Por Milton Merlo

Trump quedó más condicionado rumbo a las elecciones de medio termino. El futuro de los aranceles. Oxígeno tras una semana de trubulencias en la 4T.

La resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos que tumbó la política arancelaria de Donald Trump fue un respiro para el Gobierno de Claudia Sheinbaum. El oficialismo venía de dos semanas de alta crispación, entre novedades editoriales explosivas, despidos escandalosos en la Secretaría de Educación Pública o las habituales tribulaciones relacionadas con la falta de austeridad o, directamente, la frivolidad.

 

La decisión del máximo tribunal en Washington, operada por su presidente John Roberts, le dio oxígeno a Sheinbaum rumbo a la discusión por la reforma electoral que se presentará este martes.

 

Más allá del beneficio en el frente comercial, en Palacio Nacional creen que la decisión de la Corte contribuye a marcarle límites a Trump, lo cual lo vuelve un tanto más previsible y lo empuja a recalcular su política interna si quiere ganar las elecciones de noviembre.

 

En la Secretaría de Economía calculan que los nuevos aranceles anunciados por Trump, después del revés judicial, están más atados al control del Congreso y que, aun si el presidente saliera airoso en el Capitolio, recién podría recuperar su capacidad de imponer tributos al final del verano; o sea, a dos meses de las elecciones de medio término.

 

A esto se suman las primeras disidencias en el Partido Republicano. Ya es recurrente que sus congresistas expresen dudas en público por la política migratoria de la Casa Blanca y ahora se agrega el frente comercial: hace dos semanas seis representantes republicanos votaron contra la política arancelaria de Trump en el Congreso al tiempo que reclamaron mayor control legislativo.

 

Don Bacon, congresista de Nebraska, le dijo a la agencia AP que su voto contra Trump estaba en duda, pero que lo había terminado de convencer la lectura de “La riqueza de las naciones de Adam Smith”. Una revancha sutil del padre del liberalismo económico.

 

El sendero hacia noviembre es espinoso. Los republicanos llevan cuatro meses de derrotas electorales en diversos distritos y esta semana un trabajo elaborado por Real Clear Politics señaló que los demócratas aventajan en un 5% la intención de voto general de cara a noviembre.

 

En paralelo, un banquero con negocios en Estados Unidos le acercó a la presidenta la encuesta de The Wall Street Journal de enero, que dice que el 92% del voto republicano todavía apoya a Trump. El magnate comienza a tener una cotidianidad más similar a la de Sheinbaum: la centralidad ineludible acompañada de la dificultad de controlar a su espacio político.

 

Para la diplomacia mexicana, un eventual ascenso de los demócratas en noviembre no cambia demasiado la ecuación, pero reforzaría el control del Capitolio sobre el uso de la fuerza estadounidense en el exterior. Un giro que podría evitar momentos de zozobra como el de hace dos semanas, cuando se cerró durante unas horas el espacio aéreo del aeropuerto de El Paso y en el Gobierno temían el peor de los mundos.

 

Marcelo Ebrard lo resumió esta semana en una reunión con empresarios canadienses que visitaron Palacio Nacional: la limitación del uso de la fuerza, sumada a la limitación de imponer aranceles, dejaría a Trump sin los elementos necesarios para la táctica de jugar con la ansiedad de sus interlocutores.

 

Este mecanismo de la amenaza permanente se impone, actualmente, en los dos frentes regionales de Washington: Caracas y La Habana. En las conversaciones de los emisarios estadounidenses con figuras de ambos regímenes, un mensaje se reitera: Trump tiene más confianza que nunca en la genialidad táctica y técnica de su ejército.

 

Esa fuerza es la que ha propiciado la grieta entre Cuba y Venezuela. Ayer sábado, la agencia Reuters confirmó lo anticipado por esta redacción: ya comenzaron a salir del país sudamericano agentes de inteligencia y seguridad, así como también médicos cubanos, una de las pocas vías de supervivencia financiera que le quedan al castrismo.

 

Mientras tanto, el pasado jueves tuvo lugar la reunión de la Junta de la Paz en Washington, encuentro impulsado por Trump donde México solo acudió como observador. Allí un diplomático hizo la reflexión de lo parecida que es la sucesión de los acontecimientos en Venezuela y Cuba, y que esta semana podría haber otro indicio de destino compartido si, tal como lo piden cuatro congresistas de Florida aliados a Marco Rubio, el Departamento de Justicia reabre expedientes contra el general Raúl Castro.

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