Un estudio de UNICEF advierte que el calor extremo y las lluvias intensas elevan los riesgos para la salud infantil y pueden agravar las desigualdades.

Alexandra Figueroa

Culiacán, Sinaloa.- El calor, la sequía y las lluvias intensas no sólo son un problema ambiental, también pueden afectar la salud, alimentación y desarrollo de niñas, niños y adolescentes, advierte un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), publicado en octubre de 2026.

Al ser Sinaloa un estado con peligro alto o muy alto de sequía, de acuerdo al informe, la escasez de agua puede repercutir en la producción de alimentos y elevar sus precios, lo cual llega a afectar en la alimentación y crecimiento de las infancias. Asimismo, la sequía puede “detonar migraciones obligadas hacia regiones menos afectadas”.

Pero la sequía no es el único fenómeno climático que tiene consecuencias directas en la salud de las infancias; también lo son las altas temperaturas. Según UNICEF, en el noroeste de México predominan niveles altos o muy altos de exposición a ondas cálidas, que pueden provocar deshidratación y enfermedades gastrointestinales.

El estudio señala que los menores de 10 años son especialmente vulnerables al calor extremo, debido a que su organismo aún no regula por completo la temperatura corporal. También advierte que las altas temperaturas pueden afectar el sueño, la salud emocional y el rendimiento escolar, e incluso ocasionar la suspensión de clases.

Esto se agrava con la sequía, pues la falta de agua potable en las escuelas limita la capacidad de los planteles para hacer frente a los periodos de intenso calor.

De acuerdo con el Balance de cierre del ciclo escolar 2025-2026 de Mexicanos Primero Sinaloa, el 5 por ciento de los planteles de educación básica carece de energía eléctrica, por lo que no cuentan con aires acondicionados que funcionen y el 19 por ciento no cuenta con agua potable.

Además, el 13 por ciento no dispone de espacios para el lavado de manos y el 15 por ciento continúa sin sanitarios independientes.

Por otra parte, las lluvias también forman parte de los riesgos climáticos que pueden afectar a las infancias sinaloenses. Según el informe a nivel nacional, un aumento del 10 por ciento en la precipitación máxima acumulada durante cinco días consecutivos se relaciona con un incremento del 1.9 por ciento en la tasa de mortalidad infantil por enfermedades diarreicas.

En el caso de Sinaloa, la entidad registró un aumento de las precipitaciones anuales durante el periodo de 1940 a 2023, aunque esto contrasta con las proyecciones a futuro que apuntan a una disminución de las lluvias en buena parte del país.

Los efectos del cambio climático pueden acumularse y agravar las condiciones de vida de la infancia. UNICEF estima que alrededor de mil 100 millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo están expuestos a por lo menos tres riesgos climáticos combinados, entre los que destacan la sequía, el calor extremo y las olas de calor.

Estos riesgos pueden agravarse cuando las comunidades tienen acceso limitado a servicios esenciales, como agua potable, atención médica y alimentación suficiente.

Ante esto, UNICEF y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) plantean una serie de recomendaciones para que la protección de niñas, niños y adolescentes forme parte de las políticas climáticas del país.

Entre las medidas propuestas se encuentra adaptar las escuelas para enfrentar las altas temperaturas, garantizar el acceso continuo al agua potable y fortalecer los servicios de salud ante los efectos de los fenómenos climáticos.

“Garantizar sus derechos (de la infancia y adolescencia) exige incorporar sus necesidades específicas en la planificación territorial, la gestión del riesgo de desastres, los sistemas de protección social, los servicios de salud, educación y agua, así como en las acciones para la conservación y restauración ambiental”, se lee en el informe.

Las recomendaciones incluyen, además, establecer apoyos para las familias vulnerables antes y después de los desastres, así como protocolos de atención ante riesgos como el desplazamiento forzado, la violencia y el trabajo infantil.

 

Con información de Revista Espejo

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