Ingenuidad en el PAN
Nuestro principal partido de oposición, el PAN, insistió en hacer propuestas sobre la reforma electoral a una mesa a la que no fue invitado.
Enternece su buena fe, pero lo suyo es colaboración no pedida (al contrario, despreciada) por un grupo sectario y vengativo que desde hace siete años destruye, implacable, la separación de poderes y los derechos individuales.
La mayor prueba de la índole totalitaria del régimen es que la reforma a la Constitución en materia electoral se elaboraron sin el concurso de la oposición.
Se trata de una reforma hecha en petit comité por Pablo Gómez, Zaldívar y Sheinbaum para consolidar a un partido Estado.
Escucharon señalamientos de sus socios del PT y el Verde, los amenazaron con echarles “el pueblo encima”, y a la oposición le cerraron las puertas.
Si no se entiende que la oposición es el muerto en ese entierro, estamos representados por ingenuos.
El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, ocupó su valiosa tribuna en El Universal para hacer propuestas al engendro totalitario que cocinan en Palacio Nacional.
Para decirlo de manera gráfica: el líder del PAN le dice a los que están sentados en la mesa de la reforma, desde la rendija de una ventana: pssst, pssst, señores Zaldívar y Gómez, presidenta, la reforma debe incluir más debates, menos spots, fortalecer la reelección, registrar las promesas de campaña.
¿Qué le pasa al PAN?
Un partido histórico, que tiene cuadros de talla nacional, hace sugerencias sobre una reforma ilegítima y totalitaria, sin ser invitado a dialogar.
Lo destacable de la reforma es que no se necesita ahora, y la hizo el poder, solo, a escondidas, para beneficiar a su partido y su proyecto totalitario.
Hoy los temas acuciantes del país no tienen nada que ver con los spots o los plurinominales, sino con el desmantelamiento de las instituciones democráticas.
Un grupo minoritario, Morena, que tiene 40.8 por ciento de los votos, destruye los cimientos de nuestra casa común.
En ese contexto de destrucción sistemática se inscribe la reforma de Sheinbaum, Gómez y Zaldívar.
Son los nostálgicos del Muro. Están con Putin y los clérigos chiitas. Abrazaron a Maduro.
Esperan una (no improbable) crisis política en Estados Unidos para llevar adelante el programa socialista autoritario que con tanta claridad deja ver la próxima presidenta de la Suprema Corte de Justicia.
Le encienden veladoras al Partido Comunista Chino.
¿Acaso no leen el periódico del grupo radical que nos gobierna?
Sin hacer ruido internacional han destruido el Estado de derecho.
La reestructuración del Poder Judicial se hizo para ponerlo al servicio de las necesidades políticas del grupo gobernante: distribuir de forma arbitraria la impunidad y los castigos.
Prioridad es exigir, todos los días, rendición de cuentas por los 27 mil millones de pesos que Jesús Ramírez Cuevas manejó para liquidaciones sobre liquidaciones de miembros del SME, como publicó Julio Scherer.
El gobierno quiere que olvidemos el mayor saqueo de la historia nacional, que es el huachicol fiscal. De ahí se financian campañas de candidatos morenistas y se enriquecen funcionarios y dirigentes del partido gobernante.
El narco gobierna parte de México, con las siglas de Morena. Pone, quita y mata.
Sinaloa se sigue desangrando.
Pecan de inocentes los que ven un “área de oportunidad” con la reforma electoral, y hacen propuestas irrelevantes frente a la destrucción en curso.
La reforma electoral de Gómez, Zaldívar y Sheinbaum no tiene intenciones democratizadoras para un reparto más equitativo del poder.
Pareciera obvio que cualquier demócrata debe batallar para impedirla.
Morena está en lo suyo: la toma del poder total, por décadas, sin necesidad de ser mayoría.

