* No le demos vueltas, es tiempo de reconocer que en los últimos sexenios los civiles metieron la pata hasta el fondo. El Congreso ha permitido la desfiguración del texto constitucional y la desaparición de los tres poderes para que el Ejecutivo puede determinar, por él mismo y ante su única autoridad, lo que está bien y lo que no. Las botas militares, por ellas mismas, conocen la ruta al poder

Gregorio Ortega Molina

 

Manuel Ávila Camacho, el presidente caballero, fue el último militar en ocupar la silla del águila. Se la cedió a Miguel Alemán Valdez en 1946, hace 80 años, que pueden borrarse durante la próxima sucesión presidencial, cuando los civiles de la regeneración nacional comprendan que el pueblo empieza a abominarlos y, a pesar de todo insistan en edificar un inexistente segundo piso porque ni siquiera consolidaron el primero.

La doctora Sheinbaum Pardo y su primer círculo -círculo rojo diría Ricardo Salinas Pliego- si no lo saben, lo intuyen, pues organizaron su muy peculiar ceremonia del 8 de marzo, del día de la mujer, en el Campo Marte, donde las huellas de las botas militares hollaron lo que significan el civilismo, el civismo, la idea misma de honrar a las mujeres militares.

Es momento de preguntarnos si sobre el verde del uniforme de gala de los generales podría destacar, notarse, visualizarse con respeto la banda presidencial, o luciría mejor sobre el oscuro uniforme de gala de los almirantes. La sugerencia, la tentación, la idea como proyecto político está presente, sobre todo después de la presentación de El Escudo de las Américas.

No puedo menos que suponer que la titular del Poder Ejecutivo de esta nación supo, con la debida anticipación, de lo que se propondría el último sábado siete de marzo, y decidió actuar en consecuencia, lo que implica ascender a las Fuerzas Armadas al pedestal de una sucesión presidencial que se prevé incierta, debido a que la fuerza centrípeta que actualmente opera desde Palenque, desde la residencia cuyo dueño bautizó como La Chingada, en el contexto de las definiciones de Octavio Paz. ¿Será el anticipo de nuestro futuro?

Insisto, pero es mi muy personal apreciación, los colores de la bandera nacional, el águila, sobre un lienzo alargado, no fue diseñado para lucir sobre los uniformes militares, porque ese verde todo lo absorbe, pero especial y señaladamente el significado del poder constitucional.

No le demos vueltas, es tiempo de reconocer que en los últimos sexenios los civiles metieron la pata hasta el fondo. El Congreso ha permitido la desfiguración del texto constitucional y la desaparición de los tres poderes para que el Ejecutivo puede determinar, por él mismo y ante su única autoridad, lo que está bien y lo que no.

Las botas militares, por ellas mismas, conocen la ruta al poder.

@OrtegaGregorio

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