BITÁCORA INQUIETA
La cumbre nuclear de París y el nuevo mapa energético del siglo XXI
Jesús Octavio Milán Gil
Hay momentos en la historia en que el mundo parece dar un paso hacia el futuro… y al mismo tiempo regresar al pasado.
El 10 de marzo de 2026, en París, líderes políticos, científicos, organismos internacionales y empresarios del sector energético se reunieron bajo una misma pregunta que recorre el planeta como un relámpago silencioso:
¿Puede la energía nuclear salvar al mundo del colapso energético y climático?
La Cumbre Mundial de Energía Nuclear, organizada por el gobierno de Francia junto con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), no es una reunión técnica más. Es, en realidad, un síntoma geopolítico.
Porque cuando las potencias vuelven a hablar del átomo, significa que el mundo está cambiando de rumbo.
El regreso de una energía que nunca se fue
Durante décadas, después de los accidentes de Chernóbil Nuclear Power Plant en 1986 y Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant en 2011, muchos países declararon que la energía nuclear era un capítulo que debía cerrarse.
Alemania, por ejemplo, anunció el abandono progresivo de sus reactores.
Italia se mantuvo fuera del club nuclear.
Y la opinión pública mundial comenzó a asociar la palabra átomo con riesgo, radiación y desastre.
Sin embargo, el siglo XXI trajo una nueva ecuación:
* crisis climática
* aumento de la demanda energética
* guerra energética en Europa
* transición hacia economías descarbonizadas
Y entonces el átomo volvió a entrar en la conversación.
Hoy la energía nuclear produce cerca del 10 % de la electricidad mundial, con más de 440 reactores operando en unos 30 países.
Pero lo más importante no es lo que produce hoy.
Lo importante es lo que podría producir mañana.
El OIEA estima que la capacidad nuclear mundial podría duplicarse hacia 2050 si continúan las inversiones y el desarrollo tecnológico.
París: la capital del nuevo debate energético
La elección de París para esta cumbre no es casual.
Francia es la nación más nuclearizada del mundo en términos de electricidad:
cerca del 70 % de su energía eléctrica proviene de reactores nucleares.
En otras palabras, Francia es el laboratorio viviente de una pregunta incómoda:
¿Puede un país industrial moderno vivir principalmente de energía nuclear?
Hasta ahora, la respuesta francesa ha sido sí.
Y por eso, en esta cumbre, el presidente Emmanuel Macron planteó una estrategia clara:
impulsar una nueva generación de reactores nucleares, más pequeños, más seguros y más rápidos de construir.
Se trata de los llamados reactores modulares pequeños (SMR).
Estas plantas, que podrían fabricarse como módulos industriales, prometen reducir costos, tiempos de construcción y riesgos operativos.
Si el modelo funciona, el mapa energético mundial podría cambiar profundamente.
La paradoja de la transición energética
Aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestro tiempo.
El mundo quiere abandonar los combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas— para reducir las emisiones de carbono.
Pero las energías renovables como el sol y el viento tienen un problema fundamental:
no siempre están disponibles.
El sol se oculta.
El viento se detiene.
Las economías modernas, en cambio, necesitan electricidad las 24 horas del día.
La energía nuclear ofrece justamente eso:
electricidad continua sin emisiones directas de carbono.
Por eso, incluso países que antes eran escépticos están reconsiderando su postura.
China construye decenas de reactores.
Estados Unidos impulsa nuevos proyectos.
Reino Unido planea ampliar su capacidad nuclear.
Y en Europa se ha formado una alianza informal de países que defienden el papel del átomo en la transición energética.
México ante el nuevo escenario nuclear
En medio de este debate global aparece una pregunta inevitable:
¿Dónde está México en esta conversación?
México posee actualmente una sola central nuclear operativa:
la Central Nuclear Laguna Verde, ubicada en Veracruz.
Inaugurada en los años noventa, la planta genera alrededor del 4 % de la electricidad nacional.
Comparado con países como Francia, Corea del Sur o Canadá, es una participación mínima.
Sin embargo, el país enfrenta desafíos energéticos enormes:
* crecimiento de la demanda eléctrica
* industrialización ligada al nearshoring
* transición hacia energías limpias
* reducción de emisiones
Algunos especialistas consideran que México tendrá que decidir, tarde o temprano, si:
1. amplía su capacidad nuclear
2. apuesta exclusivamente por renovables
3. o mantiene el modelo actual basado en gas natural
Cada opción tiene costos, riesgos y consecuencias geopolíticas.
El átomo como espejo del futuro
La reunión de París no resolverá todas estas preguntas.
Pero deja claro algo fundamental:
el mundo está entrando en una nueva era energética.
Durante el siglo XIX dominó el carbón.
Durante el siglo XX gobernó el petróleo.
El siglo XXI podría convertirse en la era de la electricidad limpia, donde competirán tres grandes fuentes:
* renovables
* nuclear
* hidrógeno
El resultado de esa competencia definirá no sólo la economía global, sino también el equilibrio de poder entre naciones.
Porque la energía —como siempre— es mucho más que electricidad.
Es poder, soberanía y destino.
Colofón
Mientras los líderes del mundo debaten en los salones diplomáticos de París, el átomo vuelve a ocupar el centro del tablero energético global.
No como símbolo de guerra, como ocurrió durante la Guerra Fría.
Sino como una pregunta mucho más profunda:
si la humanidad será capaz de dominar su energía… antes de que su energía termine dominando a la humanidad.
Nos leemos en la siguiente columna.

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