La tremenda nueva corte
Paúl Chávez
En septiembre vienen los nuevos jueces, cantarán la partitura jurídica con acordeones inspirados en lo oscurito ¿Cómo serán las nuevas cortes?
“Nada más que la verdad y solo la verdad”.
A continuación, seleccionamos las palabras que los testigos, en diferentes casos, respondieron en los juzgados ante las preguntas de los abogados, mismas que fueron transcriptas textualmente por los taquígrafos, que tuvieron que contenerse mientras estos diálogos realmente sucedían; tomados de los apuntes del libro “Desorden en la corte. Grandes momentos fracturados en la historia de las salas de los tribunales”.
Lo obvio es obvio.
Abogado: ¿Cuál es la fecha de su cumpleaños?
Testigo: el 15 de julio.
Abogado: ¿Qué año?
Testigo: Todos los años.
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Abogado: ¿Entonces la fecha de la concepción del bebé fue el 8 de agosto?
Testigo: Sí.
Abogado: ¿Y qué estaba haciendo en ese momento?
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Abogado: ¿Es Ud. sexualmente activo?
Testigo: No, solo me quedo ahí acostado.
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Abogado: Aquí en la corte, para cada pregunta que yo le haga, la respuesta debe ser oral, ¿Ok? ¿A qué escuela va usted?
Testigo: Oral.
Lógica implacable.
Abogado: Sr. Marcos, ¿Por qué se acabó su primer matrimonio?
Testigo: Por muerte del cónyuge.
Abogado: Y ¿por muerte de cuál cónyuge se acabó?
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Abogado: ¿Podría describir al sospechoso?
Testigo: Tenía estatura mediana y usaba barba.
Abogado: Y era ¿hombre o mujer?
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Abogado: Tenía 3 hijos ¿verdad?
Testigo: Sí.
Abogado: ¿Cuántas eran niñas?
Testigo: Ninguno.
Abogado: ¿Había niños?
Testigo: Su señoría, creo que necesito otro abogado ¿Puedo conseguir uno nuevo?
Desmemoriados.
Abogado: Esa enfermedad, la miastenia gravis, ¿afecta su memoria?
Testigo: Sí.
Abogado: Y, ¿Cómo le afecta la memoria?
Testigo: Se me olvidan las cosas…
Abogado: Se le olvidan… ¿Puede darnos un ejemplo de algo que se le haya olvidado?
Testigo: No me acuerdo…
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Abogado: ¿Qué edad tiene su hijo el que vive con Ud.?
Testigo: 38 ó 35, no me acuerdo.
Abogado: ¿Hace cuánto tiempo él vive con usted?
Testigo: Hace 45 años.
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Abogado: ¿Qué es lo primero que su marido dijo aquella mañana?
Testigo: Dijo, “¿Dónde estoy Bety?”
Abogado: ¿Y por qué a Ud. eso la puso tan brava?
Testigo: ¡Me llamo Celia!
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Abogado: Doctor ¿No es cierto que cuando una persona muere mientras duerme, no se entera hasta la mañana siguiente?
Testigo: ¿De verdad aprobó Ud. el examen de abogado?
Un doctor genial.
Abogado: Doctor, ¿Cuántas autopsias usted ya realizó en personas muertas?
Testigo: Todas las autopsias que hice fueron en personas muertas.
Abogado: Doctor, Usted recuerda ¿a qué horas comenzó a examinar el cuerpo de la víctima?
Testigo: Sí, la autopsia comenzó a las 08:30 p.m.
Abogado: ¿Y el Sr. Dacio ya estaba muerto a esa hora?
Testigo: No… Él estaba sentado en la camilla, preguntándose ¿por qué yo estaba haciendo una autopsia en él?
Abogado: Doctor ¿Antes de empezar la autopsia le tomó el pulso?
Testigo: No.
Abogado: ¿Le tomó Ud. la respiración?
Testigo: No.
Abogado: Entonces ¿Es posible que la víctima estuviera viva cuando comenzó la autopsia?
Testigo: No.
Abogado: ¿Cómo puede Ud. estar tan seguro doctor?
Testigo: Porque el cerebro del paciente estaba en una jarra sobre la mesa.
Abogado: Pero, ¿él podría estar vivo?
Testigo: Sí, es posible que él estuviera vivo y estudiando Derecho en la misma facultad que usted se graduó…
Abogar exige raciocinio rápido.
En Inglaterra un reo estaba siendo juzgado por asesinato. Había evidencias indiscutibles sobre su culpa, pero el cadáver no aparecía. Casi al final de su alegato, el abogado, temeroso de que su cliente fuese condenado, recurrió a un truco:
– “Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos”, dijo el abogado, mirando su reloj. “Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala de este tribunal”. Y entonces miró hacia la puerta.
Los del jurado, sorprendidos y ansiosos, se quedaron mirando hacia la puerta.
Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió. El abogado, entonces finalizó diciendo:
– “Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima. Por lo tanto, quedó claro que todos tienen dudas en este caso de que alguien realmente haya sido asesinado. Por eso insisto que ustedes consideren a mi cliente inocente ”In dubio pro reo”. Los jurados, visiblemente sorprendidos, se retiraron para la decisión final.
Regresaron varios minutos después. El jurado pronunció su veredicto: ¡Culpable!
– Pero ¿cómo? preguntó el abogado, “yo vi a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta ¡Es para concluir que tenían dudas! ¿Cómo pueden condenar con duda?”
Y el juez aclaró:
– Sí, todos nosotros miramos hacia la puerta… menos su cliente.