La periodista remarcó que el exgobernador permanece en la impunidad respecto a sus nexos con la delincuencia.

Durante el sexenio del priista Mario Marín Torres, Puebla no sólo sirvió como refugio para capos del narcotráfico; fue base clave de operaciones para el Cártel de Sinaloa, según comentó la periodista Anabel Hernández.

En entrevista con CENTRAL y PÁGINA NEGRA, la periodista, que presenta su libro “Narcocracia” mañana en Ciudad de México, advirtió que Marín sólo es juzgado por tortura contra Lydia Cacho. Sin embargo, pese a que se mantiene en la prisión de El Altiplano, no se le ha investigado por delincuencia organizada.

Pues, según aseguró, la incursión y asentamiento de la organización criminal en la entidad poblana se dio bajo la protección directa del entonces mandatario estatal.

Mario Marín incluso llegó a recibir recursos económicos del capo Arturo Beltrán Leyva para proyectos de su administración. Así lo denunció la periodista y escritora Anabel Hernández durante una entrevista para Periódico CENTRAL y PÁGINA NEGRA, en el marco de la presentación de su más reciéntenle libro, Narcocracia.

Mario Marín entregó Puebla al Cártel de Sinaloa y recibió dinero del narcotráfico, revela Anabel Hernández
Anabel Hernández en entrevista con Edmundo Velázquez.Creditos: Especial

La protección oficial a Arturo Beltrán Leyva por parte de Mario Marín  

De acuerdo con Anabel Hernández, la información proviene del testimonio directo de Sergio Villarreal Barragán, alias “El Grande”, exlugarteniente y considerado el “general” operativo del Cártel de Sinaloa y los Beltrán Leyva.

La periodista subrayó que la llegada de los grupos criminales a Puebla entre 2002 y 2003 no fue fortuita. Al contrario, formó parte de una estrategia acordada y planificada como corredor logístico crucial entre Oaxaca y la Ciudad de México ante la falta de acceso a Veracruz. Sin embargo, la presencia del cártel echó raíces profundas en la capital poblana gracias a la anuencia del Poder Ejecutivo local.

Durante años el estado de Puebla, particularmente la ciudad de Puebla era una base de operaciones para el Cártel de Sinaloa gracias (…) a la complicidad directa del entonces gobernador Mario Marín”.

Anabel Hernández remarcó que Marín Torres, conocido públicamente por el caso de tortura y detención ilegal contra la periodista Lydia Cacho, permanece en la impunidad respecto a sus nexos con el narcotráfico:

Estamos hablando de un gobernador que no sólo protegía a pederastas, sino también protegía a narcotraficantes”.

Narcodinero en obras y vida de lujo de “El Grande” desde tiempos de Mario Marín  

Según la narración contenida en Narcocracia, bajo el amparo institucional, Arturo Beltrán Leyva adquirió propiedades en los fraccionamientos más exclusivos de Puebla, como Puerta de Hierro.

En esa misma zona de alta plusvalía residía el propio “Grande” —detenido en 2010 por la Marina— a escasas cuadras de la vivienda del fallecido exgobernador Rafael Moreno Valle.

En esa etapa, la capital se transformó en un centro neurálgico del narcotráfico, como el lavado de dinero, donde firmas de lujo registraron récords de ventas; no obstante, el vínculo entre el líder delictivo del Cártel de Sinaloa y el gobernador Mario Marín fue más allá de la tolerancia:

Cuando Arturo Beltrán Leyva decide, gracias a esta protección de Mario Marín, tener residencias en Puebla (…) además comenzó a dar dinero para proyectos del gobierno de Mario Marín. Eso está perfectamente revelado en el libro”.

La periodista explicó que la posterior ruptura y muerte de Arturo Beltrán Leyva a finales de 2009 desató la violencia en territorio poblano. Al perderse los supuestos acuerdos de “civilidad” interna de la organización, la plaza quedó a merced de células violentas como la de El Rojo. Detonando extorsiones, secuestros y homicidios que transformaron la tranquilidad de la entidad.

El contexto de Narcocracia: testimonios que cimbran a la política mexicana 

El libro Narcocracia recopila las confesiones de Sergio Villarreal Barragán, a quien Anabel Hernández define como uno de los testigos colaboradores de mayor peso y credibilidad para el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, cuyas declaraciones sustentaron sentencias históricas como la de Genaro García Luna.

En la obra, Hernández expone que la penetración del crimen organizado en el Estado mexicano no es un fenómeno aislado del pasado. Sino un modelo que se ha consolidado en las últimas décadas.

Por ejemplo, el financiamiento de campañas. La autora documenta la declaración en la que “El Grande” afirma haber entregado personalmente 500 mil dólares en efectivo a Andrés Manuel López Obrador en 2006 en un hotel de Gómez Palacio, Durango, sumando parte de una bolsa mayor aportada por distintas facciones del cártel.

Estructuras policiales intocadas: Señala la permanencia de cuadros policiales vinculados históricamente con Genaro García Luna. Que han transitado sin consecuencias a lo largo de distintos sexenios hasta la administración actual.

La autora advierte sobre una disputa electoral y “narco colonización” en el país. Anabel Hernández aseguro durante la entrevista que los comicios intermedios de 2027 representarán un punto de inflexión donde las cúpulas delincuenciales buscarán definir mandos estatales y municipales. Además de buscar garantizar su continuidad hacia 2030, ante un gobierno federal que, sostiene, actúa bajo un esquema de cooptación.

Cuestionada sobre los riesgos de publicar estas investigaciones y las amenazas recibidas, Anabel Hernández afirmó que, aunque siente temor, no busca ser suicida. Su labor responde a la obligación ética de informar:

A los periodistas nos toca hacer el trabajo feo, dar las malas noticias. La sociedad tiene el derecho a saber para sacar sus propias conclusiones y decidir qué hacer frente a la narcocracia”.

Con información de Central Puebla

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