Stormy Daniels está en posibilidad de aclararnos sobre las virtudes y defectos de Donald Trump en cuanto a su comportamiento sexual, y podría quitarnos de dudas sobre cómo el perreo también es un instrumento del quehacer político, y cuál es la verdadera importancia del poder femenino en la política

Gregorio Ortega Molina

 

Ahora que se manifiestan en los medios las palabras de supuesto descontento y, además, desconcierto del presidente Donald Trump en referencia el show en el medio tiempo del Súper Bowl, es momento de preguntarnos si, en efecto, el hoy presidente de Estados Unidos fue un invitado de piedra a las fiestas de Jeffrey Epstein.

El perreo sólo es un juego de poder y seducción o a la inversa, en el que las armas del feminismo son tan vanas, pueriles y antiguas como las que Circe mostró para dominar a Ulises. Tenemos que aceptar, de una vez por todas, que el verdadero poder reside en la astucia femenina, en la debilidad del ser humano ante el sexo y la seducción para que pueda determinarse quién sí y quién no merece ser seducido. Y no es el hombre el que se erige como seductor, sino la mujer la que determina por quien puede ser seducida.

Lo anterior nos obliga a detenernos a reflexionar cómo fue posible que Beatriz Gutiérrez Müller trajera de la gamarra a Andrés Manuel López Obrador, y esforzarnos por determinar cuáles y cuántas de sus ocurrencias provienen de la misteriosa doctora en historia, y si la peregrina idea de que la España actual ofrezca disculpas por los abusos de la Conquista, cuando todo se reducía a Castilla.

Hay que ver las cosas como son. El perreo nada más es un instrumento en esas artes de la seducción que sólo pueden ser propiedad de las mujeres. Los machos no lo hacen, ni aunque sean capaces de seducir a hombres absolutamente viriles. Son atributos y propiedades heterosexuales.

Los sobresaltos trumpianos por el baile de bad Bunny, me inclinan a pensar que más de una ocasión se venció ante el perreo de alguna o varias de las invitadas a las algazaras de Epstein, porque de lo que se trató en esos jaripeos sexuales fue de agarrar gazapos del comportamiento de las personalidades convocadas, para después obtener servicios a cambio del silencio cómplice.

Stormy Daniels está en posibilidad de aclararnos sobre las virtudes y defectos de Donald Trump en cuanto a su comportamiento sexual, y podría quitarnos de dudas sobre cómo el perreo también es un instrumento de poder político, y cuál es la verdadera importancia del poder femenino en la política.

@OrtegaGregorio

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