BITÁCORA INQUIETA
Jesús Octavio Milán Gil
Cuando una sociedad olvida sus vacunas, el virus recuerda su camino.
I. El regreso de una enfermedad que nunca se fue
El sarampión no regresó de golpe.
Nunca se fue del todo.
Aguardó.
Esperó pacientemente a que bajaran las defensas colectivas, a que la certeza se diluyera en la desmemoria, a que la duda sustituyera al registro. En el umbral de 2026, México enfrenta de nuevo una verdad incómoda: las enfermedades prevenibles no mueren; se reactivan.
La alerta epidemiológica emitida por la Organización Panamericana de la Salud a comienzos de febrero de 2026 no admite eufemismos. Entre la semana epidemiológica 1 de 2025 y la 2 de 2026, México acumuló más de siete mil casos confirmados de sarampión y dos decenas de defunciones. Solo en las primeras semanas de 2026, el país ya registraba cientos de nuevos contagios, colocándose entre los focos rojos de la región.
No es una estadística fría.
Es el retrato de una falla estructural: la ruptura de la memoria vacunal.
II. Sinaloa: el brote y la paradoja
Sinaloa no es la excepción.
Es, más bien, un espejo concentrado de la paradoja nacional.
Por un lado, la autoridad sanitaria estatal reporta altas coberturas de vacunación y cero defunciones; por otro, reconoce decenas de casos confirmados en los primeros días del año, con focos localizados en comunidades específicas y una proporción significativa de contagios asociados a la movilidad interestatal.
Las cifras varían según el corte epidemiológico —21 o 26 de enero—, pero el mensaje es inequívoco: el virus está circulando. Y circula, en buena medida, entre personas no vacunadas o con esquema desconocido.
Aquí aparece el núcleo del problema social: la mayoría de los ciudadanos no recuerda si fue inmunizada, ni puede comprobar si sus hijas e hijos recibieron las dosis completas. No es negligencia individual; es una falla histórica de registro, seguimiento y comunicación pública.
III. La pregunta que decide un brote
La nota que detona esta reflexión lo plantea sin rodeos:
¿Puede una persona que duda sobre su antecedente vacunal aplicarse la vacuna sin riesgo para su salud?
La respuesta, desde la evidencia científica internacional, es clara y contundente: sí.
Si no existe comprobante escrito, la recomendación es vacunarse.
Las guías clínicas coinciden en que no existe riesgo en recibir una dosis adicional de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis), incluso en personas que ya pudieran estar inmunizadas.
El riesgo real no está en la vacuna.
Está en el virus circulando en comunidades con brechas de inmunidad.
Solo existen excepciones que requieren valoración médica previa: embarazo, inmunosupresión grave o enfermedad aguda importante. Fuera de esos casos, la duda se resuelve con una jeringa, no con la espera.
IV. Sarampión: crónica de una vieja herida
Conviene recordar de dónde viene esta enfermedad que algunos aún llaman “benigna”.
El sarampión llegó a México en el siglo XVI, tras la conquista. Crónicas sanitarias documentan epidemias devastadoras entre 1532 y 1534, cuando poblaciones indígenas —sin inmunidad previa— murieron por miles. No fue un simple brote: fue una catástrofe demográfica.
Ya en el siglo XX, antes de la vacunación masiva, el sarampión causó cerca de medio millón de muertes en México entre 1922 y 1974, con un promedio anual cercano a nueve mil defunciones. La gran epidemia de 1989–1990 dejó casi 90 mil casos y miles de muertes: una herida aún abierta en la memoria sanitaria del país.
La vacuna cambió la historia.
En 1970 inició su aplicación sistemática; en 1998 se incorporó la triple viral (SRP); y con ella, México logró reducir de forma drástica la mortalidad.
No fue magia.
Fue política pública sostenida.
V. El umbral de 2026: entre la ciencia y la desinformación
Hoy, el problema no es la falta de vacunas. México las tiene.
Tampoco es la falta de conocimiento médico. Ese saber existe.
El problema es otro: la erosión de la confianza, el descuido del registro y la fragmentación del mensaje público.
Una campaña responsable debería decir, sin rodeos.
Si no tienes comprobante, vacúnate.
Si dudas, la vacuna no te dañará; el sarampión sí.
Dos dosis protegen a la persona; 95% de cobertura protege a la comunidad.
La información incompleta, tardía o ambigua también contagia. Genera miedo, posterga decisiones y abre grietas por donde el virus se cuela.
VI. Vacunarse es un acto colectivo
El sarampión no es solo un asunto individual.
Es un fenómeno social.
Cada persona no vacunada es una puerta abierta; cada esquema incompleto, un eslabón débil. La inmunidad de rebaño no es metáfora: es arquitectura sanitaria.
Sinaloa —como el resto del país— necesita algo más que brigadas y estadísticas. Necesita una narrativa pública clara, empática y basada en evidencia; una que responda a la duda sin estigmatizar y convoque a la acción sin alarmismo.
Colofón
El sarampión no pregunta si recordamos.
Solo verifica si olvidamos.
Y cuando la memoria colectiva falla, el virus no improvisa: retoma su ruta.
Vacunarse hoy no es un gesto individual; es un acto de responsabilidad histórica.
Por esa razón, el sábado pasado mi familia y yo acudimos al Centro de Salud, no solo para recibir la vacuna contra el sarampión, sino también la de la influenza: un gesto sencillo, pero profundo, de cuidado, prevención y responsabilidad compartida.

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