ÍNDICE POLÍTICO

FRANCISCO RODRÍGUEZ

 

El retroceso democrático que ha sufrido México viene desde 2018, a partir del ascenso al poder presidencial de López Obrador. Su inquilina en Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum, sólo lo profundiza… sin poseer el colmillo ni contar con los colaboradores más capaces.

Ese 90% de lealtad y 10% de capacidad se ha visto una vez más con la presentación que este último miércoles hizo de una decena de laminillas, con las cuales delineó la propuesta del “segundo piso” del régimen de Cuarta… de una reforma electoral a todas luces regresiva. Similar, en algunos aspectos, a la que propuso AMLO en febrero de 2024.

Criticada ya la propuesta por tirios y troyanos, se anuncia su presentación a inicios de la próxima semana sin que para su aprobación Sheinbaum cuente con el aval de sus convenencieros aliados, los dirigentes y legisladores del PVEM y del PT, y todavía menos de los del PAN y del PRI. Sacarla adelante no será un día de campo… a menos que, como ya es costumbre cuatrotera, chantajeen o compren voluntades que invariablemente están al mejor postor.

De no aprobarse significaría una enorme derrota más para Sheinbaum, aunque ella presuma que no la vencieron quienes, entre sus aliados y correligionarios, le pedían y/o exigían no arriesgarse a presentar el esperpento.

Haber encargado a Pablo Gómez la coordinación de la comisión presidencial redactora fue un error por los demasiados resentimientos del ahora aburguesado excomunista, sumados a sus enormes fallas en tanto estuvo al frente de una politizada Unidad de Inteligencia (sic) Financiera de la SHCP.

Que dicha comisión se conformara exclusivamente con morenistas cercanos a López Obrador –no necesariamente a Sheinbaum–, otro error todavía mayor, ya que excepto José Merino y quizá Ernestina Godoy son proclives a ella, en tanto Rosa Icela Rodríguez, Lázarito Cárdenas, Jesús Ramírez y Arturo Zaldívar, como el boxeador, “todo se lo deben a su manager”.

 

AMLO, su fuerza simbólica

Hasta ahora, todo lo relativo a esta enésima reforma electoral –la primera que es regresiva, desde 1977—ha sido un performance inauténtico, un montaje, y no la expresión legítima de una demanda que resultara creíble y justa.

Responde sí, a la agenda autoritaria de AMLO, ahora profundizada por Sheinbaum, que bien a bien no se sabe si obedece a una estrategia definida o simplemente responde a las emociones –muchos años de frustración política que derivaron en resentimientos harto visibles.

Quienes crean el primer tipo de interpretación, dibuja a López como un ser maquiavélico, con un plan perfectamente diseñado para erosionar a la democracia y tener un espacio permanente en la política nacional.

Para él lo importante es mantener una fuerza simbólica como expresidente, y así poder garantizar la continuidad del régimen e incluso instaurar un gobierno totalmente dictatorial, cuyos resortes –incluidos los de Palacio Nacional– él mantenga controlados.

Aunque a estas alturas del régimen de Cuarta… no importa si AMLO actúa racional o irracionalmente. Lo que sí se observa que para él es necesario trastocar todo aquello que le impida erigirse en una especie de dictador tropical.

Todo ello, no obstante que prácticamente desde siempre en México existen códigos, discursos e instituciones que se caracterizan por la presencia de normas consuetudinarias que permiten el ejercicio del poder de forma autoritaria y discrecional; proporcionan una amplia autonomía de negociación fuera del marco de la ley, y cultivan relaciones de patronazgo.

Y ello produce una burocracia que percibe a la administración del Estado como un instrumento para beneficios de intereses particulares.

Como todos los que han enriquecido bestialmente a los cercanos y familiares del expresidente.

 

 

El descrédito de Morena

Para impedir riesgo de que el país retrocediera al tiempo donde imperaba el desorden o el poder de un “jefe máximo”, el autoritarismo priista, lo mismo que el panista, tuvo y mantuvo reglas que operaron bajo principios tradicionales dentro de una compleja fábrica de leyes, una burocracia diferenciada y líderes políticos especializados, todo de lo que hoy carece la 4T. Hoy esas reglas están rotas y las que sobreviven, como las electorales, estarían a punto de convertirse en añicos.

Esta ruptura del orden constitucional resultará a la postre contraproducente. Los cuatroteros acumulan descrédito a los ojos de los gobernados, pues estos no reconocen los límites consuetudinarios y el ejercicio discrecional del poder.

También han perdido crédito al ser incapaces de contener sus pasiones o anteponer las normas consuetudinarias al marco legal si se considera necesario.

Transformar el sistema político, ese tejido de lealtades, valores, equilibrios, beneficios, complicidades y compromisos que dieron al país estabilidad… aunque sin democracia plena han convertido a AMLO, y a Sheinbaum como su secuaz, son el referente simbólico del mal dentro de la política mexicana, no solo para los grupos opositores, sino incluso para una parte de la clase política alrededor de Morena, quienes consideran que su terquedad mina significativamente la fuerza simbólica del cargo presidencial y será responsable en parte de que el partido pierda el poder solo cinco años después de esta burda y regresiva intentona de reforma electoral.

Todavía es tiempo, doña Claudia.

¡De reversa, mami!

 

Indicios

Entre 1977 y 2014, México experimentó 11 reformas electorales significativas de alcance constitucional y legal, enfocadas en la transición democrática, la creación de organismos autónomos como el IFE y el TEPJ, lo mismo que para la competencia plural. Claves fueron la de 1977, pues inició la transición democrática, permitiendo la representación de partidos minoritarios. La de 1990/1993 que creó el Instituto Federal Electoral (IFE) y fijó límites al financiamiento. La de 1996, ya que otorgó autonomía constitucional plena al IFE, separándolo del Poder Ejecutivo. La de 2007/2008, que reguló el modelo de comunicación política y prohibió la compra de tiempo en radio y televisión. La de 2014, que transformó el IFE en el Instituto Nacional Electoral (INE), centralizando la organización de comicios locales y federales. Las que se dieron a partir de 2007 hicieron posible que, en 2018, AMLO se hiciera del poder presidencial. * * * Por hoy es todo. Reciba mis mejores deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días! Y, como siempre, mi reconocimiento por haber leído este texto.

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