Salud Pública en Perspectiva 
Dr. Víctor Ruiz
dr.victor.ruiz.ruelas@gmail.com
Noviembre es el mes de la salud del hombre y el 19 se conmemora el Día Internacional del Hombre. Este año la fecha llega con respaldo científico: el 31 de octubre se publicó una Serie científica internacional dedicada a la salud masculina, con un editorial que resume su mensaje: muchos hombres no están prosperando. Viven menos que las mujeres desde el siglo XIX, la brecha sigue ampliándose y, a nivel mundial, pierden 16% más años de vida saludable por enfermedad y discapacidad.
En México esa brecha ronda los seis años. Según las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO) para 2026, la esperanza de vida es de 73.5 años en los hombres y 79.8 en las mujeres. En Sinaloa, de 73.1 y 79.4: casi la misma diferencia.
¿Por qué? La Serie sostiene que la biología no lo explica todo. El análisis epidemiológico de Catto y colaboradores, con datos del Global Burden of Disease 1990-2023, señala a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer como las que más contribuyen a la mortalidad masculina, junto con el suicidio, las lesiones, la violencia y el consumo de sustancias. Muchas de esas causas son prevenibles y reflejan el cruce entre conductas moldeadas por las normas de masculinidad y determinantes estructurales como el empleo, la pobreza y los intereses comerciales.
Los datos del INEGI de 2024 lo ilustran. De los 33 550 homicidios registrados, 87.8% fueron de hombres, y el homicidio fue la primera causa de muerte masculina de los 15 a los 44 años. Sinaloa registró 1 032, una tasa de 33.3 por cada 100 000 habitantes frente a 25.8 en el país. De los 9 051 suicidios, 80.6% fueron de hombres. Y los hombres representaron 72.2% de las 40 645 muertes por enfermedades del hígado y 81.3% de las muertes por accidentes de transporte.
Hay un obstáculo más silencioso: la resistencia a pedir ayuda. El editorial recuerda que desde hace más de dos décadas UNESCO y el PNUD advirtieron que las normas de dureza masculina aumentan la exposición al daño y contribuyen a la muerte prematura por la renuencia a buscar ayuda médica. Y señala un riesgo nuevo: sin políticas públicas, ese espacio lo llenan los influencers de la llamada manosfera. Irlanda, Brasil y Australia son de las pocas excepciones con políticas integrales de salud del hombre.
Aquí van tres propuestas, como crítica constructiva. Primero, datos más finos: no basta separar por sexo; los autores señalan como prioridad urgente ir más allá de esa división para ver a los hombres en contextos de marginación. Segundo, integrar la salud masculina al Servicio Universal de Salud, que es precisamente lo que recomiendan los autores. Los 12 750 consultorios que deben arrancar en enero de 2027 podrían ofrecer detección de presión alta, glucosa y salud mental en horarios compatibles con el trabajo. Tercero, prevención de la violencia y atención emocional desde la adolescencia. Hasta donde pude revisar, México no cuenta con una política integral equivalente.
Conviene decir lo que la Serie también dice: atender la salud de los hombres no compite con la de las mujeres. La equidad consiste en atender según la necesidad, y un enfoque de género bien aplicado beneficia a todos. Y conviene la cautela habitual: se trata de datos poblacionales y estudios observacionales; muestran asociaciones y patrones, no causas únicas.
Si usted es hombre, este es el mensaje práctico: no espere a sentirse mal para acudir al médico. Una valoración periódica, hablar de lo que se siente y pedir ayuda a tiempo no son debilidad, son prevención.

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