Pablo Hiriart

Culpar a Felipe Calderón es el asilo de todos los ineptos que son incapaces de hacer crecer la economía, brindar algo de seguridad o comprar medicinas.

Ayer la presidenta Sheinbaum dijo que Felipe Calderón era asesor de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, lo que es una completa mentira.

A propósito de la exigencia al rey Felipe a que se disculpe por la Conquista, Ayuso (como le llaman en España) dijo que en México la seguridad está peor que nunca y que cada quien debe asumir sus responsabilidades.

La presidenta Sheinbaum quiso devolver el golpe a Díaz Ayuso con el fantasma de Felipe Calderón, y erró el tiro.

Hace poco vimos publicada la fotografía de un bulto dentro de una bolsa negra tirado en lo que fue la residencia oficial de Los Pinos, hoy convertida en una galería de odio.

Era la estatua del expresidente Felipe Calderón, al que supuestamente le cayó un árbol encima.

Durante siete años no han dejado de acusar a Felipe Calderón de la criminalidad en México.

La comparación debería hacer que los morenistas cambien de tema, avergonzados.

En el sexenio de Felipe Calderón hubo 120 mil asesinatos dolosos. Y en el de López Obrador, que iba a terminar con la violencia en seis meses, hubo 200 mil.

Más notable es lo cualitativo: los muertos en el sexenio de Calderón se dieron en un contexto de lucha contra los cárteles, que dio resultados, y se pacificaron grandes urbes que eran las más peligrosas del mundo. Ciudad Juárez, por ejemplo.

Y los crímenes en el sexenio de AMLO se dieron en el proceso de entrega de territorio, con todo y población, a los grupos criminales.

Protección y alianza con los cárteles es lo que hoy tiene al país atrapado en el callejón de la narcopolítica.

Asuman su responsabilidad, les dice Ayuso.

Y también Fernando Savater, el domingo en The Objective:

“Hubo muchos abusos en el proceso de civilización de Tenochtitlán. Pero no fueron nada comparados con los infinitos abusos y crímenes que HOY, no hace siglos, se cometen en México, uno de los países más desiguales del mundo, con mayores injusticias, donde campan por sus respetos los criminales y secuestradores más violentos. Un país donde la mayoría de sus ciudadanos está desprotegida por ese gobierno pomposo e hipócrita que tan preocupado se muestra por los abusos que se cometieron antaño, quizá para disimular los actuales”.

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