Historias, anécdotas y chismes del Premio
Clemencia Isaura y de un promotor incansable

Este carnaval, Mazatlán llegó a su primer centenario como ciudad auspiciadora de las letras, a través de su concurso anual llamado Juegos Florales Clemencia Isaura. La poesía no parece “vender” como exigen los tiempos, pero prevalece como una de las disciplinas artísticas más profundas.
De esos cien años de acunar a la creación poética, el presidente del Instituto de Cultura de Mazatlán, Raúl Rico González, ha sido partícipe destacado casi en todas las últimas cincuenta ediciones. En el camino se han empalmado otras tareas como la celebración del carnaval, que ha encabezado intermitentemente, la realización del Festival Cultural de Sinaloa y el Festival Cultural Mazatlán, así como el Premio Mazatlán de Literatura, que en esta edición llegó a 60 años.
No es una tarea fácil. A lo largo de este medio siglo, Rico González se ha destacado como una figura reconocida, pero también controvertida porque busca al tiempo mantener las tradiciones, y renovarlas, para que prevalezcan entre las nuevas generaciones.
Al término de sus estudios de Administración de Empresas en el ITESM, campus Monterrey, regresó a Mazatlán y empezó a ubicar su campo de acción, tanto en lo profesional, como en las inquietudes de impulso a la cultura. No de balde tuvo una intensa participación en los trabajos de animación cultural de su institución educativa.
Las primeras oportunidades llegaron con la organización y renovación del premio Clemencia Isaura de poesía, que el escritor Antonio Haas había mantenido contra viento y marea. De ahí pasó con el tiempo a la organización del Carnaval, a través de la Comisión de Desarrollo Turístico -Codetur- y luego al gran proyecto del Instituto Municipal de Cultura, que dotó a la ciudad de un proyecto cultural de altos vuelos, aunque en este último renglón da siempre crédito a Ricardo Urquijo Beltrán, como uno de los iniciadores e impulsores de este esfuerzo.
Ha habido otros personajes que participaron en la organización de los Juegos Florales y han tomado decisiones controvertidas. En 1978 la dupla Raúl Rico y Antonio Haas corrió la aventura de declarar desierto el concurso, por baja calidad en la participación. Había que fajarse para una decisión de ese tamaño. Nueve años después -1987-, otro equipo hizo lo mismo por cuestiones meramente administrativas.
Las controversias nunca han faltado. En ese 1987, con las fiestas a punto de arrancar, Rico González y su equipo renunciaron por la intervención de un alcalde que desequilibraba la competencia por los reinados. Y luego los vaivenes de la política, que lo mismo permiten la llegada de alguien que ve a los carnavales como un preciado elemento de popularidad, o que abre la puerta otros que prefieren restringirlo todo y sobre todo, controlarlo todo.
El propio premio tiene sus momentos idílicos y sus momentos demasiado humanos. Nombres tan brillantes como Alejandro Quijano, el mazatleco a quien se puede considerar como el primer lingüista del país, fue varias veces mantenedor de la ceremonia, y otras tantas envió a personajes destacados de la vida cultural nacional para que ejercieran ese papel, con piezas oratorias que generaban grandes deliberaciones. Poetas como don Miguel N. Lira y Elías Nandino están entre los participantes y ganadores. Un caso especial es el del poeta campechano avecnidado en Mazatlán, donde procreó a su familia, don Carlos McGregor Giaccinti, múltiples veces ganador del primer lugar. Tantas, que él mismo se presentaba como “el poeta ¡veinte veces laureado!”
El cronista de la ciudad, Enrique Vega Ayala, ha encontrado que se tuvo la participación de un poema llamado Piedra de Sol, que no ganó y como no se conservan las plicas de los participantes, no se sabe de quién era. Pero el hecho coincide con la aparición -en 1957- del libro del mismo nombre, nada menos que de Octavio Paz. No hay certeza de que sea el mismo, pero si lo fue, menuda pifia del jurado de ese año.
En las partes mundanas, las investigaciones de Vega Ayala dieron cn una referencia periodística a un destacado prohombre de las letras nacionales que vino a ser el mantenedor de los Juegos Florales, y se perdió por varios días, tras decidir sumergirse a la vida real de la población. Lo hallaron finalmente en una cantina de barrio, acompañado de un guía procedente del gremio de los abasteros.
El Premio Mazatlán de Literatura nació en 1965, por iniciativa de Antonio Haas, Francisco Rodolfo Álvarez Fárber y don Raúl Rico Mendiola, quien siempre participó en los asuntos culturales. El premio alcanzó renombre nacional porque convocó a autores my importantes, pero en 1972 fue rechazado por Carlos Fuentes, en protesta por la represión gubernamental contra la Universidad Autónoma de Sinaloa. Regresó a principios de los ochentas y por él han desfilado nombres como Octavio Paz, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, Ramón Xirau, entre muchos otros.
La tarea de Raúl Rico González ha permitido que el Premio Clemencia Isaura se mantenga en primera línea, y se conjunte con el Premio Mazatlán de Literatura. A ellos se han sumado esfuerzos como el Premio de Pintura Antonio López Sáenz.
Durante décadas, incluso ya promediado el siglo XX, Mazatlán carecía de eventos culturales bajo una programación constante. Siempre ha habido esfuerzos, directores teatrales que deben convertirse en sus propios empresarios para sacar adelante los proyectos, ediciones autofinanciadas y galerías de arte efímeras. Sólo se contaba con la gira anual de la Orquesta Sinfónica del Noroeste, bajo el patrocinio del Seminario de Cultura Mexicana, y los conciertos que se programaban en la entrega de los Juegos Florales, también cada año.
Hoy se dispone de una cartelera constante, una escuela superior de las artes y un impulso a todas las manifestaciones artísticas, en buena medida gracias a los esfuerzos de Raúl Rico y sus logros para la institucionalización de las políticas culturales. Por supuesto, han venido también otras instituciones a realizar su propia tarea, como la Universidad Autónoma de Sinaloa, que además patrocina al Premio Mazatlán de Literatura.
Durante su estancia en el Tec de Monterrey, este singular personaje logró la contratación de Plácido Domingo para que se presentase ante el estudiantado. Aunque ya era un tenor reconocido, no era el símbolo inmenso que hoy es, después de haber popularizado la llamada música culta primero con sus discos y su incursión en la música popular, y luego con las giras de los Tres Tenores.
Este centenario del Clemencia Isaura tuvo su joya de la corona con la participación del tenor español y mexicano, quien nos dio una noche de absoluto lujo, con romanzas, piezas de la zarzuela que tanto impulsaron sus padres y de fin de fiesta, un ensamble de voces para ofrecernos Granada, El Corrido a Mazatlán y El Sinaloense, entre otras.
Fue un concierto que dejó satisfechos a muchos, pero más a Raúl Rico. No todos los días un concurso alcanza cien años, ni su promotor cincuenta.

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