Si las memorias de Gustavo Díaz Ordaz existen, es momento de publicarlas, aquí o en España, para que los mexicanos nos quitemos un peso de nuestra conciencia histórica, como no podrán despojarse de él los que mueren por saber la verdad de Ayotzinapa, de El Mencho, del derrame de petróleo en el Golfo de México y de las trácalas de la 4T

Gregorio Ortega Molina

 

Evoco los rostros de Gustavo Díaz Ordaz y de Gustavo Díaz Ordaz Borja. De inmediato recuerdo la frase de Carlos Trouyet cuando mi padre le presentó a sus tres hijos mayores, sobre la acera de la calle de Madero, frente a lo que fue Lady Baltimore: “La raza mejora, maestro”.

Es indudable que la señora Guadalupe Borja hizo su parte para que sus hijos no fueran tan feos como su marido, lo mismo que la señora Eugenia Castañón Ríos Zertuche habrá hecho con los que procreó con el recién fallecido. La raza mejora, sí, pero no la moda ni los modales, como puede constatarse en los sucesos de nuestro presente.

Desconozco cuántas versiones han corrido sobre las memorias del ex presidente de México. ¿Es posible limpiar lo que puede ser el legado de un hombre de familia, de un político que decidió el destino de, al menos, treinta millones de sus gobernados?, es tentación que determina el ritmo y el destino de una vida posterior a 1968, a un dos de octubre y a la necesidad de asumir su responsabilidad como lo hizo él ante el Congreso, y durante el Informe Presidencial de 1969, lo que abrió las puertas a Luis Echeverría Álvarez para sucederlo en la silla del águila.

Si efectivamente el legatario de “la verdad histórica” de ese momento de México fue Díaz Ordaz Borja, y si es cierto que las memorias existen, es momento de que salgan a la luz, para que los mexicanos tengamos claridad sobre nuestro pasado reciente, y podamos confrontar al presente y al inmediato futuro con certezas que determinen o incidan en la deformación histórica en la que desean hundirnos, a base de confrontación entre mexicanos, que es verídica, que no es un cuento.

La nota necrológica es escueta: “Con profunda tristeza, la sociedad mexicana despide a Gustavo Díaz Ordaz Borja, quien falleció a los 88 años, dejando un vacío significativo en el círculo social y empresarial del país.

“Aunque fue integrante de una de las familias con más historia en México, Gustavo siempre se distinguió por su discreción, caballerosidad y el gran amor que tenía por su familia”.

Si las memorias de Gustavo Díaz Ordaz existen, es momento de publicarlas, aquí o en España, para que los mexicanos nos quitemos un peso de nuestra conciencia histórica, como no podrán despojarse de él los que mueren por saber la verdad de Ayotzinapa, de El Mencho, del derrame de petróleo en el Golfo de México y de las trácalas de la 4T.

@OrtegaGregorio

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