BITÁCORA INQUIETA
Cuando la energía se convierte en geopolítica… y la oscuridad en forma de gobierno
JESÚS OCTAVIO MILÁN GIL
En Cuba, la noche ya no llega con el atardecer: llega cuando se apaga el sistema.
No es metáfora.
Es estructura.
En marzo de 2026, la red eléctrica cubana colapsó hasta una “desconexión completa”, según el propio Ministerio de Energía. No fue un accidente técnico aislado: fue la expresión visible de un modelo que ha agotado sus márgenes de resistencia. Hoy, la isla
apenas logra cubrir cerca del 40% de la energía que necesita, según reportes recientes.
El resto es oscuridad administrada.
Oscuridad programada.
Oscuridad política.
I. LA ENERGÍA COMO DEPENDENCIA
Cuba no enfrentaba una crisis eléctrica de esta profundidad desde el colapso soviético en los años noventa, cuando el llamado Período Especial sumió a la isla en apagones prolongados y escasez generalizada.
Durante casi tres décadas, el petróleo venezolano sostuvo a Cuba como un respirador invisible. No era solo energía: era alineación ideológica convertida en suministro.
Cuando ese flujo se interrumpe —por sanciones, presión internacional o colapso interno— lo que se apaga no son solo focos:
se apaga la estabilidad.
La ecuación es brutalmente simple:
* Alta dependencia de petróleo importado
* Baja diversificación energética
* Infraestructura obsoleta
* Presión geopolítica externa
Resultado:
vulnerabilidad sistémica.
Cuba no enfrenta solo una crisis eléctrica.
Enfrenta una crisis de diseño energético del siglo XX en un mundo del siglo XXI.
II. EL COLAPSO COTIDIANO
Cuando la electricidad falla, no se apagan únicamente las luces.
Se descompone la vida.
En La Habana y otras ciudades:
* La basura se acumula por falta de combustible
* Los alimentos se pierden sin refrigeración
* El agua deja de fluir por dependencia de bombeo eléctrico
* Reportes recientes describen hospitales bajo presión, cirugías pospuestas y servicios críticos tensionados por los apagones.
La electricidad deja de ser un servicio.
Se convierte en la columna vertebral de la supervivencia.
Y cuando esa columna se fractura, el país entero se encorva.
III. DOS CUBAS EN UN MISMO TERRITORIO
Mientras la isla se oscurece, hay espacios donde la luz no se negocia.
Varadero.
Cayo Coco.
Cayo Santa María.
Allí, los hoteles siguen operando: generadores propios, combustible prioritario, aire acondicionado, cadenas de frío intactas.
El contraste no es solo económico.
Es estructural.
Trabajadores que viven en zonas sin agua ni electricidad viajan diariamente a lo que ya no son destinos turísticos, sino burbujas energéticas blindadas.
Dos realidades paralelas:
* Una Cuba que sobrevive
* Otra Cuba que se exhibe
Y entre ambas, controles que regulan el acceso.
La energía no solo ilumina.
También delimita privilegios.
IV. EL MALESTAR QUE ENCIENDE LA CALLE
Cuando la oscuridad se vuelve rutina, el silencio deja de ser opción.
En distintas provincias se han registrado protestas, cacerolazos nocturnos y episodios de tensión social vinculados a los apagones prolongados.
El patrón es claro:
la crisis energética se transforma en crisis social.
Porque la gente puede adaptarse a la escasez…
pero no a la incertidumbre permanente.
V. LA GEOPOLÍTICA DE LOS APAGONES
La presión estadounidense sobre los suministros energéticos —mediante sanciones, amenazas a proveedores y restricciones indirectas— se ha convertido en un factor central de la crisis.
La energía se convierte así en un instrumento de negociación.
Y Cuba, en un tablero donde cada barril pesa más que cada discurso.
VI. UN MODELO QUE LLEGÓ TARDE AL FUTURO
Mientras el mundo diversifica su matriz energética —gas, solar, eólica, almacenamiento—, Cuba sigue anclada en el petróleo.
No por falta de diagnóstico,
sino por limitaciones estructurales, financieras y políticas.
Incluso los esfuerzos recientes —como redes solares descentralizadas con tecnología extranjera— resultan insuficientes frente a la magnitud del déficit.
Pero sería insuficiente explicar la oscuridad solo por la presión externa: la red envejecida, la dependencia petrolera y la lentitud reformista también son parte del colapso.
El problema no es solo cuánto se produce.
Es cómo y desde dónde se produce.
VII. LA NOCHE COMO SÍNTOMA
La oscuridad en Cuba no es únicamente falta de luz.
Es la manifestación de una convergencia estructural:
* Dependencia externa
* Rigidez económica
* Infraestructura envejecida
* Presión geopolítica constante
Lo que en la superficie parece una crisis eléctrica, en el fondo es la evidencia de un modelo que ya no se sostiene.
VIII. EL LÍMITE DEL MODELO
El problema central de Cuba no es eléctrico.
Es estructural.
Es la incapacidad del Estado para sostener su modelo económico sin subsidios externos.
Durante décadas, la isla no vivió de lo que producía, sino de lo que recibía.
Primero la Unión Soviética.
Después Venezuela.
Cuando ese flujo se agota, lo que queda al descubierto no es solo la crisis…
sino el diseño.
Y ese diseño muestra hoy tres fracturas principales:
1. LA ECONOMÍA QUE NO SE SOSTIENE
Dependencia energética.
Caída del suministro externo.
Infraestructura envejecida.
Baja capacidad productiva.
El resultado:
* Apagones masivos
* Industria paralizada
* Alimentos que se pierden
* Escasez estructural
La economía no colapsa de golpe.
Se va quedando sin capacidad de sostener la vida.
2. LA POLÍTICA QUE NO SE CORRIGE
Partido único.
Centralización.
Reformas parciales.
La estabilidad se construye desde el control, no desde la adaptación.
Consecuencias:
* Decisiones lentas
* Respuestas ideologizadas
* Desconexión entre poder y realidad
El sistema resiste.
Pero resiste inmóvil.
3. LA SOCIEDAD QUE SE DESGASTA
Toda crisis estructural termina en la vida cotidiana:
* Escasez de alimentos
* Falta de medicinas
* Cortes de agua
* Apagones prolongados
Y un fenómeno decisivo:
la migración masiva.
No es solo un dato demográfico.
Es un indicador de agotamiento social.
Mientras tanto, la desigualdad se profundiza:
* Turismo con energía asegurada
* Población local en precariedad constante
La crisis ya no es episódica.
Es permanente.
Y cuando una sociedad vive en crisis permanente, lo que se erosiona no es solo el ingreso…
es la esperanza.
CONCLUSIÓN
Cuba no enfrenta únicamente una crisis energética.
Enfrenta una crisis de sostenibilidad de su modelo de Estado.
Durante décadas sobrevivió gracias a apoyos externos.
Hoy, sin ese respaldo suficiente, ha llegado a su límite histórico:
* No produce lo que necesita
* No importa lo que antes garantizaba estabilidad
* No reforma con la velocidad que la realidad impone
Cuba no se está quedando sin luz.
Se está quedando sin modelo.
COLOFÓN
Un país no entra en crisis cuando se queda sin electricidad.
Entra en crisis cuando la energía deja de ser un derecho
y se convierte en una frontera.
Porque entonces la luz ya no ilumina:
selecciona.
Nos leemos en la siguiente columna.

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