El riesgo “Trump” sigue vigente; las vencidas en la cúpula morena; dos gallos en el gabinete
DOMINGRILLA
FRANCISCO CHIQUETE
¿Se acabó la amenaza?
Las cuentas del gobierno mexicano dicen que sí. Que Donald Trump no va a imponernos aranceles el dos de abril porque respetará el paraguas del Tratado de Libre Comercio -Temec-.
Pero esta apreciación tan optimista no considera el verdadero impacto de esa calificación, que será mensual durante los cuatro años de la administración trumpista. Es decir, nos tendrá permanentemente bajo una amenaza que se intensificará de acuerdo con sus humores y apetencias.
Lo peor no es soportar el examen mensual, sino el clima que esto genera en derredor. ¿Usted cree que los grandes fondos de inversión van a traer su dinero a México para quedar bajo las amenazas del presidente estadounidense?
Claro que ya la 4T tiene su plan B: fortalecer el mercado interno”, “acabar con la dependencia respecto de Estados Unidos”, “sostener los programas sociales para incrementar el bienestar de la población”. Todo eso está muy bien, pero si no hay nuevas inversiones, México no podrá hacer crecer su producto interno bruto y no generará los empleos ni la tributación fiscal que se requiere para hacer realidad esas ideas.
A Andrés Manuel López Obrador se le acabaron los fondos especiales que administraciones anteriores le heredaron. A Claudia Sheinbaum se le van a acabar las cuerdas de narco enviables a los Estados Unidos ¿y liego?
LA LUCHA POR
EL PODER
En las últimas semanas hemos visto con sorpresa que la lucha por el poder en la cúpula de Morena se intensifica, aunque todos se cuidan de no declarar la guerra.
El asunto del nepotismo va mucho más allá de que el anterior presidente quiera que su amigote Félix Salgado Macedonio se convierta en candidato a la sucesión de su hija o que los 14 hermanos Monreal aspiren a irse sucediendo en la gubernatura de Zacatecas, aunque tengan al estado en condiciones deplorables. Es la demostración de “quién manda aquí”.
López Obrador dio un golpe fatal, cuando decidió que la ley antinepotismo entrase en vigor hasta 2030, aún cuando la presidenta dijo públicamente que la quería en 2027. Por supuesto, AMLO quiere que su hijo Andy sea candidato presidencial en 2030, y aunque formalmente no le aplica la cláusula de consanguinidad sucesoria, queda en medio del debate nacional sobre el tema.
Pero además, el expresidente es un hombre que no suelta su presa y no puede ver tranquilo cómo el gobierno de Claudia Sheinbaum lo sigue defendiendo en los discursos, pero lo contradice en los hechos.
Hace unos días la Secretaría de Salud anunció un programa masivo de medicinas que permitirá abatir el desabasto que se padece en el sector público. Dieron plazos rangos y fechas específicas y hasta se creó un programa de ayudas económicas para los niños que deban desplazarse de su lugar de residencia a recibir los tratamientos contra el cáncer.
López Obrador desmintió siempre la existencia del desabasto. Todos los días decía que se contaba con medicamento suficiente, a pesar de que eran evidentes sus fallidos esfuerzos por resolver el problema, yendo desde el Insabi hasta la farmaciotota y la empresa que entregó al ejército para comprar medicinas, precisamente. Miles de millones de pesos tirados a la basura. Sheinbaum no dice ni castiga todos esos desvíos, pero reconoce públicamente la existencia del problema.
EL otro punto de divergencia es el abandono de la política de “abrazos, no balazos”, que para AMLO era un acto de justicia, pues “los delincuentes también son pueblo y merecen respeto a sus derechos”.
Cuando empezó la guerra interna del cártel de Sinaloa, AMLO se dio el lujo de decir en una de sus agónicas mañaneras, que había enviado tropas y fuerzas de la Guardia Nacional para guardar el orden, ¡con la instrucción de rehuir los enfrentamientos!
La presidenta sigue diciendo que lo más importante es combatir las causas, pero al mismo tiempo impulsa operativos de persecución de delincuentes y permite que se haga frente a las agresiones y movilizaciones de los narcos, con menos resultados de los que todos esperaríamos, pero ya hay acción.
La sucesión en la Secretaría de Hacienda también parece inscrita en ese “amistoso” o “civilizado” juego de fuerzas entre el pasado y el presente de la 4T. Hay que recordar que fue el propio AMLO quien anunció la permanencia de Rogelio Ramírez de la O durante el gobierno de Claudia y que los enterados aseveraban que se trataba de un acuerdo por seis meses. Fuertes deben estar las tensiones para que el secretario no alcanzara a llegar al semestre.
En teoría, el nuevo titular, Edgar Amador Zamora, parece venir del círculo cercano a la presidenta y cuenta con muchos reconocimientos nacionales e internacionales. Ahora falta ver si tiene suficiente fuerza como para detener al ala utópica de Morena, que sigue creyendo en la fórmula echeverrista de sustitución del empresariado con acciones omnímodas del gobierno.
¿Cuál será el otro punto de enfrentamiento entre los dos polos de poder real del parido-gobierno?
YA SE ACELERARON
Durante el obradorato no hubo sinaloenses que estuviesen suficientemente cerca del mesías como para destacar y crecer. Los tres personajes más cercanos fueron Rubén Rocha Moya, Luis Guillermo Benítez Torres y Jesús Estrada Ferreiro. A los tres los colocó en jugosas instancias locales como la gubernatura y las alcaldías de Mazatlán y Culiacán, respectivamente, y ninguno de los tres ha terminado con comodidad.
Con Claudia Sheinbaum destacó Julio Berdegué Sacristán, el secretario de Agricultura que volvió al país a culminar una exitosa carrera en los organismos internacionales relacionados con la alimentación.
Por supuesto, la especulación se volcó sobre él y se le empezó a mencionar como posible sucesor de Rocha Moya, tanto a mediano plazo, como en la posibilidad de que hubiese un interinato, riesgo que parece irse disipando.
De todos modos, la figura de Berdegué ahí queda en el tablero.
Pero ahora irrumpe el nuevo secretario de Hacienda, Edgar Amador, a quien se identifica como un sinaloense que quiere mucho a su tierra. Su amigo personal, Fred Álvez, rescató una declaratoria amorosa de Amador a Los Mochis. Al funcionario se le da el asunto de la poesía y los blogs.
En realidad este economista no nació en Sinaloa, sino en Coahuila, pero sí pasó su infancia y primera juventud en Los Mochis. Su padre, Inocencio Amador Soria, fue subdirector de la Secundaria Federal Guillermo Prieto de Mazatlán, y se ahí se fue a ejercer el magisterio en diversas partes del país, aunque pronto regresó a tierras sinaloenses, como director de la secundaria mochiteca Ignacio Manuel Altamirano.
Ahora ya hay quienes empiezan a hablar de sus posibilidades de venir a ser candidato a Sinaloa. En términos de macroeconomía, no sería buena noticia que en dos años dejase el puesto sólo por aspiraciones electorales, pero en un área de tantas presiones como esa, nunca se sabe.