El mensaje tenía una lectura política evidente: el Gobierno estatal entraba en una etapa distinta.

Además, Domínguez Nava comenzó a marcar su propia ruta. La gobernadora anunció que analizará su gabinete para posibles cambios en la administración estatal y colocó como prioridades la seguridad, la gobernabilidad, la recuperación de la confianza ciudadana y la atención de los problemas económicos que enfrenta Sinaloa.

No era solamente un relevo administrativo; era el primer movimiento visible de una nueva configuración del poder.

El segundo movimiento: Imelda

Mientras Domínguez Nava comenzaba a tomar el control del Ejecutivo, Morena resolvía otra pieza fundamental: quién encabezaría el proyecto político rumbo a 2027. La respuesta fue Imelda Castro.

La senadora con licencia fue designada como coordinadora estatal de los trabajos de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa, una posición que la coloca como la principal figura de Morena para la sucesión gubernamental, aunque la candidatura formal todavía deberá pasar por los tiempos y procedimientos electorales correspondientes.

El movimiento adquiere mayor relevancia por el momento en que ocurre.

Hace apenas unos días, el viernes 21 de agosto, Rubén Rocha Moya intentó retomar el control del Gobierno estatal.

Su regreso duró poco más de un día y terminó con una nueva licencia, en medio de presiones políticas y del distanciamiento de Morena y del Gobierno federal.

Después de esa crisis, el partido necesitaba enviar una señal, y la señal fue doble: Graciela en el Gobierno e Imelda en el proyecto electoral.

El factor Rocha

Ahí aparece la palabra que atraviesa toda la semana: rochismo.

No se trata únicamente de quién ocupa un cargo. Se trata de qué grupo político conservará influencia después de la salida de Rocha Moya.

Morena enfrenta ahora el desafío de administrar una estructura construida durante casi cinco años alrededor del gobernador con licencia, pero al mismo tiempo necesita presentar una imagen distinta para enfrentar el proceso de 2027.

La llegada de Domínguez al Ejecutivo y la designación de Castro pueden interpretarse como el inicio de ese proceso de reacomodo.

Pero el mensaje de Imelda durante su conferencia del viernes 29 de agosto resulta especialmente significativo.

En lugar de marcar distancia con la gobernadora, la coordinadora salió a respaldarla.

Reconoció la trayectoria de Graciela Domínguez y sostuvo que cuenta con el perfil para encabezar esta nueva etapa.

También adelantó su respaldo al plan de gobernabilidad y seguridad que prepara la mandataria.

El respaldo tiene peso político porque Imelda no habló como una espectadora: habló como la mujer que Morena acaba de colocar al frente de su proyecto estatal rumbo a 2027.

Y al respaldar a Graciela, envió también otro mensaje: la transición dentro de Morena no necesariamente tendrá que traducirse en una ruptura entre quienes hoy ocupan los principales espacios de decisión.

Una nueva relación de poder

La última semana de agosto comenzó con un Gobierno estatal sin certeza sobre quién lo encabezaría y termina con dos figuras perfectamente ubicadas en el nuevo tablero.

Graciela Domínguez tiene el Ejecutivo; Imelda Castro tiene la conducción política de Morena rumbo a 2027.

Rocha Moya tiene licencia y su regreso a Palacio de Gobierno quedó políticamente sepultado por una nueva solicitud de separación del cargo.

Y el partido enfrenta ahora el reto de reorganizar a su estructura sin provocar una fractura interna.

Por eso, más que una simple sucesión de nombramientos, lo ocurrido esta semana representa el inicio de una nueva distribución del poder en Sinaloa.

El rochismo no desapareció de un día para otro; sus cuadros siguen ocupando espacios en el Gobierno y en el Congreso.

Incluso dentro de Morena existen voces y grupos que construyeron su trayectoria política al lado del gobernador con licencia.

Pero algo sí cambió: la conducción política ya no gira alrededor de Rocha.

El martes, Graciela Domínguez asumió el Gobierno; el jueves, Morena colocó a Imelda Castro como su principal figura política rumbo a 2027, y comenzaron a aparecer las primeras señales de coordinación entre ambas.

Y este viernes 29 de agosto, Imelda hizo explícito su respaldo a la gobernadora.

Así termina la semana: con Morena intentando cerrar filas, una nueva gobernadora tomando el control de la administración y una coordinadora estatal que empieza a construir su propio camino político.

La pregunta ya no es solamente qué pasará con Rocha. La pregunta es quién ocupará el espacio político que dejó Rocha. Pero, esta última semana del mes, Morena comenzó a dar su respuesta.

Con información de El Sol de Sinaloa

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