Un par de hombres abrió fuego contra la buscadora el sábado en Culiacán mientras viajaba en coche con su hija y dos nietas. El ataque se registró cuatro días después de que se reforzara la presencia militar en la ciudad

Marcos Vizcarra

Alma Rosa Rojo se dirigía en coche a una imprenta el sábado. El coche lo manejaba su hija, Yesenia. La activista por los desaparecidos en Sinaloa tenía sobre las piernas a su nieta de siete años. En la parte de atrás viajaba otra niña de 12. Rojo alcanzó a ver cómo dos hombres en otro auto las rebasaron, se dieron vuelta en U y las detuvieron. Uno de los hombres abrió la puerta, se bajó y les disparó de frente. Es otra escena de la violencia cotidiana que vive Culiacán, la capital del Estado que vive desde hace dos años una crisis de inseguridad.

“La nieta que llevaba en las piernas puso las manos al frente, como queriendo parar las balas. Yo lo que hice fue agarrarla y hacerme a un lado, pero así me hirieron. La bala me cruzó el brazo y se quedó en la espalda”, cuenta a EL PAÍS Alma Rosa, una de las pioneras en el activismo por los desaparecidos en el Estado y quien busca a su hermano Miguel Ángel desde 2009. A él se lo llevaron unos hombres en Pueblos Unidos cuando iba a comprar agua.

“Fueron ocho disparos y todos iban contra mí”, agrega Rojo. Las balas perforaron parte del cofre y reventaron el parabrisas, dejando rastros de vidrio por toda la avenida Jesús Silva Herzog, al sur de Culiacán.

Una de las balas le atravesó el brazo izquierdo y le recorrió la parte trasera hasta quedar incrustada en lo alto de la espalda, donde se alcanza a notar un bulto pequeño.

“Ya nos habían dejado de disparar, cuando una de mis nietas levanta la cabeza y nos volvieron a tirar dos balazos”, narra la mujer. “Tengo la bala en la espalda, no me la pudieron sacar. Ahí me la dejaron los médicos. A ver si más adelante me la pueden quitar”, añade.

El ataque directo ocurrió apenas a una cuadra de la casa de una de sus hijas, en la colonia Esthela Ortiz. Se trata de una zona que se encuentra sitiada por militares desde septiembre de 2024. Entonces inició una confrontación sangrienta al interior del Cartel de Sinaloa entre las facciones de Los Chapitos y Los Mayitos.

La Fiscalía General de Sinaloa indica que se trató de un ataque directo, por lo que el caso se investiga de oficio como un feminicidio en grado de tentativa. Los fiscales lo relacionan con la actividad de Rojo como buscadora. Hasta el momento, nadie ha sido detenido en relación con el ataque armado.

La colonia es uno de los lugares de interés para el cartel, ya que desde ahí han operado el narcomenudeo en la ciudad y también ha sido para reclutar integrantes del cartel a la fuerza. El barrio se había convertido en un foco rojo reciente, pues allí fueron asesinadas dos estilistas. Esto obligó a las autoridades a reforzar la presencia militar. Ahí llegaron parte de los 300 elementos enviados el 25 de agosto por la Administración de Claudia Sheinbaum para robustecer la estrategia de seguridad.

“Ya nos esperaban”

Rojo fue atacada cuando iba camino a preparar las fotografías con el rostro de su hermano. Estas iban a ser atadas con listones amarillos en un árbol que ella y otras buscadoras han llamado “de la esperanza”. Eran vísperas de la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.

“Antes de salir de la casa, vimos cómo un muchacho en una motocicleta pasó tres veces. Se paró enfrente, pero no nos imaginamos que ya nos esperaban”, dice la mujer.

Su hija Yesenia se ofreció a llevarla a la imprenta, tomó las llaves del coche y salieron con dos niñas. “Cuando íbamos, yo vi como que del lado del campito de futbol estaba un carro estacionado con unos muchachos. Pasamos por un lado y ellos aceleraron”, cuenta.

Alma Rosa pensó que la nieta sobre sus piernas había muerto en sus brazos o que la otra había sido herida. Ambas resultaron ilesas. La más chica tuvo algunas heridas superficiales, mientras que la otra tuvo tiempo de encoger su cuerpo y tirarse al piso. Las balas chocaron contra el asiento.

Yesenia, detrás del volante, quedó herida de su costado izquierdo. Alcanzó a tirarse al piso, pero una de las balas la tocó. Dice que antes había oído disparos y pensaba que sería uno de los sonidos que podrían dejarla sorda, pero ahora que es sobreviviente lo describe como algo que no se escucha, sino que solo se siente mientras recorre el calor en el cuerpo.

Apenas habían terminado los disparos y echó el carro de reversa hasta estrellarse en un cúmulo de tierra.

“Pensamos que seguramente los hombres creyeron que ya estábamos muertas y que el carro se fue solito”, dice. Las mujeres escucharon que los hombres arrancaron el motor de su coche y se fueron. Fue entonces cuando las niñas abrieron las puertas para correr al interior de la casa.

Las cuatro mujeres se encuentran fuera de peligro. Alma Rosa y Yesenia repiten cada momento, tratando de entender el porqué del ataque. No saben si fueron las vísperas por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la violencia exacerbada que hay en Culiacán desde hace dos años, que son mujeres y que las vieron indefensas. Solo hay certeza de algo, menciona Alma Rosa: “Querían matarme”.

 

 

Con información de El Pais

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