Martínez Araiza fuera de la negociación del TMEC
LOS CAPITALES
Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ
Alejandro Martínez Araiza, el dirigente del SNAC y autoproclamado defensor del TMEC, no figura en la lista de asesores del gobierno mexicano que asistieron a Washington a la apertura de las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos. En el mundo sindical es un secreto a voces que Martínez Araiza apostó al caballo equivocado en la sucesión de la CTM y ahora paga la factura: está fuera de las decisiones y ánimo de Tereso Medina Ramírez.
El dirigente del SNAC apoyó y -dicen- pagó campaña en favor de Fernando Salgado Delgado, pensaba escalar en el primer nivel de influencia de la CTM y convertirse en un secretario general adjunto para atender relaciones internacionales de la principal central obrera de México, pero “el gozo se le fue al pozo”.
Tereso Medina, como nuevo secretario general de la CTM, será uno de los pilares importantes del secretario Marcelo Ebrard para negociar en capítulo 23 del TMEC, junto con Francisco Hernández Juárez, de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y Napoleón Gómez Urrutia del sindicato minero. El secretario general de la CTM se ganó por su trabajo estar al frente del sindicalismo porque ha sido legislador y un dirigente sindical curtido en la negociación contractual con sindicatos de empresas internacionales del sector automotriz y autopartes, siderurgia y metalurgia, energía e hidrocarburos, vidrio, cemento, industria maquiladora, electrodomésticos y aeronáutica.
Alejandro Martínez Araiza es un líder sindical con falta de oficio político que se hizo del control del sindicato desplazando a su hermano Gabriel y heredando el sindicato de su padre Marco Antonio Martínez Armenta; pero sus malas apuestas políticas en el sindicalismo oficial y falta de democracia en el SNAC le restaron credibilidad e influencia en la CTM y el movimiento obrero. El atribuye esta falta de fuerza a que la mafia sindical no le ha dejado influir más en políticas públicas laborales. Por ello, y por sus malos manejos en las cuotas sindicales. está políticamente muerto y cada vez con menos apoyos en el mundo empresarial y sindical.
Angustiante panorama mundial por la crisis geopolítica que vive el mundo.
Los mercados se encuentran en un punto delicado. Por un lado, en el sector bursátil internacional, conviven señales técnicas y de posicionamiento que sugieren que la presión vendedora podría estar cerca de agotarse, con indicadores de amplitud y compras de insiders apuntando a un posible rebote más sostenido. Sin embargo, el verdadero riesgo sigue siendo macro y geopolítico, por la duración del conflicto en Medio Oriente y la evolución del precio del petróleo,
La narrativa actual -nos dice Laura Torres, Directora de Inversiones IMB Capital Quants- muestra un mercado que intenta encontrar suelo mientras convive con una incertidumbre estructural elevada, donde incluso las propias declaraciones de los líderes políticos son cambiantes y difíciles de modelar en escenarios. Para los próximos días, es probable que veamos una dinámica de alta sensibilidad a titulares, donde cualquier señal de desescalada podría impulsar nuevas subidas, pero donde el riesgo de episodios de volatilidad sigue siendo alto si los ataques persisten o si el mercado energético vuelve a tensionarse.
Ayer, la jornada estuvo dominada nuevamente por el cruce entre geopolítica, expectativas de política monetaria y narrativa tecnológica, en un entorno donde la incertidumbre sigue siendo el principal motor de mercado de corto plazo. Las declaraciones del presidente Donald Trump marcaron el pulso del mercado, con un tono que, aunque optimista en apariencia, refleja una alta volatilidad en el discurso. Afirmó que la guerra con Irán avanza más rápido de lo previsto y que podría tratarse de una “excursión a corto plazo”, incluso sugiriendo que podría resolverse en cuestión de semanas. Sin embargo, en paralelo reconoció que aún no están listos para retirarse y que persisten dudas operativas, como la presencia de minas en el Estrecho de Ormuz, lo que mantiene la incertidumbre sobre el flujo energético global. A esto se suma un contexto internacional más complejo, con aliados clave de la OTAN reacios a involucrarse directamente, lo que deja a Estados Unidos operando con menor respaldo geopolítico.
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